En la mega fiesta de 15 que se realizó el viernes 24 de abril, Allegra Cubero convirtió la celebración en una pasarela con tres cambios de look pensados para acompañar cada tramo de la noche: la entrada, el momento más “fiesta” y el cierre a puro baile. La apuesta no fue caprichosa: en tiempos de reels, pantallas LED y estética de boliche —la propia puesta del evento fue “nightclub chic”, con luces frías, pared glitter y neón— el vestuario también juega a contar una historia en capítulos.
El “gran vestido” de la noche verde esmeralda

El primer impacto llegó con el vestido principal, el que acompañó la entrada más comentada: un diseño strapless en verde intenso/esmeralda, con un brillo tipo “cielo estrellado” y tajo lateral que aportó movimiento a la falda amplia. Fue un look temático inspirado en “las Amazonas”, realizado por Laurencio Adot junto a Thiago Pinheiro. El trabajo de textura con tul bordado y pailletes/canutillos, un recurso que, bajo luces escénicas, hace que el vestido “se encienda” en cámara sin necesidad de accesorios recargados.
El color se lee con fuerza como protagonista y la silueta se sostiene con un corset/busto estructurado que define el torso antes de abrirse hacia una falda de volumen controlado. Ese mix —cuerpo al tono + falda con vuelo— es el “nuevo clásico” de quince: mantiene la solemnidad del momento de entrada, pero le suma actitud con el tajo y el brillo pleno, evitando el cliché del blanco princesa.
El segundo look: mini blanco joya con escote halter

Después de la apertura, llegó el cambio pensado para la pista: el mini vestido blanco totalmente bordado en piedras y canutillos, con escote halter profundo y espalda al descubierto. Allí se aprecia ese efecto “joya” de la prenda: el bordado no está distribuido al azar, sino que forma un patrón que concentra el brillo en el centro y acompaña las líneas del cuerpo, algo muy típico de los diseños de noche con pedrería.
Acá también aparece un detalle clave de styling que se repite en coberturas: el pelo más recogido/pulido para ganar comodidad y despejar el escote, lo que vuelve al mini más “look completo” y menos “cambio de emergencia”. Es, además, el cambio que mejor dialoga con la estética “club” del salón: blanco + destellos es una fórmula infalible para que las luces reboten y el vestido se vea protagonista en video, incluso en planos lejanos.
Body blanco con transparencias para el cierre

El tercer cambio, el más llamativo por su mix de texturas, luce una base tipo body blanco y, por encima, una tela bordada con canutillos transparentes que genera un efecto de superposición y transparencias. Un look final pensado para bailar “con comodidad y soltura”, sin resignar el brillo que fue el hilo conductor de la noche.
Se trata de una propuesta más “liviana” en estructura que el vestido verde, y más flexible que el mini joya: el objetivo es moverse, saltar, bailar, pero seguir dentro del código fashion de la fiesta. El truco está en la capa bordada: suma impacto visual sin volver pesado el conjunto, y al mismo tiempo acompaña la tendencia global del “sheer” (transparencias bien trabajadas, siempre con una base sólida).


