En el cruce de Juncal y la Avenida Presidente Manuel Quintana, en el epicentro de lo que los vecinos conocen como las “cinco esquinas” de Recoleta, se erige una estructura que parece detenida en el tiempo. Se trata de un edificio histórico de 1906, una joya arquitectónica que ha recuperado su brillo para albergar a Amayta, una confitería que se ha convertido en el secreto mejor guardado de la zona.
Para quienes buscan una experiencia de lujo sin los precios prohibitivos de la hotelería internacional, este "café oculto" ofrece la posibilidad de disfrutar de un desayuno aristocrático —un café con leche acompañado de una medialuna rellena de jamón y queso— por 9.900 pesos, rodeado de mármoles de ónix y arañas francesas.
Un pasado de gloria y una restauración meticulosa


La historia de este palacio es tan rica como su fachada. Construido originalmente por el arquitecto Luis A. Broggi como su propia residencia, el edificio es considerado una de las piezas más valiosas del patrimonio porteño. Tal fue su impacto en la estética de la ciudad que, en 1914, la obra obtuvo el primer premio del Concurso Municipal de fachadas. Curiosamente, las investigaciones históricas realizadas por los nuevos propietarios junto al historiador Daniel Balmaceda revelaron que el terreno perteneció originalmente a la familia Belgrano, en los albores de la urbanización de Buenos Aires.

La tarea no fue sencilla: antes de la llegada de Amayta, el inmueble había sido ocupado por diversas empresas que no siempre respetaron su estructura original. Los actuales socios —cuatro empresarios liderados por Gustavo Corral, experto en construcción— dedicaron 23 meses a una refacción artesanal que incluyó la restauración total de los mármoles de ónix y la recuperación de las imponentes escaleras de roble, trabajo realizado por un ebanista español.
El lujo de los detalles: de las arañas francesas al faro gallego
Ingresar a este espacio es, en muchos sentidos, realizar un viaje al pasado. El salón de la planta baja, aunque es el sector más moderno con sus tonos azules y líneas curvas que evocan los salones de té de los antiguos barcos, mantiene una elegancia sobria.

Sin embargo, el verdadero tesoro se encuentra al subir la robusta escalera hacia el primer piso. Allí, los salones "Reencuentro" y "Tesoros" reciben a los comensales con ventanales enormes que bañan el ambiente de luz natural, cortinas de pana que caen desde techos altísimos y pisos de pinotea perfectamente conservados.

La iluminación está a cargo de arañas francesas de estilo Art Nouveau, piezas de bronce cincelado ornamentadas con esferas de cristal que añaden un aire de majestuosidad al ambiente. Uno de los rincones más singulares y fotografiados es, sorprendentemente, el baño.

Diseñado como un homenaje a las raíces gallegas de Corral, el espacio replica la Torre de Hércules, el faro romano más antiguo del mundo. En una vitrina antigua, fotos familiares y objetos vintage cuentan la historia de aquellos inmigrantes que cruzaron el océano para "hacer la América", uniendo simbólicamente el viejo continente con el presente gastronómico del local.

Si la arquitectura es el marco, la pastelería es el corazón indiscutido. El alma mater de la cocina es Alejandro Beyeye, chef ejecutivo, socio y discípulo directo del reconocido maestro Osvaldo Gross, quien es un habitué frecuente del lugar. Beyeye define su propuesta como "pastelería de autor", una fusión de técnicas europeas con el paladar local.

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Las vitrinas son una exhibición de precisión técnica y estética. Se destacan los macarons franceses, los scones ingleses servidos con dulce y mermelada, y el Pain au Chocolat. Para garantizar la perfección en los laminados, la cocina ha sido equipada con hornos de origen español e italiano, además de una laminadora suiza de última tecnología.
Un presente accesible en un entorno de exclusividad
A pesar de su entorno palaciego, se posiciona como un "refugio de paz" accesible para quienes desean un momento de calma en medio del movimiento de Recoleta. Mientras que en otras confiterías de lujo el protocolo puede resultar rígido, aquí el ambiente es relajado y acogedor, invitando a los visitantes a quedarse durante horas con un libro o trabajando en sus laptops.

El menú no se limita a lo dulce. Para los mediodías, el chef italiano Luigi ha diseñado una carta salada que incluye opciones como el Croque Madame con queso gruyere y parmesano, o el Salmón Toast en pan brioche. Sin embargo, es el desayuno el que se lleva los aplausos de quienes buscan calidad a un precio justo.
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La opción de un café con leche con una medialuna rellena de jamón y queso por 9.900 pesos representa la síntesis perfecta de la propuesta: tener la posibilidad de disfrutar de un buen momento en un entorno que, hasta hace poco, estaba cerrado al público general.
Los precios destacados del menú

- Medialuna: $2.500
- Medialuna de jamón y queso: $4.500
- Croissant: $4.700
- Croissant de jamón y queso: $6.700
- Pain au chocolat: $5.100
- Cinnamon roll: $5.100
- Cookie de pistacho y limón: $6.000
- Cookie de frambuesa y chocolate blanco: $6.200
- Cheesecake estilo New York: $8.600
- Ópera (chocolate y café): $8.600
- Té: $4.600
- Espresso: $4.600
- Café con leche: $5.400
El futuro: Cava, Cenas y Rooftop
Con solo un año de vida, ya planea su expansión. En el salón "Orígenes", se está gestando una cava exclusiva con capacidad para un grupo reducido de comensales, donde próximamente se servirán cenas.

Además, los propietarios adelantaron la creación de un rooftop en la terraza, que promete convertirse en uno de los puntos más codiciados para ver la caída del sol sobre los árboles de Recoleta.






