En Rosario, la investigación por la muerte de Sophia Civarelli, de 22 años, sumó en las últimas horas un testimonio que cambió el eje del caso y volvió a poner la lupa sobre cómo era el vínculo que mantenía con su pareja, Valentín Alcida. Fue Coty, una amiga cercana de la joven, quien habló públicamente y describió un noviazgo marcado por celos, manipulación y reacciones violentas en la intimidad, aunque aclaró que Sophia nunca le dijo que él la hubiera agredido físicamente.
Según el relato de la amiga, el comportamiento de Alcida tenía dos caras. “Él era una persona posesiva con ella. Frente a los demás no se notaba, pero en privado era distinto”, dijo Coty al reconstruir lo que Sophia le venía contando desde hacía meses. En ese mismo sentido, sostuvo que la joven le había confiado que, cuando discutían, Valentín tenía episodios de celos y respuestas que la preocupaban cada vez más.
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El dato que más impacto causó de su testimonio fue la descripción de esas escenas privadas. Coty aseguró que Sophia le había contado que, en medio de las peleas, Valentín se encerraba en el baño y se golpeaba, además de golpear objetos o paredes. Incluso detalló que hacia fines de febrero su amiga ya le hablaba de “reacciones violentas”, de “golpear cosas” y de “golpearse a sí mismo” cuando algo no le gustaba. Aunque remarcó que Sophia no le dijo que él le hubiera “levantado la mano”, sí dejó en claro que esas conductas eran, para ella, una señal de alarma.
La amiga también aportó elementos sobre el costado más silencioso de la relación: el de la manipulación. Según contó, el vínculo entre ambos —que había empezado hacía alrededor de seis meses, después de conocerse en una fiesta de la Universidad Nacional de Rosario, donde ambos estudiaban Psicología— estuvo atravesado por mentiras y pedidos de revancha. Una de esas situaciones, relató, fue cuando Sophia descubrió que Valentín le había dicho que estaba en el último año de la carrera cuando en realidad estaba en primero. Tras ese episodio, ella habría querido dejarlo, pero él le pidió otra oportunidad y la joven decidió esperar para ver si realmente iniciaba un tratamiento psicológico.
Coty también dijo que, detrás de la convivencia, Sophia se sentía cada vez más “ahogada”. “Él era muy celoso y muy tóxico. La quería solamente para él, no la quería compartir”, resumió, al explicar cómo veía ella el vínculo que mantenían. La amiga aseguró que le recomendó más de una vez salir de esa situación y que Sophia le había prometido que, cuando lograra una mayor estabilidad económica, pensaba irse a vivir sola. Ese dato, para quienes la conocían, es central: refuerza la idea de que la joven tenía proyectos propios y que, según su entorno, no encajaba con la hipótesis inicial de un suicidio.
De acuerdo con lo que se conoce de la causa, Sophia Civarelli fue hallada muerta en el departamento que compartía con Valentín Alcida en barrio Lourdes, en la zona de 3 de Febrero al 2400. Poco después, el joven se arrojó desde otro edificio ubicado a pocas cuadras, fue trasladado al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez y murió a raíz de las heridas. En un primer momento, la Justicia evaluó la posibilidad de un doble suicidio, pero con el avance de los peritajes, los testimonios y el análisis de los teléfonos, la pesquisa viró hacia un posible femicidio seguido de suicidio.
La causa está en manos de la fiscal Carla Ranciari, y el testimonio de la amiga aparece ahora como una de las piezas más sensibles para reconstruir el clima previo al hecho. No sólo porque aporta un retrato del novio puertas adentro, sino porque instala con fuerza una pregunta incómoda: cuántas de esas señales fueron vistas como “problemas de pareja” cuando, en realidad, podían ser manifestaciones de un vínculo cada vez más asfixiante.


