La causa por la muerte de Sophia Civarelli (22) en Rosario sumó en las últimas horas un capítulo que, lejos de ser accesorio, se volvió central para entender el contexto: los posteos y republicaciones de Valentín Alcida (22), su pareja, quien es investigado por la fiscalía santafesina como presunto autor de un femicidio seguido de suicidio. La hipótesis principal se afianzó a partir de pericias en la escena y del análisis de teléfonos celulares, además de la autopsia realizada bajo protocolo específico.
En ese marco, comenzaron a circular capturas de su actividad en X (ex Twitter) y otras redes: publicaciones con discursos de odio, ataques al feminismo y mensajes discriminatorios, que ahora aparecen en muchas reconstrucciones periodísticas como parte del “rastro digital” del joven. No se trataba de posteos aislados, sino de una dinámica sostenida de republicaciones y comentarios agresivos dirigidos a mujeres y minorías.

El punto más llamativo —y el que conecta de lleno con la idea de “relativizar” la violencia de género— es la circulación de memes que banalizaban el femicidio. En particular, se difundió la captura de una republicación atribuida a Alcida con una frase que, por su crudeza simbólica, generó un repudio inmediato: “Tal vez el femicidio te hará reflexionar”.
A la par, otras publicaciones que se le adjudican apuntaban a deslegitimar el movimiento feminista y a reforzar estereotipos sobre las mujeres, con textos en los que el joven describía al feminismo como una estrategia “para generar conflicto” y sostenía que, cuando aparecen problemas, se busca a un “hombre protector”. Ese tipo de mensajes —más allá de la polémica ideológica— son leídos por investigadores y especialistas como piezas que pueden ayudar a reconstruir climas de violencia simbólica, control y desprecio.

La relevancia de esos posteos crece porque el expediente no se apoya solo en lo que se publicó en redes: la fiscal Carla Ranciari, de la Unidad de Violencias Altamente Lesivas, orientó la pesquisa hacia femicidio seguido de suicidio tras evaluar pericias en el lugar y en dispositivos, y la propia reconstrucción del caso incluye un elemento clave: la sospecha de que hubo una manipulación de la escena y la presencia de una carta que intentaría instalar una versión distinta de los hechos. Ese escrito atribuía la muerte de Sophia a un supuesto suicidio y afirmaba que él no había podido “salvarla”.
Sobre la cronología, habría una ventana temporal delimitada por peritajes: la autopsia ubicó el hecho principal entre las 18 y las 20 del jueves, y se indicó que la joven habría permanecido entre 10 y 15 horas sin vida antes del hallazgo. La hipótesis sostiene que, después, Alcida se trasladó al domicilio de una amiga y, tras un llamado al 911, se arrojó desde altura. Los reportes evitan el “morbo” pero remarcan que esos movimientos forman parte del análisis sobre qué ocurrió y cuándo.
Mientras tanto, amigas y familiares de la víctima difundieron mensajes públicos y convocatorias para pedir justicia y exigir un tratamiento mediático responsable, en un contexto en el que —según denunciaron— inicialmente circularon versiones que hablaban de “doble suicidio” o “muerte dudosa” antes de que la investigación reencuadrara la hipótesis principal.


