Se fue con ese bajo perfil que lo caracterizaba, aunque su trabajo precisamente transitara el camino inverso: el de la gran exposición. Un mes antes de saltar de década, con 79 años y a horas de haber pasado por su ciudad de Córdoba natal para presentar su retrospectiva en el Museo Tamburini, Eugenio Juan Zanetti, "de manera repentina, sin aviso previo, luego de empezar a sentirse mal" -según consignó su entorno- dejó este mundo que tanto fascinó.
¿Cuál es la mejor manera de recordar a un artista (o "comunicador", como prefería ser llamado él)? A través de su obra. ¿Y la historia que escribió? Sin dudas acudiendo a sus recuerdos, sus palabras y sus sensaciones. Como pretendemos hacerlo desde Revista GENTE mediante una invaluable entrevista que nos brindó en agosto de 2013 (edición 2509), cuando -con 66 años y luego de residir entre 1981 y 2006 en Estados Unidos, consagrándose ganador de un Óscar y entablando amistad con verdaderas celebridades del Séptimo arte- decidió volver para quedarse.

Aquí, entonces, para homenajearlo en tiempo, forma y esencia, decidimos replicar desde cero, respetando los tiempos verbales y la serena cadencia del inolvidable caballero, aquella entrevista que de manera espontánea (¡nunca hay que acallar los raptos creativos de un elegido!), él mismo decidió dividir en actos, para así recorrer su existencia.
PRÓLOGO: "SOY UN CORDOBÉS MAL CONTADOR DE CHISTES PERO BUEN CONTADOR DE HISTORIAS"
Lo perdió. Aunque él crea que no, dejó en el camino su acento adquirido en Córdoba Capital. “¿En serio te parece?”, pregunta sorprendido, sin extender la “a”. “Bueno, quizá un poco bajó en intensidad. En realidad, admito que me han confundido con un italiano, un brasileño”, confiesa antes de que le pidamos nos cuente algún chiste típico de su provincia, para al menos intentar superar la prueba. “Aunque en ocasiones me salen cordobeseadas, soy mal contador de chistes, de la misma manera que me reconozco un buen contador de historias”, le entrega misterio a la respuesta el director de arte, teatro y ópera (sobrepasó las sesenta producciones, intercalando ambos rubros), pintor (superó la tres decenas de muestras individuales), diseñador, escenógrafo, dramaturgo y cultivado ilustrador.

–... ¿O alcanzaría con “artista”, uno que sabe contar historias?
–El término “artista” se ha devaluado bastante. Pareciera que esa palabra debería partir del concepto ajeno, no personal. ¿Comunicador?
–¿Y si dejamos de lado cualquier definición y mejor nos cuenta una historia, como la suya, por ejemplo?
–Claro. ¿Te la divido en secuencias?
PRIMER ACTO: “A LOS CINCO AÑOS DIBUJABA Y A LOS SIETE YA ARMABA ESTRUCTURAS"

... Lo dice Eugenio Juan Zanetti, cuyo apellido posee ascendencia suiza, cuyos nombres heredó de sus abuelos (“uno era Eugenio, el otro, Juan”) y de su padre, Juan Eugenio (“pintón, gran poeta, mi inspirador: en breve publicaremos una docena de volúmenes con su obra”), y cuya edad nos corrige a regañadientes. “En IMDB y Wikipedia figura que soy del 19 de octubre de 1949, pero –nobleza obliga– ¡qué honestidad!, nací en el ‘46”, revela el hijo de Rebeca (“una piedra fundamental mía; murió en 1992”) y hermano de Abelardo (58) y Paloma (54).
“Provengo de una familia que nos enfatizó los valores espirituales por encima de la búsqueda de fama y fortuna. Apenas dejé mi provincia, a los 18, luego del secundario, pisé Buenos Aires, me acerqué a Lito Cruz (¡hace medio siglo somos amigos!) y a Helena Tritek, y debuté con ellos en la obra Una corona para Sansón, en el San Martín. Pronto comprendí que el trabajo creativo, artístico –... y volvemos a lo de “artista”– era mi naturaleza. Se trata de una forma de intuición que siento en la boca del estómago”, argumenta.
–¿Nunca lo abandonó?
–Nunca. Volví a irme a los 20 sabiéndolo, convencido del camino que pretendía seguir en mi futuro.
PRIMER ACTO: “AFUERA YO VIVÍA COMO UN REY... O COMO PODÍA”
... Señala quien anduvo por Italia, Francia, Afganistán, India y Medio Oriente, dedicándose al teatro, la pintura y el cine. “Había períodos en que ganaba bien y gastaba, y épocas en que entraba menos plata y racionaba la pobreza (ríe). Era mucho y nada, mucho y nada”. Su denodada búsqueda lo llevó a participar en la filmación de Medea (1969), del venerado Pier Paolo Pasolini, protagonizada por la soprano Maria Callas. “En 1971 debí regresar -rememora-, ya que nuestro viejo falleció. Epoca difícil. Trabajé bastante pese a que, si bien no militábamos, pertenecer a la izquierda y defender una posición complicaba en tiempos de la dictadura”.

Tras intervenir en la confección de tres películas nacionales (La tregua, El poder de las tinieblas y Los pasajeros del jardín), entre otros emprendimientos relacionados a su vocación, ahogado y necesitando un cambio, resolvió reincidir y establecerse afuera. “A cada momento de su peregrinar –resume, redondeando sus ojos castaños– uno le entrega lo que le pide y lo que se encuentra en condiciones de darle. Volé a México y a los Estados Unidos”.

–¿Para conquistar América?
–Para iniciar otra etapa. Nunca consideré menos importante para mí lo que aprendí y generé antes respecto a lo que vendría y lograría después.
SEGUNDO ACTO: “SÍ, CUANDO GANÉ EL ÓSCAR BAILÉ CON DIANA ROSS EN LA FIESTA"

... Avanza el hombre radicado un cuarto de siglo radicado en Los Ángeles, tiempos en los que se encargó de la dirección de arte de 13 cintas (como Línea mortal –1990–, El último gran héroe –1993–, La guarida –1999–, y Encontrarás dragones –2011–). “El 25 de marzo del ‘96, rumbo al Dorothy Chandler Pavilion, donde tendría lugar la 68.ª gala, mi madre, intentando protegerme de un desencanto por Restauración (1995; drama), me advirtió: ‘El Óscar es un premio de una industria, no de los artistas’. Lo gané y bailé con Diana Ross en la fiesta".

En cambio, frente a la nominación por Más allá de los sueños (1998), su sugerencia, dentro de la limusina, tomando champagne y subrayando mi intuición, fue: ‘No tendrías que prepararte demasiado, hijo...’. ¡Y acertó!”, disfruta la anécdota el morocho, en barba y cabello, de 1,84 metros que además de integrar el selecto equipo de compatriotas vencedores de la estatuilla (junto a William Ferrari, Luis Puenzo, Gustavo Santaolalla, Luis Bacalov, Luis Puenzo, Juan José Campanella, Nicolás Schmerkin, Armando Bó Jr., Nicolás Giacobone, Lalo Schifrin y Violeta Kreime), compartió plató con ciertos conocidos como Arnold Schwarzenegger, Kevin Bacon, Jennifer Connelly, Liam Neeson, Catherine Zeta-Jones, Owen Wilson, Hugh Grant, Sally Field, Robin Williams, Woopi Goldberg, Max von Sydow, Teri Hatcher, Patrick Swayze, Elisabeth Shue, Ian McKellen, Meg Ryan, Sam Neil, Kiefer Sutherland, Tina Turner, Patrick Dempsey y Anthony Quinn, por nombrar un par de puñados.

–¿Estableció lazos fuertes con famosos?
–De la misma manera que soy amigo de Graciela Borges acá, afuera lo soy de Jodie Foster, Robert Downer Jr., Julia Roberts... El contacto permanece. Acabo de encontrarme con Barbra Streisand, y me contó que anda lidiando con dos proyectos. En uno no consigue financiación, y en el otro le cuestionan que sea directora. Si a ella le aparecen inconvenientes para rodar, ¿cómo no los voy a sufrir yo? Pasa que sé lidiar con los contrariedades. En lugar de quejarme, acelero y avanzo. La protesta no genera cambios y a mí me quedan mil deseos por concretar.
TERCER ACTO: “GIRADAS VARIAS VUELTAS, RETORNÉ PARA DEBUTAR COMO DIRECTOR”
... Subraya jugando con las palabras porque, en realidad, su largometraje inicial –y pionero de los que salieron por la web–, denominado Quantum Project (2000), “se vendió sólo vía internet. ¿Conclusión? Poné que considero a Amapola mi ópera prima”, explica sobre el filme que viene alborotando sus horas y demandándole ocho semanas de preproducción, siete de rodaje y, ahora, diez en concepto de edición y post (doblaje y efectos). “Después de tanto tiempo acercando sugerencias a los oídos ajenos, consideré que debía ponerlos en práctica yo como realizador. No resultó fácil, obvio. Si calculás, concreté menos del diez por ciento de los guiones que escribí. Suele sobrevivir una mínima proporción”, informa.

“Con el tiempo empezás a hallar menos películas, obras y libros que te ‘hablan’. El 99 por ciento de lo que me llega actualmente no me dice nada. Con Amapola intento ‘hablar’ como me ‘hablaron’ cintas que jamás olvidaré, tipo Fanny & Alexander, Amarcord, La fiesta de Babette, las de Fellini, las de Godard... El relato abunda en guiños y homenajes al viejo cine argentino y transcurre la noche del golpe de Juan Carlos Onganía, en el ‘66, y la de la declaración de la guerra de Malvinas, en 1982. Dos fechas bien movilizantes”.

–¿Por qué lanzarse a la aventura acá, en su tierra, en lugar de aprovechar la invaluable trayectoria que le brindó Hollywood?
–Fácil: porque allá, para comercializarla, necesitan que rotules tu obra, y Amapola carece de rótulo. Podés llamarla “comedia romántica”, “musical cargado de humor” o “cuento de hadas popular”. Se complicaba ofertarla. Así que resultó una linda excusa para volver y encararla en mi tierra.
CUARTO ACTO: “ME LLEVO GENIAL CON EL PASADO, EL PRESENTE Y EL FUTURO"

... Eso afirma quien, aparte de contar con una casa en California y un “pequeño y simpático hotel en el valle de Traslasierra”, reside en un sexto piso de avenida Pueyrredón y Viamonte, cuya decoración combina objetos rescatados de sus ambientaciones, la estatuilla de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, cuadros de factura propia, fotos entrañables y la presencia de mi “compañero de vida desde hace casi una década: Sebastián Sabas, arquitecto, hombre de enorme talento. Acaban de darme el premio teatral María Guerrero en el rubro Vestuario por En el cuarto de al lado (sumar el de Escenografía, por la misma obra y por La mujer justa), cuando yo en verdad delineé los bocetos y él los convirtió en ropa verdadera”, sintetiza el libriano.

El mismo libriano “que cocina poco y me excedo con las especias”, dándole un sorbo a su taza de té. “¿Sano yo?”, convierte en propia nuestra consulta cuando le recalcamos que parece menor que su edad. “Bueno, no fumo ni tomo alcohol; tampoco me he acercado a drogas. Quizá mostrarme saludable sea la recompensa”, sintetiza este fiel seguidor de Facebook y YouTube; lector de biografías, novelas y sufismo (“mi mentor espiritual es Omar Alí-Shah”); amante de la ópera y la música previa al ‘69 (“incluíme a los Beatles”); este consumidor de televisión (“para dormirme”)... y de filmes clásicos.

–Obvio, el cine. ¿Lo atrae la propuesta actual?
–Miro bastante, aunque lo tomo como entretenimiento. Pispié la cartelera de 2013 y encontré poquísimas pelis que contuvieran seres humanos. ¡Puro digital! Todo bien con los superhéroes y su mensaje, pero de ahí a bancármelos... Desapareció la búsqueda formal de imágenes que había en los Sesenta. La televisión masificó y condicionó la manera de mirar. Influenciado por los Estados Unidos, la mayoría de lo que vemos trata sobre crímenes, cuando en realidad mi vida no se relaciona con la muerte, y no me representa. En épocas en que parecen más cool la melancolía y la tristeza, yo elijo trasmitir alegría.
EPÍLOGO ABIERTO: "EL HOMBRE QUE HABITA MUCHOS MUNDOS"
... Apuntamos ahora nosotros, dejando que la próxima imagen, su epígrafe y su última presentación (ante la periodista Ximena Salkind) se encarguen de despedir de la mejor manera a este notable ¿comunicador? llamado Eugenio Zanetti... O mejor, "artista", ya que la palabra parte de un "concepto ajeno", como reclamó al comienzo de esta nota.

Fotos: Archivo Grupo Atlántida ([email protected]),
redes sociales y @ximenasalkind
Jefa de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)























































