Andrea del Boca conoce muy bien lo que significa crecer bajo la mirada del público. Comenzó su carrera siendo muy chica, atravesó décadas de éxitos televisivos y construyó una relación cercana con sus seguidores mucho antes de que existieran Instagram, TikTok o X.
Hija del recordado director Nicolás del Boca y la bailarina Ana María Castro, prácticamente nació frente a una cámara. Debutó en televisión con apenas siete meses de vida y alcanzó una popularidad inédita en 1973 gracias a Papá Corazón, donde su entrañable Pinina la convirtió en el rostro infantil más querido del país.
A partir de entonces construyó una carrera que atravesó generaciones y tuvo su punto más alto entre las décadas de 1970 y 1990, cuando protagonizó éxitos como Andrea Celeste, Los 100 días de Ana, Estrellita mía, Celeste, Celeste siempre Celeste y Perla Negra. Aunque en los últimos años se mantuvo alejada de la ficción, nunca perdió el vínculo con la televisión.

Hoy, sin embargo, la exposición tiene otras reglas. Los mensajes llegan de manera inmediata, los elogios conviven con las críticas y cualquier publicación puede convertirse en una puerta de entrada para el hate. Tras su salida de Gran Hermano, la actriz habló con GENTE sobre cómo se adapta a ese nuevo escenario y qué hizo para aprender a poner límites.
Andrea del Boca habló de las redes sociales y el hate
Para Andrea, una de las principales diferencias entre la fama de su época y la actual está justamente en la velocidad. Cuando comenzó a trabajar, el contacto con los fanáticos se daba a través de cartas, autógrafos y encuentros personales. Hoy, en cambio, la comunicación es permanente.
“Creo que hay una gran diferencia: todo es mucho más inmediato ahora. En esa época eran las cartas. Recibías la carta, después. Mandabas saludos o era el autógrafo. Por ejemplo, tengo fans que hace muchos años me siguen: han estado 30 años ahí. Una Anastasia de Rusia, Amparo de España...", recordó.
Ese vínculo que nació hace décadas todavía continúa. La actriz incluso mantiene conversaciones habituales con algunos de sus seguidores más antiguos, algo que demuestra hasta qué punto su carrera quedó ligada a distintas generaciones. “Hablamos mucho. Por ahí me dicen: 'Ay, chiquilla, ¿qué compraste en el supermercado?'. O me dicen: 'Subieron a X que te vieron en tal sitio'. Y a veces es como raro, pero no lo sufro.”

La exposición no es algo nuevo para Del Boca. Desde su infancia convivió con el reconocimiento en la calle y aprendió a naturalizar situaciones que para otras personas podrían resultar invasivas. “No conozco otra realidad. No me molesta. Prefiero, de verdad, que vengan y me digan: 'Hola, ¿cómo estás? ¿Me puedo sacar una foto?'. Y yo, con todo gusto", aseguró.
Con la llegada de las redes sociales, esa relación cambió de escenario, pero no necesariamente de esencia. Para Andrea, las plataformas digitales funcionan como una forma de mantener el contacto con el público cuando no está protagonizando una ficción.
“No me cuesta, pero sé que hay todo un mundo ahí. Sé que es una ventana que suple el hecho de que no esté en una telenovela, por ejemplo, que son proyectos que te acompañan mucho en el día a día. Entonces, al no haber eso, la gente te quiere seguir viendo. Ahora que ya no estoy en Gran Hermano, trato de aparecer a saludarlos, para no perder ese ida y vuelta. Pero a veces digo: '¿Esto puede interesarle a alguien?'", se sincera.
La duda sobre qué publicar aparece incluso cuando cuenta con una comunidad de más de 300 mil seguidores en Instagram. Allí, su hija cumple un rol fundamental y es quien la ayuda a entender las reglas del mundo digital. “Mi hija me dice: 'Sí, mamá, porque esto es contenido'. Entonces le digo que ella se encargue de todo y yo me presto para los juegos que quiera. Pero a ver, no sé editar y ese tipo de cosas, y tampoco sé muy bien cómo funciona. Obviamente que si tenés 100 comentarios lindos y uno malo, te quedás con ese".

Ese último punto la llevó directamente a hablar sobre uno de los aspectos más difíciles de la exposición digital: el hate. Andrea reconoce que los comentarios negativos pueden quedar dando vueltas en la cabeza, pero encontró una estrategia para no entrar en discusiones con desconocidos.
“Aprendí lo que me enseñó mi hija: que en su mayoría son cuentas con cero seguidores, sin foto de perfil. No sé cómo es su vida ni desde dónde dice lo que dice. Porque descargar la bronca en las redes sociales es muy fácil y gratis”.
Andrea eligió así no responder por responder. Su criterio pasa por preguntarse si tiene algo que aportar antes de involucrarse en una discusión. “Así que trato de no entrar en esas discusiones. Si no tengo algo bueno para aportar, aunque sea una crítica constructiva, no entro. Pero sé que, hoy en día, es una manera de estar en contacto con los fans y contarles qué estoy haciendo o qué voy a hacer”.
Fotos: Chris Beliera
Video: Martina Cretella y Candela Petech
Diseño de tapa: Darío Alvarellos
Estilismo: Cynthia Martos
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