Pamela Pombo tuvo un affaire con Fernando Ogro Fabbiani, estuvo en la selección de voley, inventó una hermana (la mediática Johanna), se reveló partidaria de las cirugías, fue modelo de Only Fans y, a fuerza de disciplina, convirtió su voluntad en el motor de una carrera que mutó del teatro de revistas al fisicoculturismo. Algunas de esas aristas, así como su romance con el trainer Gerardo Repollo o los rumores que la vincularon a algunos famosos la llevaron a los programas de chimentos.
"Después de lo que pasó con Jazmín De Grazia, es evidente que el ambiente es complicado", decía en 2012 la mendocina que mientras jugaba mediáticamente con fotos hot o con la idea de "en un caso extremo" convertir su cuerpo como moneda de cambio, temía que se la involucrara "con drogas o prostitución VIP". Por entonces, era una de las favoritas de las guardias periodísticas que la capturaban en topless en plena temporada de Carlos Paz mientras le pasaba bronceador a Johanna bajo la lente de la revista Paparazzi.
Fue parte de una escena mediática donde el cuerpo era espectáculo, pero eligió convertirlo en fuerza de voluntad y persistencia. Hoy, lejos de los flashes de la noche, su nombre vuelve a aparecer. Su relación con el ex rugbier Patricio Albacete la ubicó en la conversación desde otro lugar: el de las parejas vinculadas al deporte de elite, ya que ella y el exjugador de Los Pumas en su momento despertaron mucho interés en la prensa.

Sin embargo, esa historia derivó en una trama mucho más compleja, que hoy encuentra su punto más crítico en una gravísima denuncia penal por violencia de género.
Las reinvenciones de Pamela Pombo
La metamorfosis de Pamela Pombo siempre dio que hablar. No es solo el cambio de un cuerpo que pasó de las plumas al músculo extremo, sino la capacidad de una mujer para demoler una versión de sí misma y construir otra, más fuerte, más hermética. Actualmente, tras denunciar a Albacete por intento de homicidio, Pamela es una figura que prefiere el silencio de las pesas a la exposición.

Su historia comenzó en medio del sudor de las canchas de Mendoza. Con sus 1.81 metros, Pamela era una atleta de elite. A los 19 años ya vestía la camiseta de la Selección Argentina de vóley, pero el destino le puso una trampa de ligamentos rotos en la rodilla derecha.
Esa cirugía, que pudo ser el final de todo, fue en realidad el prólogo de su primera reinvención. El gimnasio, que empezó como una rehabilitación obligatoria, se convirtió en un laboratorio estético: le gustó ver cómo su cuerpo mutaba, cómo ganaba una seguridad que la red de vóley ya no le daba.
Esa nueva confianza la trajo a Buenos Aires en 2011, en una época donde la televisión exigía mitos rápidos. Así nació el fenómeno de "Las Hermanas Pombo". Junto a Johanna Villafañe, armaron una ficción de hermandad que los medios compraron sin beneficio de inventario.

La foto saliendo del departamento del "Ogro" Fabbiani tras un supuesto trío fue el boleto de entrada a la calle Corrientes. Fue una estrategia de marketing cruda pero efectiva. "Fue un gancho para entrar", confesaría años después. Pero las familias de mentira se rompen fácil.

Cuando la verdad salió a la luz, el vínculo se quebró con la misma violencia que una fibra muscular bajo demasiada presión. Nunca más se hablaron. Cuando ya todos esperaban que quedaran en el olvido de las "exvedettes", Pamela decidió lo más difícil y también lo más inesperado: volvió al deporte. Eso sí, esta vez bajo sus propias reglas.
La mendocina decidió volcarse al fisicoculturismo profesional. El giro lo hizo al conocer en 2014 al fisicoculturista Gerardo Repollo, quien pronto se convirtió en su pareja y entrenador. Pasó solo un mes de relación y Pombo estaba dispuesta a competir.

Pamela cambió las salidas nocturnas por seis comidas diarias (sólo pollo con ensalada) y las luces de los boliches por sentadillas levantando cien kilos. Y ahí se convirtió en una máquina de ganar: títulos nacionales, sudamericanos y un top 10 en el Mr. Olympia de Las Vegas. Y sí, el gimnasio pasó a ser su verdadera casa, el lugar donde no había que fingir algo que no era.

“Yo soy de las que creen que la vida es una sola, que hay que disfrutarla y vivirla como te gusta. Esto me encanta, me apasiona, la paso bien y lo disfruto”, dijo hace un tiempo la referente de bienestar físico que siempre hizo lo que quiso y no dudó a volantear ante un fin de ciclo.
Su relación con Patricio Albacete
El amor con Patricio Albacete parecía el cierre perfecto para esa vida de alto rendimiento. Se conocieron, justamente, entre máquinas de gimnasio. Un romance de atletas que escaló rápido: casamiento por civil el 28 de diciembre de 2023 y una fiesta fastuosa en Pilar siete meses después, con 250 invitados y un despliegue de lujo que inundó las redes. El mediático evento incluyó un stand up del humorista Sergio Gonal y un "show de enanos" disfrazados de personajes de terror como Chucky.

Sin embargo, el brillo duró poco. Hoy, las fotos de la boda desaparecieron de sus perfiles como si nunca hubieran existido. El hermetismo es total. "Está en manos de mis abogados", se limitó a decir ella, con la misma guardia alta que aprendió a tener en el barrio Las Heras.

En el plano internacional, la figura de Albacete fue clave para Los Pumas, disputando los mundiales de 2003, 2007 y 2011. Junto a leyendas como Pichot, Corleto y Contepomi, fue pilar del histórico bronce obtenido en Francia 2007, un hito que transformó el deporte en Argentina y lo posicionó definitivamente entre las potencias mundiales del rugby.
El desafío para Pombo ahora no es menor: reconstruirse en medio de la exposición y atravesar un proceso que, además de judicial, es profundamente emocional. Mientras se reconstruye a pesar de la revictimización que supuso la circulación del estremecedor video que dejó registrada la violencia sufrida por parte de Albacete, Pamela se sigue refugiando en lo que nunca le falló: su disciplina con ese cuerpo tallado a voluntad que es su templo y su verdadera armadura.
Fotos: archivo Atlántida y redes sociales.
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