En las últimas horas, comenzó a circular en redes una escena que llama la atención: una joven jugando al golf con un robot humanoide, paseándolo con correa y tratando, sin éxito, de que pronuncie bien una palabra. La máquina, que responde a órdenes pero no logra adaptarse a lo imprevisto, termina colapsando. La protagonista es Vivian Jenna Wilson (21), hija mayor de Elon Musk (55), y la pieza forma parte de la nueva campaña global de Desigual, titulada Born to Disobey (Nacido para desobecer).

Un robot que no es cualquier robot
El androide se llama Desi84 Robot y su estética recuerda, según señalan medios especializados, al modelo Optimus de Tesla, la empresa que lidera Musk. El nombre podría ser un guiño a 1984, año de fundación de la marca española. Desigual no confirmó de manera explícita el paralelismo con Tesla, pero la lectura resultó inevitable para buena parte del público que vio el spot.
La campaña, dirigida por P.S.G. Worldwide con dirección creativa de Alex Sanhuenza, propone una idea concreta: frente a una tecnología diseñada para obedecer reglas, la marca reivindica la libertad de actuar distinto. Vivian somete al robot a situaciones para las que no fue programado y la incapacidad de la máquina para salirse del libreto termina llevándolo al límite.

La lectura imposible de ignorar: el conflicto entre la top model y el magnate tecno
Vivian está distanciada de su padre desde hace años. En 2022 solicitó cambiar legalmente su nombre y retirar el apellido Musk, alegando que no quería mantener ningún vínculo con su padre biológico. El vínculo se deterioró, entre otros motivos, por declaraciones públicas de Musk sobre la identidad de género de su hija, a quien en ocasiones se refirió con su nombre anterior y pronombres masculinos.
En una entrevista con el psicólogo Jordan Peterson, Musk llegó a decir que fue "engañado" al firmar la autorización para que Xavier –ese el nombre antiguo de Vivian– hiciera la transición de género, y en otro momento la calificó directamente de "comunista".
Vivian no se quedó callada: en una entrevista con Teen Vogue lo definió como un "un patético hombre-niño" y aseguró que no le importa "cuánta plata tenga". Tiempo atrás, además, protagonizó un video que se viralizó cuando abandonó una nota en plena alfombra roja apenas un periodista mencionó a su padre.

La campaña con sabor a "venganza"
En ese contexto, buena parte del público interpretó la campaña como algo que excede lo publicitario: una manera de Vivian de "plantarle cara" a un padre convertido en sinónimo de vanguardia tecnológica al frente de compañías como SpaceX, Tesla, Neuralink y xAI.
Desigual, por su parte, presenta a Wilson como una figura asociada a la autoexpresión y a la comunidad LGBTQ+, y no es la primera vez que trabaja con ella: la modelo ya había colaborado con la firma en el lanzamiento de Desigual Vintage en Ibiza.

Una marca que necesitaba cambiar de conversación
El lanzamiento también le sirvió a la marca para correr el eje después de una polémica reciente, cuando recibió críticas por una acción publicitaria que, según parte del público, banalizaba desde el humor problemas que afectan a los habitantes de Barcelona. El año pasado, además, la marca había sido acusada de "transfobia" tras una campaña, y respondió reivindicando explícitamente los derechos de las personas trans.
Con Born to Disobey, Desigual vuelve a poner su identidad de marca en el centro de la escena, esta vez de la mano de una figura cuya sola presencia despierta preguntas que van mucho más allá del guardarropa de otoño-invierno. ¿Hasta dónde una campaña de moda puede convertirse, sin decirlo, en un mensaje personal? Pero también: si una máquina colapsa ante lo que no puede controlar, ¿qué dice eso de los límites de la automatización en la vida cotidiana?




















































