A principios de este año, el nombre de Agostina Páez acaparó los titulares de todos los medios nacionales e internacionales.
La abogada de 29 años, oriunda de Santiago del Estero, protagonizó un repudiable episodio en un bar de Río de Janeiro: tras una acalorada discusión con los empleados del lugar, la joven fue grabada imitando a un mono y lanzando insultos racistas. En Brasil, un país que no tolera la discriminación y que endureció fuertemente sus leyes punitivas en 2023, el acto le costó carísimo.

Pero tras ser detenida, imputada por el delito de injuria racial y pasar más de dos meses con una tobillera electrónica sin poder salir del país vecino, Agostina logró regresar a la Argentina a fines de marzo, luego de pagar una altísima fianza y comprometerse a realizar tareas comunitarias. "Fue un calvario, ando paranoica de que me reconozcan" y "tengo que taparme para salir a la calle", confesaba entre lágrimas en la televisión nacional por aquellos días, temiendo enfrentarse a hasta 5 años de cárcel.
Sin embargo, parece que la angustia, el arrepentimiento y la paranoia quedaron rápidamente en el pasado.
Apenas unas semanas después de aterrizar en suelo argentino, la santiagueña sorprendió a todos con un giro de 180 grados en su carrera: lejos de esconderse, se lanzó de lleno al mundo de las redes sociales como influencer y embajadora de marcas locales.
Promotora de la noche santiagueña
Lejos de mantener el perfil bajo que suele recomendarse tras un escándalo judicial y mediático de semejante magnitud, Agostina reactivó su cuenta de Instagram para mostrar su faceta más histriónica.
En uno de sus videos más recientes, se la ve súper producida, con micrófono en mano y luces de neón de fondo, promocionando la fiesta de los jueves en un reconocido boliche de su provincia.
"El evento que explotó cada jueves encontró su nuevo hogar, esta vez en un espacio más grande", relata Páez a cámara con total soltura y una sonrisa impecable. Con tono de relacionista pública experimentada, invita a sus seguidores asegurando que el lugar tiene "una energía que ningún otro jueves de Santiago tiene" y remata la venta avisando: "Los jueves son de Montana, cupos limitados y anticipadas disponibles".
La "abogada" de las ferias de ropa
Pero la noche no es su único nicho de mercado. Agostina también incursionó en la publicidad de indumentaria, y lo hizo apelando (con un toque de humor y actuación) a su verdadera profesión.
En un divertido sketch subido a sus redes para promocionar el "garage sale" de Le Parc Men Outlet, la joven entra a una oficina a retar al dueño del local: "Marce, me he enterado que vas a hacer un garage. Esta vez, por favor, no hagas papelones".
Jugando con su rol de letrada, en el video exige armar "una especie de contrato para que la gente tenga bien claritas las cosas". A partir de ahí, empieza a enumerar "cláusulas" innegociables para el evento que se realizará entre fines de abril y principios de mayo. Exige precios bajos y claros (remeras a $5.000, jeans desde $7.500 y camperas de abrigo a no más de $50.000) y hasta se pone en el rol de productora de eventos mimando a los clientes: "Hacé un puestito de café para que se haga más amena la espera", le ordena a su compañero de video.
El contraste es, cuanto menos, impactante. La misma mujer que hace menos de un mes aseguraba estar destruida, muerta de miedo y asustada por el escarnio público, hoy se muestra empoderada, divertida y monetizando su imagen en las redes.
De los tensos pasillos de los tribunales de Río de Janeiro a facturar con la publicidad en Santiago del Estero, la vertiginosa reinvención de Agostina Páez demuestra que, en la era de las redes sociales, no hay "cancelación" que dure cien años.


