A 48 años del Mundial 78 que nos diera nuestra primera estrella, así lo recuerda el “Matador” Kempes: "No repetimos porque nos faltó hambre" – GENTE Online
 

A 48 años del Mundial 78 que nos diera nuestra primera estrella, así lo recuerda el “Matador” Kempes: "No repetimos porque nos faltó hambre"

MARIO KEMPES
Fue uno de los grandes artífices del trofeo obtenido por Argentina aquel domingo 25 de junio. Pero no sólo eso: además recibió el Botín de Oro como goleador y el Balón como mejor jugador, y convirtió dos tantos en la final contra Holanda. “Cumplí un par de sueños del pibe”, le admitía a GENTE quien participó en tres Copas y a los 71 años vive en Estados Unidos con su segunda mujer, tiene seis hijos y seis nietos y comenta fútbol para ESPN.
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-¡Hambre! -lanzaba sin vueltas Mario Alberto Kempes, con la seguridad que mostraba en las áreas.

–¿Hambre?... Cobran sueldos astronómicos, firman contratos publicitarios de seis ceros, convierten en oro cuanto tocan. Disculpe, pero lo que menos sufren aquellos que representarán a los distintos seleccionados es hambre.

–No hablo de hambre de comida. Para ganar un Mundial se necesita otra clase de hambre.

–¿Existe otra clase de hambre?

–Obvio, el de gloria.

MARIO KEMPES
El Matador Kempes celebrando su primer gol contra Holanda (hoy Países Bajos), el 25 de junio de 1978 en el Estado de River Plate, Buenos Aires, cuando nuestro Seleccionado batió 3-1 a Países Bajos en la final del Mundial de 1978 dos de sus tantos (a los 38 y 105 minutos), más otro deDaniel Betoni (a los 115'). Para los europeos descontó Dick Nanninga a los 82'. El partido se definió en tiempo suplementario. 

–¿Usted lo experimentó?

 –Junto con veintiún compañeros, en Argentina ‘78. Del 8 de mayo al 25 de junio consagratorio sólo salimos un día.

–¿Y cómo saber si existe hambre de gloria?

–Se respira en el aire. Mirá, algunos todavía dudan sobre si el partido en que, duranta ese Mundial, superamos 6-0 a Perú estuvo arreglado, y yo te aseguro que si hubiésemos necesitado diez goles, metíamos diez goles. Había hambre, hambre de gloria.

Fue antes de Sudáfrica 2010 y antes de Brasil 2014, cuando quien escribe entrevistó al legendario futbolista durante la previa de ambos Mundiales para hablar de tal competencia, pero en especial para recorrer una rica historia personal y deportiva que lo llevó a ser el emblema de la Copa 1978, cuando obtuvimos, en territorio propio, nuestra primera estrella dorada. El caballero campechano nacido en Bell Ville el 15 de julio de 1954 ya había aterrizado un tiempo atrás (2004) en Bristol, condado de Hartford, Connecticut, contratado por ESPN (Entertainment and Sports Programming Network) International, para sumarse a los cuatro mil empleados de la empresa fundada en 1979 por el local Bill Rasmussen; instalándose en su territorio de diecinueve edificios y casi cincuenta hectáreas.

MARIO KEMPES
Con una réplica del preciado trofeo, el 16 de junio último en el Kansas City Stadium del estado de Misuri, Estados Unidos, para el debut de Argentina contra Argelia (sería 3-0) en por el Grupo de la Copa del Mundo 2026. "Los 25/8 nunca son un día más. Aquel de 1978, cuando se bordaba la primera estrella en el pecho con el Monumental explotando, sigue vibrando en el alma de cada argentino. Fue un torneo que nos unió, nos hizo soñar y nos dio una alegría inmensa", en palabras de Kempes.

“Salvo por un regreso momentáneo a Buenos Aires entre el 2008 y 2009 -contaba-, con mi familia nos radicamos en los Estados Unidos. Me divierte el trabajo, al punto de levantarme a las siete de la mañana para ver fútbol inglés, aunque no me toque comentarlo. El frío, cuesta... En invierno penamos temperaturas de siete grados bajo cero. De noche tomaba un café con leche calentito, comía alguna tostada y a dormir. ¡Ni un asado podía preparar! La parrilla es mi debilidad. Pido cortes especiales y los guardo en el freezer para asarlos las tardes en que aparezco temprano. Más que una casa con parrilla, mi hogar es una parrilla con casa”, acudía a su humor cordobés, costado que jamás lo abandonó. De la misma manera que no lo hizo con ESPN, cadena de la que sigue siendo analista ahora, en pleno México/Estados Unidos/Canadá 2026.

MARIO KEMPES
"Detrás de cada gambeta, cada atajada y cada gol, había un grupo de hombres que dejaron el alma en la cancha. ¡Un equipo inolvidable!", siempre los nombró el Matador, definiendo como "héroes" a aquellos integrantes. "Arqueros -lo dijo, dice y dirá de memoria y de corrido, como una oración sagrada-: Ubaldo Fillol, Ricardo La Volpe, Héctor Baley. Defensores: Jorge Olguín, Luis Galván, Daniel Passarella, Alberto Tarantini, Rubén Pagnanini, Vicente Pernía, Miguel Oviedo. Mediocampistas: Américo Gallego, Osvaldo Ardiles, Ricardo Villa, Omar Larrosa, Daniel Valencia, Norberto Alonso, Rubén Gallego. Delanteros: Leopoldo Luque, René Houseman, Oscar Ortiz, Daniel Bertoni y yo, Mario Kempes. Y claro, la mente maestra, el 'Flaco' César Luis Menotti como director técnico, acompañado por sus ayudantes Rubén Peucelle y Roberto Saporiti, y el 'Profe' Jorge Kistenmacher en la preparación física. ¡Un cuerpo técnico que entendió cómo llevar a este grupo a lo más alto!", suele repetir a quienes quieran escucharlo y también a quienes no.

–Confiesa que lo divierte su trabajo... ¿No le costó acostumbrarse, de ser mirado y admirado, a mirar y admirar a otros jugadores? -le consultábamos.

–Nada. Mi retiro no resultó traumático, no me generó un vacío y no corté de un domingo al otro. Transité un cuarto de siglo como profesional, pasando por nuestras canchas y las de España y Austria, y a los 39, cuando sentí que mis chiquitas (Nicole y Natasha) crecían y se les complicaba el idioma, retornamos.

 –¿Se defiende a la fecha con el inglés?

–Yes (respondía). Si la frase es chiquita y se deja, ja ja. Thank you por preguntar (se tentaba).Todavía necesito perfeccionarlo. Bah, no sé manejarme en inglés. Es como mi pierna derecha, cero habilidad. Por suerte, la palabra “gol” se pronuncia igual en distintos sitios, je. Yo gozo lo que me toque.

Mario Kempes
Por estos días, en EE.UU., junto a su segunda esposa (Julia, 59, venezolana) y sus hijas menores, Nicole (21) y Natasha (26).

Claro que al Matador o Guaso -sus apodos- no le tocó poco, admitía mientras se veía venir las siguientes preguntas e intentaba avanzar en la entrevista mitad en serio, mitad en broma: “Mal no me mantengo. Peso los mismos 84 kilos que en el ’72, al fichar para Instituto de Córdoba, y mido el mismo 1,82 de altura que en la vieja época. El problema pasa por el pelo. Podría jurar que me lo corté pero, en realidad, se cayó, le di libertad de acción”, redondeaba risueño, preguntándole al periodista. “¿Te parece que si jugara ahora sería como (David) Beckham, que me seguirían los paparazzi?”.

–No sabemos, pero… disculpe, ¿cuál era su sueño de chico?

–Convertirme en futbolista.

–¿Después?

–Llegar a Primera División.

MARIO KEMPES
En su casa de Bristol, allá por 2008, posando junto al Botín -artillero, con seis goles) y la Pelota de Oro -mejor jugador- de la XI Copa de la FIFA. “Los únicos recuerdos que conservo... Lástima no haber guardado una camiseta de cada cuadro por el que pasé”, se lamentaba el cordobés. “Mi camiseta número 10 creo que se la cambie a Johan Neeskens”, dudaba de su memoria.

–¿Luego?

–Entrar en la Selección.

–¿Más tarde?

–Representar a mi camiseta en un Mundial.

–¿Otra cosa?

–Avanzar, acceder al partido decisivo y meterla en un par de oportunidades.

–¿Paramos ahí?

–Podés imaginar jugar la final, pero salir campeón y meter dos goles, ¡ni borracho!

Mario Kempes
La estampa de un delantero letal. "Lo mío era diferente, un goleador atípico que carecía de habilidad en los perímetros cortos, pero que si le dabas espacio… funcionaba", se autodefinía para Revista GENTE. Suma siete títulos, aparte de 591 partidos y 327 goles en clubes y 43 encuentros y 20 tantos en la Selección nacional. Participó en los Mundiales Alemania 1974, Argentina 1978 y España 1982, disputando 18 matches.

–¿Cerramos?

–Quedar goleador y recibir el Botín de Oro.

–¿Listo?

–Y que me den la Pelota de Oro como mejor futbolista del planeta.

–Okay, ¿entiende la pregunta, entonces? Porque usted consiguió lo que soñó...

–(Reía) Cierto. Las distinciones que te nombre únicamente pudimos alcanzarlas Paolo Rossi (Italia), en España 1982; Ronaldo Nazário (Brasil), entre Corea/Japón 2002; y yo, en Argentina 1978. Sucede que ahora el fútbol ingresa a todos los hogares, tornándose un negocio fabuloso y una vidriera incomparable. Pagan millones de euros por los pases y ¡hasta las mujeres conocen vida y obra de cada profesional! Antes, antes...

MARIO KEMPES
Frente al Estadio de Córdoba, que pasó a llamarse Mario Alberto Kempes, el 20 de octubre de 2010, cuando la Legislatura provincial aprobó el cambio de nombre mediante la Ley N° 9847. 

–¿Cuánto costo su mayor transferencia?

–Quinientos mil dólares. En el ‘76, de Rosario Central al Valencia español. Durante 1981 dejé el club, rumbo a River. No hubiese existido problema en ir a Boca. A mí me interesaba jugar. De allí que jamás me expulsaron en medio de un encuentro. Cobraba duro dentro de la cancha y me la bancaba. En mis diecinueve temporadas gané y gasté. Aunque disfruto recordando el Mundial, sé que de la gloria no se puede comer, y la sigo remando.

–Antes de avanzar, ¿qué imagenes lo invaden del 25 de junio del ’78, fecha de la final ante Holanda?

–La de un grupo mentalizado en un objetivo deportivo, la de la gente festejando. El tiempo ha demostrado lo difícil de obtener semejante título.

MARIO KEMPES
Durante la temporada 83-84 de la Primera División de España, representando a Valencia y contra el Barcelona de Diego Maradona. Compartieron el Seleccionado del MUndial 1982, precisamente en dicho país.

–César Luis Menotti, el técnico de aquel equipo, declaró algun a vez en el diario Corriere della Sera que se sintió usado por el presidente de facto, Jorge Rafael Videla. ¿Sabian lo que ocurría alrededor?

–Yo no me sentí usado, porque yo fui a jugar al fútbol. Aparte, nuestra sede se eligió en 1974, antes de que cayera la democracia. Recién conocimos la gravedad de lo acontecido al difundirse los detalles tras la Guerra de Malvinas, en el ’82. Acepto, a la distancia, que se trató de un momento desagradable, pero nosotros no sabíamos ni medio. Y extiendo la explicación a los que tildan de “arreglado” el famoso 6-0 contra Perú.

–¿No lo estaba?

–Mirá, el equipo de Marcos Calderon venía desahuciado en la segunda fase, ya estaba afuera. No obstante, entre los 15 y 20 minutos clavó dos tiros en el palo que nos cargaron el alma de escalofrío. Te aseguro, y a no dudarlo, que teníamos el hambre necesario para pelear el campeonato. Hambre que faltó en 1982 para repetir el título. Nunca se admitió que nos equivocamos y terminamos despidiéndonos temprano. En el ’78 pasamos cuarenta días encerrados, mentalizados. En España nos concentramos cerca de la familia, a orillas de la playita. Estaba corrido el blanco.

Mario Kempes
Una de las fotos que Mario subió a su Instagram, recorriendo sus afectos entre el continente americano y europeo y así describió: "Hoy quiero compartirles un pedacito de mi corazón y mostrarles a parte de mi familia que se extiende mucho más allá, cruzando el Atlántico, donde tengo a mis seres queridos. Muchos me pidieron fotos de la familia entera aquí los tienen, somos muchos ja ja. Es inevitable sentir esa nostalgia de los momentos compartidos, de las risas y los abrazos que hoy atesoro en la memoria. La vida nos ha llevado por caminos diferentes, pero el deseo de volver a coincidir todos juntos en algún punto sigue más vivo que nunca. Ver crecer a mis nietos, aunque sea a través de una pantalla, y saber que mis hijos siguen sus sueños, me llena de orgullo. Cada llamada, cada videollamada, es un puente que alcanza la distancia. ¡Los quiero mucho y los extraños siempre!

–Culminado su tercer y ultimo Mundial, retorno al Valencia, continuó en el Hércules y saltó al Viena, al Sankt Polten y al Kremser, de Austria. Durante 1991 se retiró de la Primera. Pese a que representó y dirigió conjuntos de diversas nacionalidades, su actualidad lo sorprende comentando fútbol internacional en los Estados Unidos. Revélenos la receta para que le paguen por ver partidos -le pedíamos.

–Salté de aquí y allá, y regresé a Valencia, para emplearme en Canal 9. En Valencia soy más conocido que en cualquier lugar. Lógico, a lo largo de treinta años y pico apenas permanecí tres en Argentina. Mis hijos mayores (Mario José -a la fecha de 41-, Magali -46- y Arianne -47-, del matrimonio con la local Maria Vicenta) residen en la ciudad. Yo uso pasaporte español. Lo cierto es que cierto día llamaron de la cadena ESPN Latinoamérica. Pensé que se trataba de una joda. Y no. Me convocaron, superé las pruebas, firmé contrato y nos vinimos con Julia (venezolana, su segunda mujer) y mis hijas menores, Nicole y Natasha.

Mario Kempes
Durante el reciente casamiento de su hija Nicole y su novio Austin: "¡Qué alegría verlos comenzar esta nueva etapa como esposos!", posteó feliz el padre.

Orgulloso argentino (“De poder, residiría en mi país. Sucede que la cosa viene difícil por ejemplo para dedicarme a la dirección técnica, tarea que desarrollé hasta 2001. Si no se dan rápido los resultados, durás un suspiro. Además, no concibo el fútbol sin hinchada visitante. Es como comer asado sin achuras”), por entonces el hijo de Eglys y Mario y hermano de Hugo, cotejaba: “Me resulta imposible comparar deportivamente las épocas. ¿En la actualidad uno rendiría igual que lo que rindió en 1978? ¿Qué habría pasado conmigo ahora? ¿Daba mi capacidad para el fútbol actual? ¿Seguro que me convertiría en figura? Lo mío era diferente, un goleador atípico que carecía de habilidad en los perímetros cortos, pero que si le dabas espacio… funcionaba”, explicaba recordando aquellas arremetidas, en especial el par de tantos convertidos contra Holanda durante la definición 3-1 en la cancha de River, tema recurrente al que le resulta imposible no regresar. “Una casualidad, una linda casualidad. Estuve en el momento preciso y lo aproveché. En un equipo solidario, talentoso y unido, a mí me tocó ese boleto. Les ocurre a muy pocos, lo admito”, señalaba humilde el hombre de los ojos castaños.

"El Mundial 78 no fue sólo fútbol, sino el reflejo de una época, de un sentir popular que se desbordó de alegría. Se trató del primer paso, la chispa que encendió la pasión por la celeste y blanca que hoy nos sigue uniendo. Para mí es una cicatriz hermosa, un recuerdo imborrable que llevo en el corazón. Gracias a todos los que nos acompañaron, a los que creyeron y a los que todavía hoy reviven esa alegría con nosotros", repite ante cada aniversario. En la imagen, Mario Kempes y el capitán, Daniel Passarella, en la doble tapa del N° 675 de GENTE (29 de junio de 1978), con Argentina campeón mundial de fútbol por primera vez.

–Usted en el ‘78, Maradona en México, Lionel Messi..., ¿no le parece que un jugador extraordinario basta para lograr un Mundial?

–Ni Maradona, ni Pelé, ni Messi, ni yo, ni nadie. Las individualidades marcan una diferencia en el momento justo; no obstante jamás pueden ganar un Mundial sin un equipo sólido respaldando. Retomo el partido frente a Perú. Necesitábamos triunfar por cuatro. Bueno, yo sólo emboqué dos.

–Sin embargo antes, en el debut, atajó con sus manos un remate que determinaba el 1-1 de Polonia. Ahí, en lugar de meterla para adentro, la empujó hacia afuera...

–Si el Pato Fillol no le atajaba el penal al capitán Deyna, nos empataban y quizá luego no clasificábamos.

Mario Kempes
Posando incansablemente su autógrafo en una y otra casaca albiceleste: "Ser parte de esta historia, de este sueño colectivo, es algo que me llena de orgullo cada día".

–¿La suya fue la gran mano que les dio Dios en nuestra Copa del Mundo?

–Error: La mano de Dios fue en el ‘86, ja ja. Pero, en serio, armar un verdadero plantel es algo importantísimo. Cuando menos grupos internos en un Seleccionado, mejor. Quienes no se hablan fuera de la cancha, lo trasladan adentro. No todos pueden ser caciques; también se necesitan indios. Por otro lado, en 1978 a mí sólo me antecedía un campeonato local en Bell Ville y el ascenso a la A con Instituto. Tenía...

–Hambre.

–Hambre, pero de gloria. Al buen fútbol y a la suerte hay que ayudarlos con hambre.

Fotos: Archivo Atlántida,
gentileza de Eduardo Biscayart, Darío Welschen y ESPN, y redes sociales



 
 

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