A los 43 años, con tres décadas arriba de los escenarios y el lanzamiento de su nuevo disco Que siga latiendo, Natalia Pastorutti (43) vive un intenso presente en su carrera solista. Fueron muchos años de acompañar a su hermana Soledad, y en el marco de un aniversario más que emotivo -la primera vez que subieron juntas al escenario de Cosquín el 26 de enero de 1996-, Nati le da forma a un camino propio.

Con su familia establecida en su Arequito natal, Nati visita Buenos Aires y conversa con Revista GENTE sobre su pasado y su presente. La capital porteña fue el lugar que la recibió al terminar la escuela secundaria, para estudiar y recibirse como abogada y escribana, aunque confiesa que son profesiones que nunca ejerció. "Es que la música siempre fue mi pasión", admite hoy.
“Cuando comenzamos a cantar creímos que era algo de dos o tres años. Y por eso me surgió lo de estudiar una carrera, que al final fueron dos. Como seguía con la música y empecé a adquirir todo ese conocimiento y aprendizaje de lo que significaba una carrera artística, no paré más”, describe sobre esos primeros años de giras por los cuatro puntos cardinales de Argentina, que nunca frenaron, y que se definieron por un acompañarse mutuamente entre hermanas.

-¿Cómo fue la decisión de lanzarte como cantante solista?
-Después de más de veinte y pico años de acompañar a Sole, dije: "Bueno, tal vez es el momento de replantearme si puedo empezar una carrera como solista". No fue fácil, por un tiempo tuve miedos, temores... tal vez porque no sabía si lo podía afrontar sola o qué iba a decir el público.
Lo mismo que le provocó miedo en un primer momento fue lo que le confirmó el nuevo camino artístico que había definido. Es ese vínculo con los públicos de cada rincón del país lo que define a todo cantante, y en especial al folklorista, que en sus obras conecta con las raíces de cada lugar que visita, sea mediante una zamba, un carnavalito, una chacarera o un chamamé.
“Había cosas que a veces no las hacía -remarca sobre aspectos de una carrera artística que recaían más en su hermana y que ahora debía definir ella-. Y me di cuenta de que en realidad la gente siempre ha sido muy respetuosa, muy cariñosa y ha recibido muy bien las canciones que le brindaba. Así que fui ganando confianza desde ese lugar”, cuenta.

-En algún momento juntas o ahora como solista ¿te pesó el ser "hermana de"?
-Creo que a veces la gente lo entiende como que parece que no tuvieras identidad, pero la verdad es que yo no lo veo así, o no lo viví así. Para mí, haber sido "la hermana de la Sole" siempre ha sido, primero que nada un orgullo, por todo lo que representa. A veces ni ella misma se da cuenta de lo genera en el público -dice y se ríe, en una mezcla de ternura y admiración-. Me enorgullece todo lo que logró en su carrera y cómo lo logró: siempre con mucha seguridad, trabajo y dedicación.
En ese sentido, además de dar cuenta del aprendizaje que le brindó acompañar a su hermana durante dos décadas de carrera, remarca -ya desde una mirada más pragmática- todo lo que significó aquello para su presente solista: “Es que 'ser la hermana de' a la vez me dio la oportunidad de conocer muchos escenarios, muchos rinconcitos, pueblos, ciudades y lugares de nuestro país y a su vez, tantos otros países, algo que era impensado en mí y también me ayudó a formarme cono cantante”.

-¿Qué cosas aprendiste en esos años junto a la Sole para hoy poder brillar individualmente?
-Cuando pienso en mi carrera como solista, pienso en qué canciones hacer o cómo hacerlas para que le lleguen a la gente, para que le guste, pero no desde la comparación. O sea, yo lo hago siempre con mucho cariño y respeto, conociendo mis capacidades con la música y frente al público. Lo entiendo y lo acepto así y por eso así también lo disfruto.
"Mis hijos recién ahora están descubriendo quién es su madre y quién su tía"
El lanzamiento de su nuevo disco Que siga latiendo lleva incluso en su nombre la misión que hoy Nati Pastorutti lleva como principal norte: sumar su voz e interpretación a la difusión del cancionero folklórico argentino y mantener viva la llama de la tradición en la música.
Ese objetivo no lo vive solo desde lo profesional como cantante e intérprete, sino también es algo presente en su hogar, en la crianza de sus dos hijos: Pascual de 9 años y Salvador de 5. Al más pequeño lo define entre risas como “niño de pandemia”, con las particularidades que vivió al haber nacido en medio de ese brusco cambio social que hasta el presente sigue generando consecuencias.

Su primer hijo si vivió a flor de piel el ritmo de las giras musicales por el país: “Viajábamos todos en micro y él iba re contento con sus primas -las hijas de la Sole, Antonia de 16 años y Regina de 13-. Lo disfrutaban mucho”.
Sin embargo, con el pasar de los años y la música presente tanto dentro como fuera de casa, los hijos comenzaron a hacerse preguntas sobre quiénes son tanto su madre como su tía: “Ahora están descubriendo quién es su tía, quién es su mamá. Lo llamativo es que te ven en la tele y después te ven en casa, pero a ellos les gusta mucho la música. Me gustaría que empiecen a aprender un instrumento, porque es lindo transmitirle lo que hacemos y el amor que le ponemos a ella”.
-¿Qué preguntas surgieron a medida que crecían?
-Pascual todo el día me pregunta "¿Y cuál es la canción que más te gusta hacer?", mientras yo, corriendo con mis cosas, no sé qué responderle y para salir rápido al paso le digo "no sé, Tren del cielo"...
-¿En la escuela les dicen algo?
-Ahí cuando les pasan temas de Sole, Pascual salta re orgulloso: "¡ésa es mi tía!"- cuenta Natalia entre risas-. Un día hubo llegó una maestra nueva y él se presentó: "Yo soy Pascual, el sobrino de la Sole Pastorutti". En el pueblo también nos conocemos todos. Disfrutan mucho de eso, de ir a los shows, de sentarse con la gente y contarles quiénes son, están felices.

Con treinta años de trayectoria y un gran anhelo por seguir recorriendo escenarios, Nati describe qué se imagina a futuro en su carrera musical, remarcando esa misión de aportar a la cultura nacional:
“Siempre elijo canciones que sean nuevas, pero a la vez populares y tradicionales. Es como un desafío personal seguir transmitiendo nuestras canciones y poesías y seguir cantando Luna tucumana o Zamba de mi esperanza, que si bien son temas súper conocidos y que muchos las han interpretado, merecen continuar en el tiempo y que las pasemos de generación en generación”.
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