El estadio de Glendale, Arizona, será testigo de un nuevo capítulo en la intensa rivalidad entre México y Estados Unidos, pero para Rafael Márquez, el partido de este sábado tiene un significado mucho más profundo. A poco más de dos décadas de aquel amargo 17 de junio de 2002, cuando fue expulsado como capitán del Tri en la eliminación mundialista ante el conjunto estadounidense, Márquez regresa a la escena, esta vez desde el banquillo, con la misión de conseguir su primera victoria como director técnico de la selección mexicana.
La historia entre ambas selecciones está tejida de enfrentamientos memorables, emociones al límite y cuentas pendientes. México domina el historial con 38 triunfos en 79 partidos, pero cada duelo es una oportunidad para reescribir la narrativa. Para Márquez, este encuentro es la oportunidad de transformar una de las heridas más profundas de su carrera en un nuevo comienzo, ahora como estratega.
La herida que nunca cerró
El recuerdo de Corea-Japón 2002 sigue presente. En aquel entonces, Márquez era el líder en la cancha y vivió en carne propia la frustración de la derrota y la expulsión en uno de los momentos más dolorosos para el fútbol mexicano. Ahora, el destino le brinda la posibilidad de enfrentar a Estados Unidos en el rol de guía, con la experiencia y la templanza que otorgan los años y los aprendizajes.
El rival tampoco es ajeno a las emociones fuertes. Mauricio Pochettino, actual entrenador de Estados Unidos, aún no ha logrado vencer a México desde que asumió el cargo. En sus dos enfrentamientos previos, el Tri se impuso con autoridad: 2-0 en Guadalajara y 2-1 en la final de la Copa Oro, remontando un marcador adverso y consolidando una racha positiva que Márquez buscará extender.
Una alineación de lujo con incógnitas
El partido no solo es importante por el contexto histórico, sino también por las decisiones tácticas que debe tomar Márquez. La gran duda gira en torno a Gilberto Mora, mediocampista de los Xolos de Tijuana, quien arrastra molestias en el tobillo desde el duelo ante Perú. Aunque se mantiene en observación, los reportes indican que su presencia en el once inicial es poco probable, cediendo su lugar a Álvaro Fidalgo en el mediocampo junto a Erik Lira y Luis Chávez, titulares en el debut del técnico.
La portería estará resguardada por Raúl Rangel, quien ya fue titular en la Copa del Mundo 2026 y en el primer partido de Márquez al mando. En defensa, se perfila un bloque sólido con Jorge Sánchez, Israel Reyes, Johan Vásquez y Jesús Gallardo, mientras que en el ataque, las bandas estarán a cargo de Roberto Alvarado e Hirving Lozano, acompañando a Santiago Giménez como delantero centro.
El peso de la historia y la oportunidad de un nuevo ciclo
El presente de la Selección Mexicana bajo el mando de Márquez ha estado marcado por empates en sus dos primeros partidos, ante Colombia y Perú. Ahora, el técnico busca romper esa racha y sumar su primer triunfo, nada menos que ante el rival que marcó un antes y un después en su carrera como futbolista.
La última victoria de México sobre Estados Unidos data de julio de 2025, en una final de Copa Oro llena de dramatismo. Desde entonces, la balanza se ha inclinado de un lado a otro, alimentando una rivalidad que trasciende generaciones y fronteras. Para Márquez, lograr el triunfo significaría mucho más que tres puntos: sería la reivindicación personal y el inicio de una nueva era al frente del Tri.
El silbatazo inicial en Glendale marcará no solo el inicio de un partido, sino también la posibilidad de que Rafael Márquez cierre un ciclo y abra otro, guiando a México con la misma pasión que lo caracterizó en la cancha, ahora desde la dirección técnica. La historia está lista para escribirse una vez más.




















































