En una noche consagratoria, Sol Pérez se llevó el Martín Fierro de la Moda 2026 a mejor estilo de panelista femenina. Radiante sobre la red carpet y fiel a su impronta fashionista, la conductora y panelista celebró un reconocimiento que destaca su dedicación a cada uno de sus looks. Pero, más allá del glamour y los flashes, hubo un tema que atravesó su charla con GENTE: la maternidad.
"A mí nadie me había contado que era tan, pero tan duro", confesó con absoluta honestidad al hablar de esta nueva etapa de su vida, marcada por la llegada de Marco, su primer hijo.

Lejos de idealizar la experiencia, Sol se mostró sincera sobre los desafíos cotidianos que implica maternar, mientras equilibra su vida personal con una agenda laboral intensa.
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Ganadora en una categoría que premia justamente su estilo, Pérez remarcó que detrás de cada aparición en pantalla hay horas de preparación. En especial, en su trabajo como panelista de Gran Hermano: El Debate, donde cada look forma parte de una construcción minuciosa. Sin embargo, desde el nacimiento de su hijo, su rutina adquirió una nueva dimensión.
Creo que la maternidad es un sobrevivir".

"Yo creo que es un sobrevivir", resumió entre risas, reflejando con frescura una realidad compartida por muchas madres primerizas. "Marco me cambió la vida, el universo. No me importa nada más que él", aseguró. Y agregó: "Es absolutamente todo para mí".
Aun así, Sol tiene claro que desea seguir desarrollándose profesionalmente. "Quiero que él vea una mamá fuerte que sigue trabajando", explicó. Para ella, continuar con su carrera no sólo representa una realización personal, sino también un valor que quiere transmitirle a su hijo. "Me gusta poder darle todos los gustos a mi hijo sin tener que pedirle nada a nadie", afirmó.
Su regreso al trabajo fue temprano: apenas un mes después del nacimiento de Marco, ya había retomado sus compromisos laborales y sus emblemáticos looks televisivos. "Fue muy poco tiempo el que me tomé para bajar", reconoció. Pero también encontró en ese ritual de producción un espacio propio. "Es mi momento, solo para mí, donde me pongo linda también", contó.
La maternidad, sin embargo, transformó por completo su día a día. "Si estoy en casa, ni el café caliente me tomo", relató con humor. "Hoy me hice un té y lo tomé congelado". Entre mamaderas, juegos y rutinas, cada jornada comienza temprano: "Él a las 6 de la mañana ya está arriba".
A pesar del cansancio, Sol intenta estar presente en cada momento importante. Antes y después del trabajo, dedica tiempo exclusivo a Marco. Le prepara el desayuno, juega con él, le cocina y participa activamente de su rutina nocturna. "Aunque esté muerta, voy a estar ahí presente", aseguró.
Sobre su equilibrio de maternar y trabajar: "La culpa siempre está. Es como un cartel constante que cargamos"

También habló sin filtros sobre una emoción que acompaña a muchas madres que comparten su tiempo de crianza con el trabajo: "La culpa siempre está. Es como un cartel que tenés pegado en la frente. Siento culpa de estar aquí y haberlo dejado", admitió.
Incluso en una noche de celebración como esta, reconoció sentir ese peso por haber dejado a su hijo en casa. "Me encantaría estar todo el tiempo con él, pero también siento que al irme y hacer mis cosas, el tiempo que le doy es tiempo de calidad", reflexionó.
Con la sinceridad que la caracteriza, Sol definió a la maternidad como "el verdadero gran trabajo, que nadie me había contado que era tan así". Y cerró con una reflexión tan íntima como universal: "Admiro a todas las mujeres, esas mamás que se quedan en su casa 24/7 y maternan. Me parece el trabajo más difícil del mundo".
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