En la alfombra de los Martín Fierro de la Moda 2026, Mariana Fabbiani deslumbró con un estilismo que trascendió la estética para convertirse en un manifiesto de identidad y conciencia. Lejos de seguir tendencias efímeras, la conductora eligió contar una historia: la de un vestido familiar rescatado del tiempo y reimaginado con sensibilidad contemporánea.
La pieza central de su look fue un diseño de la firma La Meca, que partió de un vestido original perteneciente a su abuela, guardado durante más de cinco décadas. Bajo un meticuloso proceso artesanal, el equipo creativo liderado por Mechi Garay y Cali Soto transformó la prenda en una obra de alta costura moderna, respetando su esencia original.

El vestido, de silueta strapless, mantiene el tul bordado en relieve como protagonista absoluto, ahora realzado por una nueva base de tafeta de seda natural blanca que aporta volumen y contraste. Esta intervención permitió destacar aún más la riqueza del trabajo textil, generando un juego de profundidades visuales sofisticado y delicado.
La transformación estructural fue clave: la línea recta original evolucionó hacia un corte sirena, con un volado inferior que suma dramatismo y movimiento al caminar. En la parte superior, una vista que simula un cuello de camisa invertido introduce un guiño sutil a la sastrería clásica de los años ’50, fusionando códigos históricos con una lectura actual.

El estilismo, a cargo de Vicky Viescas, acompañó con precisión esta narrativa. Fabbiani optó por accesorios mínimos pero contundentes: un collar de esferas blancas que dialoga con la pureza del diseño y aporta un aire retro chic, además de joyería discreta que no compite con el vestido.
En cuanto a belleza, el look se completó con un peinado de Conrado Ereyra, quien eligió un recogido relajado con mechones sueltos que enmarcan el rostro, aportando frescura y naturalidad. El maquillaje, realizado por Nati Pelizzari, se mantuvo en una paleta cálida y luminosa, con foco en la piel y un acabado glow que realza los rasgos sin sobrecargar.

El resultado fue una aparición elegante, coherente y profundamente significativa: una pieza que no solo viste, sino que cuenta una historia de herencia, transformación y estilo consciente.
Fotos: Rocío Bustos
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