A la hora de elegir qué ver el fin de semana, pocas cosas atrapan más rápido al espectador que un buen thriller psicológico, de esos que te hacen dudar de las intenciones de todos los personajes hasta el último minuto. Y si a esa fórmula le sumamos un elenco estelar y un romance de la vida real, el resultado es Aguas profundas (Deep Water), una de las apuestas más seductoras y oscuras del catálogo de Prime Video.
Basada en la aclamada novela de Patricia Highsmith y dirigida por el maestro del suspenso erótico Adrian Lyne (el mismo detrás de clásicos como Atracción Fatal y Propuesta Indecente), la película nos adentra en la vida de Vic (Ben Affleck) y Melinda Van Allen (Ana de Armas).

A simple vista, son una pareja joven, atractiva y millonaria de Nueva Orleans que lo tiene todo. Sin embargo, puertas adentro, su matrimonio es una fachada sostenida por un arreglo macabro: para evitar el divorcio, Melinda tiene permitido tener todos los amantes que desee, siempre y cuando no abandone a su familia.
Un juego mental con consecuencias letales
Lo que comienza como un acuerdo silencioso y excéntrico de la alta sociedad, rápidamente se transforma en un peligroso juego del gato y el ratón.

Vic, consumido por los celos que jura no sentir, comienza a tolerar cada vez menos las humillaciones públicas de su esposa y la tensión estalla cuando los amantes de Melinda empiezan a desaparecer misteriosamente o a sufrir "accidentes" mortales, convirtiendo al pacífico marido en el principal sospechoso de una serie de crímenes.
El "lado B" que atrapó al público
Más allá de la intrigante trama de la película, Aguas profundas fue un furor absoluto por lo que ocurrió cuando las cámaras se apagaron. Durante el rodaje, Ana de Armas y Ben Affleck se enamoraron perdidamente y protagonizaron uno de los romances más comentados y fotografiados por los paparazzis en Hollywood.

Esa innegable tensión sexual y complicidad de la vida real es exactamente lo que hace que sus personajes en la ficción saquen chispas en cada escena que comparten.
Con giros perversos, una atmósfera asfixiante y un final que te deja sin aliento, esta película de menos de dos horas es el pasaje directo a un sábado lleno de misterio desde el sillón de tu casa.


