Los secretos del palacio de la avenida Alvear en donde se alojará el Papa León XIV durante su visita a Argentina, en donde vivió Juan Pablo II – Revista GENTE
 

Los secretos del palacio de la avenida Alvear en donde se alojará el Papa León XIV durante su visita a Argentina, en donde vivió Juan Pablo II

Ubicado en pleno corazón de Recoleta, el Palacio Fernández Anchorena será la residencia del papa León XIV. La impactante historia de una mansión que estuvo vacía 13 años y guarda parte del pasado de la aristocracia porteña.
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La inminente llegada del papa León XIV a la Argentina promete marcar un verdadero hito en la agenda diplomática e internacional del país. Durante su permanencia en la Ciudad de Buenos Aires, el Santo Padre fijará su residencia oficial en las instalaciones del Palacio Fernández Anchorena, la imponente residencia emplazada sobre la tradicional Avenida Alvear al 1637, en el barrio de Recoleta.

Esta propiedad, que en la actualidad funciona como sede oficial de la Nunciatura Apostólica, ostenta una destacada trayectoria de 114 años. Su historia entrelaza en un mismo relato la arquitectura de inspiración francesa, la evolución política nacional y las misiones diplomáticas de la Santa Sede en el Cono Sur desde comienzos del siglo XX.

Una foto de 1909, apenas se terminó su construcción.
Los diarios de la época retrataban los bailes que organizado por Adelia Harilaos de Olmos organizaba para agasajar a dos de sus sobrinas.

El origen de este petit hôtel se remonta a la iniciativa del matrimonio conformado por Juan Antonio Fernández y Rosa Irene de Anchorena, miembros referentes de la aristocracia porteña de la época. En 1907, los esposos encomendaron el diseño integral de los planos de su futura residencia al reconocido arquitecto de origen francés Édouard Le Monnier.

Tanto la planificación como el seguimiento de la obra y la selección del mobiliario y la decoración interior se llevaron a cabo a distancia desde París, donde la familia residía temporalmente junto a sus cuatro hijos. Aunque el proceso constructivo concluyó y la mansión se inauguró formalmente en 1909, sus propietarios originales jamás habitaron las instalaciones ni llegaron a conocer la propiedad.

Un severo accidente corporal que lesionó de gravedad una de las piernas de Juan Antonio Fernández provocó la cancelación definitiva de su viaje programado de regreso a Buenos Aires. A pesar de que los cuatro descendientes del matrimonio visitaron la Argentina en reiteradas oportunidades a lo largo de los años, optaron de manera sistemática por hospedarse en el Hotel Plaza, manteniendo la residencia vacía.

Alvear resolvió alquilar el palacio de la Avenida Alvear, donde ahora se alojará el Papa, para inaugurarlo formalmente como la nueva residencia presidencial provisoria. El primer mandatario habitó la propiedad en compañía de su esposa, la ex cantante de ópera Regina Pacini, durante un año completo, periodo tras el cual trasladaron su domicilio definitivo al barrio de Belgrano.

Ante la ausencia de sus dueños en el país, entre 1909 y 1922 la mansión estuvo ocupada únicamente por los integrantes del personal de servicio doméstico. Bajo la supervisión técnica y las directivas de un administrador general encargado de los bienes de la familia, los empleados realizaron diariamente una rigurosa rutina de mantenimiento y limpieza profunda de todas las instalaciones.

Día a día, las tareas implicaban el aseo de los múltiples salones de recepción, la conservación del mobiliario importado y el lustrado minucioso de la cristalería fina. Mediante esta labor ininterrumpida, el palacio se conservó en un óptimo estado durante trece años, como si se tratara de una residencia habitada.

Durante las décadas en que ejerció la propiedad, la casona se consolidó como uno de los principales puntos de encuentro de la clase alta porteña, incorporando valioso mobiliario, vajilla y platería que continúan vistiendo los salones de recepción y los diferentes espacios comunes del edificio en la actualidad.

La dinámica de la propiedad cambió de forma definitiva en octubre de 1922 con la consagración electoral de Marcelo Torcuato de Alvear como Presidente de la Nación. Alvear se desempeñaba como embajador argentino en Francia y no había estado en el país durante la campaña; al regresar para asumir el mando, constató que la residencia de la Casa Rosada no presentaba condiciones mínimas de habitabilidad para albergar a la pareja presidencial debido al desuso, motivo por el cual se instalaron en la mansión de la Avenida Alvear.

En 1925, tras la desocupación de la pareja presidencial, la propiedad fue arrendada por la destacada aristócrata Adelia María Harilaos de Olmos, quien adquirió el inmueble de forma definitiva en 1928. Viuda del exgobernador de Córdoba Ambrosio Olmos —quien le llevaba 37 años y de quien heredó 300.000 hectáreas de campos—, la nueva dueña se estableció allí junto a los cinco hijos de su sobrina preferida, fallecida a temprana edad. Su mudanza coincidió exactamente con el día en que el príncipe de Gales llegó en visita oficial a Buenos Aires, evento que motivó a Harilaos de Olmos a convocar a la esposa del Presidente y a las cónyuges de los ministros para contemplarlo desde los ventanales del palacio.

Una foto de archivo del oratorio.

Durante la época de Harilaos de Olmos, el palacio fue escenario de visitas de enorme peso político y eclesiástico. En enero de 1948, la propietaria recibió en las instalaciones al presidente Juan Domingo Perón y a su esposa, Eva Duarte de Perón. Previamente, el edificio también hospedó al Cardenal Pacelli, representante oficial del papa en funciones, quien posteriormente accedería al pontificado bajo el nombre de Pío XII.

Adelia María Harilaos de Olmos falleció el 15 de septiembre de 1949. Según las disposiciones de su testamento, redactado el 13 de noviembre de 1947, donó el Palacio Fernández Anchorena a la Iglesia Católica para que funcionara como sede permanente de la Nunciatura Apostólica en Buenos Aires.

Por sus constantes acciones benéficas, que incluyeron la venta de fracciones de sus campos para asistir a los sectores necesitados y financiar obras de la Iglesia, Adelia María Harilaos de Olmos recibió la distinción pontificia de ser nombrada Marquesa Pontificia por parte del Vaticano.

La Santa Sede tomó posesión legal de la propiedad en el mes de abril de 1952. En su rol diplomático, la residencia asumió una función primordial al albergar al papa Juan Pablo II durante las dos visitas apostólicas oficiales que realizó a la República Argentina en los años 1982 y 1987.

Desde la perspectiva arquitectónica, la estructura representa un exponente de la combinación entre el art nouveau y el revival Luis XV. El diseño de Édouard Le Monnier sigue las directrices de la composición clásica, distinguiéndose por el uso de líneas curvas, motivos vegetales y una refinada articulación de las superficies y los ambientes interiores.

Juan Pablo II saludando a los fieles desde uno de los balcones del palacio.

El inmueble se distribuye formalmente en tres plantas principales y cuenta con un imponente hall central, considerado el mejor vestíbulo de la arquitectura residencial argentina de su época.

La fachada exterior se encuentra revestida en símil piedra de París y está coronada por una notable cúpula sobre el sector de la entrada principal. Declarado Monumento Histórico Nacional en el año 2002, el edificio fue homenajeado en el centenario de su inauguración con una serie especial de 3.000 estampillas postales emitidas por el Correo Argentino.


 
 

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