La madrugada de este lunes 20 de abril de 2026 quedará marcada por una profunda tristeza en el mundo del espectáculo argentino. La partida de Luis Brandoni dejó un vacío inmenso en la cultura, y entre las innumerables muestras de dolor, se destacó la de uno de sus más grandes amigos y compañeros de ruta: Carlos Rottemberg.
A través de una carta abierta cargada de sensibilidad, respeto y un amor inquebrantable, el emblemático productor teatral despidió a quien definió como "el último primer actor argentino de una generación inolvidable" y un símbolo absoluto en la defensa de los autores nacionales.
48 años de una amistad inquebrantable
El vínculo entre Rottemberg y Brandoni nació hace casi medio siglo, forjado al calor de los escenarios y cimentado en la lealtad absoluta.
En su texto, el productor revela el dolor de los últimos días, acompañando al actor en el sanatorio hasta el momento en que la lucidez lo abandonó. "Tomé conciencia de su gravedad hace unas noches, cuando ya no me reconoció más. No era para contarlo en esos días. Por él y por su familia", confesó con el tacto y el respeto que lo caracterizan.

Más allá del innegable peso artístico de Brandoni, Rottemberg eligió recordarlo desde la calidez de la intimidad. Rememoró con ternura esas "manías" cotidianas que tantas veces los hicieron discutir, pero que hoy atesora con nostalgia: su negativa rotunda a desayunar en pijama -incluso estando solo-, su apego innegociable al diario de papel, su enojo con las redes sociales y su inconfundible facilidad para ponerse "chinchudo".
De la resistencia en los '70 al último viaje
La amistad entre ambos no solo se nutrió de éxitos de taquilla, sino de valentía en las épocas más oscuras y difíciles del país. El productor recordó los momentos de zozobra compartidos por la inclaudicable militancia gremial del actor: "Desde aquel volante intimidatorio en Pinamar del ‘79 hasta sacar al público de los teatros en plena dictadura, cuando aparecían las amenazas de bombas durante las funciones".
El destino, a veces, tiene formas misteriosas de preparar las despedidas. Rottemberg reveló un dato hasta ahora desconocido: hace apenas tres semanas, "Beto" hizo una excepción a su sagrada rutina de trabajo y se tomó unos días para viajar a Punta Cana junto a su pareja. "Raro en Beto el priorizar un viaje por sobre sus funciones teatrales", reflexionó el productor, dándole a esa inusual pausa el valor de un adiós anticipado.
El prólogo: un regalo para la eternidad
El cierre de la emotiva carta guarda la anécdota más invaluable de todas. Mientras Rottemberg prepara un libro por sus cincuenta años de trayectoria en el teatro, fue el propio Brandoni quien se ofreció a escribir el prólogo. "Me lo leyó por teléfono emocionado y me lo envió el viernes 3 de abril, apenas hace días. Ese texto, hoy toma un valor superlativo en mí. Fue su último regalo", compartió emocionado.

La carta completa de Carlos Rottemberg a Luis Brandoni
En esta madrugada del lunes 20 de abril de 2026, la muerte de Luis Brandoni me impacta. Hace cuarenta y ocho años nos hicimos amigos a partir del estreno de un espectáculo teatral y desde entonces compartimos un camino que nunca se interrumpió, incluidos estos últimos días en los que pude visitarlo en el sanatorio. Tomé conciencia de su gravedad hace unas noches, cuando ya no me reconoció más. No era para contarlo en esos días. Por él y por su familia.
Con Beto se va el último primer actor argentino de una generación inolvidable, y un símbolo del teatro nacional extraordinario: defendió al autor nacional siempre, actuándolo cada vez que pudo. En estas horas se suceden infinidad de muestras de cariño y admiración. Es lógico, porque participó de recordados personajes en todas las disciplinas artísticas que lo tuvieron de intérprete.
En lo personal, me sonrío recordando sus manías, por las cuales chisporroteamos tantas veces: vestirse completo para desayunar, aún estando solo en su casa porque no se permitía hacerlo en pijama, leer el diario solamente en papel y enojarse mucho con las redes sociales, ponerse chinchudo con facilidad… Cuántas de esas pinceladas hoy me ablandan su despedida.
Compartimos también momentos difíciles por su participación gremial: desde aquel volante intimidatorio en Pinamar del ‘79 hasta sacar al público de los teatros en plena dictadura, cuando aparecían las amenazas de bombas durante las funciones. Todo eso también nos unió para siempre.
Hace apenas tres semanas hizo algo que hoy le doy el valor de una despedida: se tomó un descanso inusual, al no trabajar una semana, para viajar con su pareja a Punta Cana. Raro en Beto el priorizar un viaje por sobre sus funciones teatrales. Volvió contento, con más ganas de subirse al escenario. Lo uno a este desenlace, previsible pero prematuro.
Guardo para el final un gesto que me va a acompañar siempre: al enterarse que estaba escribiendo un libro sobre mis cincuenta años en el teatro, me ofreció escribir el prólogo. Me lo leyó por teléfono emocionado y me lo envió el viernes 3 de abril, apenas hace días. Ese texto, hoy toma un valor superlativo en mí. Fue su último regalo.
Abrazo con toda mi fuerza a su familia, con la convicción de que hay amistades que son para siempre. Se te extrañará, Beto querido!
Carlos Rottemberg

