Corría el año 2002 cuando la pantalla de Telefe presentaba a los "valientes" de la tercera edición de Gran Hermano. Allí, entre cámaras y micrófonos, nació un romance que cautivó al público: el de Romina Orthusteguy y Eduardo Carrera. Lo que comenzó como una convivencia televisada, donde él se mostraba como un hombre "encantador, contenedor y simpático", terminó convirtiéndose en una pesadilla puertas adentro una vez que las luces del estudio se apagaron.

Sin embargo, hubo algunas banderas rojas dentro de GH que ella no vio. En el primer episodio del ciclo Después de todo con Matías Bagnato en Bondi Live, Romina recordó uno de los momentos más violentos en el juego y fue contundente. Es que contó que, en medio de una discusión, Eduardo la sujetó con fuerza y la amenazó. “Me agarró del brazo y me dice ‘te quedás acá o te mato’. Yo sentí mucho miedo. Después me fui al patio y ahí vino, me dijo que yo lo había tirado a la pileta y me revoleó una copa de vidrio en los pies. Yo estaba descalza”, relató.

Al salir de la casa, la producción pareció forzar una narrativa de amor ideal. Romina recordó que, incluso sin haber tenido tiempo de reencontrarse con su familia, la llevaron a una entrevista donde armaron un compromiso en vivo, utilizando un anillo prestado por Marisa Brel. "Yo estaba descolocada, iba en automático", confesó la publicista, quien poco después decidió alquilar un departamento en el barrio de Almagro con el dinero ganado en el certamen.
Sobre lo que ocurrió después de salir del reality y empezar a convivir, fue aún más clara al describir el cambio en la relación: “Se cerró la puerta y empezó el infierno. Esa persona amorosa que todos veían cambió completamente. Empezaron los gritos, los insultos, las reacciones desmedidas por cualquier cosa mínima”.

La relación, siempre según el relato de Romina, que ya había mostrado señales de alerta dentro del reality, se desmoronó por completo con la noticia del embarazo de Mía. Es más, según contó Orthusteguy, la reacción de él fue una de las frases que más la marcaron: “Me acuerdo perfecto su mirada y lo que me dijo: ‘esto me caga la carrera’. Eso fue lo primero que me dijo cuando se enteró”.

En el hospital, apenas tras su nacimiento, la ex GH contó sobre Eduardo: “Agarró a la nena y la tiró en la cama, así, y dijo ‘esta pendeja nos tomó de hijos’. Yo entré en pánico. No sabía qué hacer”.
La separación definitiva entre Romina y Eduardo se dio poco después del nacimiento de la pequeña, en un contexto de abandono absoluto por parte de él, quien tras el parto desapareció de sus vidas, dejando a Romina con la responsabilidad total de la crianza.
Finalmente, Romina resumió el contraste entre la imagen pública y lo que vivía en privado: “Para afuera era encantador, simpático, contenedor. Pero yo conocí la otra cara. Cada vez que hoy lo escucho o lo veo, vuelve el miedo”.

