A un año de la muerte del papa Francisco, se conoció un material inédito que aportó una nueva dimensión sobre su pensamiento: cerca de 600 cartas y mensajes que intercambió durante casi dos décadas con Gustavo Vera, líder de la Fundación La Alameda.
La correspondencia, compilada en el libro La amistad no se negocia, reconstruyó no solo una relación personal marcada por la confianza, sino también la mirada política del pontífice sobre la Argentina. En esos textos, Jorge Bergoglio analizó a los distintos gobiernos, expresó preocupaciones sociales y dejó definiciones que hasta ahora no habían salido a la luz.

Uno de los episodios más llamativos ocurrió en septiembre de 2014, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. Francisco había acordado un encuentro privado en Santa Marta, pero al recibirla se encontró con una comitiva de 33 personas, entre ellas dirigentes de La Cámpora y el sindicalista Omar “Caballo” Suárez. Sorprendido, no tuvo otra opción que invitarlos a almorzar.
Más allá de ese episodio, las cartas reflejaron una relación compleja con el kirchnerismo. Según Vera, el Papa valoraba las políticas orientadas a los sectores más vulnerables, aunque eso no implicaba “indulgencia ni silencio frente a arbitrariedades o hechos de corrupción”. En ese equilibrio, también dejó un mensaje institucional cuando circularon rumores sobre una posible salida anticipada de Cristina: pidió “cuidar a Cristina” y evitar cualquier interrupción del mandato constitucional.

Advertencias, tensiones y críticas
A lo largo de los años, Francisco mostró una preocupación constante por el avance del narcotráfico. En una carta, advirtió sobre el riesgo de la “mexicanización” del país: “Ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización”, escribió tras conversar con obispos mexicanos.
Su vínculo con Mauricio Macri, en tanto, estuvo marcado por una distancia tanto política como personal. En las cartas, dejó ver su malestar por acuerdos incumplidos y cuestionó lo que consideraba operaciones mediáticas para “ensuciar a los otros”.
Con Alberto Fernández, la relación comenzó con cercanía, pero se quebró tras la legalización del aborto en 2020. El Papa interpretó esa decisión como una traición, especialmente después de que el entonces presidente le pidiera apoyo en la negociación de la deuda con el FMI.

De la esperanza a la decepción con Milei
Uno de los tramos más reveladores de la correspondencia fue el que describió su mirada sobre Javier Milei. En los días previos al balotaje de 2023, Francisco adoptó un tono paternal: “Rezo por la Patria… y pido que no nos falte porque es triste ‘ser huérfano de Patria’”, escribió.
Sin embargo, con el correr de los meses, ese tono mutó hacia la preocupación y la crítica. En abril de 2024, en medio de despidos en el Estado, afirmó: “La ‘ola de despidos’ es dura y es una bofetada a la justicia social”. Tiempo después, agregó: “Las noticias que me comentás me dan tristeza. Con un panorama así uno piensa si se podría salir adelante”.
Su última referencia al gobierno libertario estuvo vinculada a la política exterior. Allí, retomando una expresión de Vera, habló de “pasos de baile cipayo” para describir ciertos alineamientos internacionales.

