ADA cumple un año: los platos que se volvieron costumbre en Buenos Aires – GENTE Online
 

ADA cumple un año: los platos que se volvieron costumbre en Buenos Aires

De la milanesa con spaghetti al pollo frito crujiente, ADA Buenos Aires celebra doce meses con una carta que instaló menús favoritos en la ciudad.
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Hay lugares que abren y hay otros que empiezan a circular de boca en boca hasta volverse plan fijo. ADA Buenos Aires juega en esa liga. A un año de su apertura, este espacio ya encontró su lugar en la escena porteña: mesas que se reservan con tiempo, preparaciones que aparecen una y otra vez y una dinámica que combina cocina porteña bien entendida con una ejecución precisa y actual. En este nuevo año, suma además la opción de take away y delivery, una forma de llevar la experiencia de ADA más allá del salón y también para disfrutar en casa.

Detrás del proyecto está Ezequiel “Pocho” Álvarez, productor musical y gestor cultural, que imaginó ADA como un lugar donde comer bien también fuera parte del rendimiento diario. El local ubicado en Libertad y Arenales, dentro del hotel Vilon (con entrada independiente), cuenta con el concepto a formato restaurante: más espacio, cocina a la vista y una propuesta que acompaña todo el día. Con esa base, el primer año no es solo una marca de tiempo, sino una forma de medir cómo respondió la gente.

El aniversario funciona como excusa para mirar de cerca qué pasó en estos doce meses. “ADA no se explica sólo desde la carta: se construye en la repetición. Gente que vuelve, que trae a otros, que convierte ciertas opciones en pedido automático. Como resumen, hay una frase que se repite entre quienes pasan por ADA: Entrás a comer y terminás quedándote más de lo previsto”, afirma Álvarez.

En esa dinámica aparecen cinco preparaciones que marcaron el primer año: La milanesa con spaghetti con crema de albahaca ya es un clásico contemporáneo: una dupla reconocible, bien resuelta, sin exageraciones. La César con ternera aparece como alternativa para quienes buscan algo más liviano, pero con presencia. La burger —territorio siempre discutido— encuentra acá equilibrio entre producto, punto y proporción.

La pesca del día suma ese ritmo de cocina que se adapta a lo que llega, sin rigidez. Y el pollo frito crujiente se volvió uno de los favoritos: crocante por fuera, jugoso por dentro, sin desvíos.

La carta se completa con entradas y opciones que siguen el mismo criterio: stracciatella con cecina, croquetas de morcilla, gírgolas en tempura, cavatelli con pesto y ricota alimonada, o el ojo de bife con papas en triple cocción. Todo con un mismo hilo conductor: producto reconocible y combinaciones que funcionan.

El espacio acompaña esa dinámica: amplio, luminoso, con mesa comunitaria y cocina abierta. Se hacen fermentos, panificados y conservas en el lugar, y la materia prima llega de productores que trabajan a escala chica y con foco en calidad.

De día conviven desayunos y meriendas —medialunas, rolls, café de especialidad— con una oferta que rota. De noche, el clima baja, la luz cambia y aparecen alternativas para compartir, vinos de bodegas boutique, kombuchas y coctelería.

En ese recorrido, el primer aniversario no es solo una celebración: es una confirmación. ADA logró en un año lo que muchos buscan durante más tiempo: convertirse en un lugar al que se vuelve, tanto por locales como por quienes visitan la ciudad.



 
 

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