La tarde del 2 de octubre, la Ciudad de México volvió a ser escenario de una de las movilizaciones más emblemáticas de su historia reciente. A 58 años de la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas, cientos de jóvenes, estudiantes y organizaciones sociales marcharon desde Tlatelolco hasta el Zócalo capitalino, haciendo eco de un reclamo que se niega a desaparecer: justicia y memoria para las víctimas de 1968.
La cita fue a las 16:00 horas en Tlatelolco, donde los contingentes comenzaron a avanzar por el Eje Central y la avenida 5 de Mayo, para arribar a la plancha del Zócalo alrededor de las 17:30. Carteles y mantas con leyendas como “2 de octubre no se olvida”, “Fue el Estado” y “Justicia Ya” acompañaron el paso firme de quienes, año tras año, insisten en que el olvido no es una opción.
Un recorrido de memoria y reclamo
La marcha estuvo integrada por colectivos como el Comité 68, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (CETEG), normalistas de distintos estados y estudiantes de la UNAM, el Politécnico y la UAM, entre otros. Se estima que cerca de 3 mil personas participaron en la movilización, la mayoría jóvenes que corearon consignas y exigieron justicia para los asesinados en 1968.
Durante el trayecto, la manifestación transcurrió en relativa calma, aunque se registraron algunos incidentes menores. Un grupo de jóvenes vestidos de negro y con el rostro cubierto realizó destrozos en tiendas de conveniencia, farmacias y comercios de pintura a la altura del Archivo Ricardo Flores Magón del ISSSTE en Tlatelolco. Ya en el Zócalo, integrantes del bloque negro detonaron coetones y golpearon las vallas que protegían el Palacio Nacional, mientras el resto de los asistentes guardaba un minuto de silencio en memoria de las víctimas.
Presencia policial y protocolos de derechos humanos
La Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México desplegó un operativo especial para supervisar el avance de los contingentes y garantizar la seguridad tanto de los manifestantes como de quienes transitaban por la ciudad. Policías equipados con escudos de acrílico, cascos, rodilleras y coderas, y algunos con extintores, acompañaron la movilización bajo la observación de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México y organismos protectores de derechos humanos.
La actuación policial se mantuvo bajo estrictos protocolos, con la presencia de Testigos Supervisores de la Dirección de Derechos Humanos de la SSC, quienes coordinaron acciones para vigilar el respeto a los derechos de los participantes. Ante la identificación de objetos peligrosos, la policía intervino conforme a los procedimientos establecidos, priorizando la prevención y la atención inmediata de cualquier incidente.
Un llamado a la unidad y la justicia
En el Zócalo, un integrante del Comité 68 tomó la palabra para recordar que la demanda de justicia une a distintas luchas en México. Hizo un llamado a abrir los expedientes del Ejército Mexicano sobre Tlatelolco y a unir fuerzas con los padres de Ayotzinapa, quienes también exigen acceso a la verdad sobre la represión y desaparición de jóvenes.
La jornada estuvo marcada por un momento de tensión cuando un joven encapuchado, de 17 años, intentó arrojar una bomba molotov que rebotó y le provocó quemaduras en la mano derecha. El incidente fue atendido de inmediato por paramédicos del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas, quienes diagnosticaron lesiones menores.
El 2 de octubre no se olvida
Al caer la tarde, la plancha del Zócalo se cubrió de silencio durante un minuto en honor a las y los jóvenes que perdieron la vida el 2 de octubre de 1968. Entre consignas, memoria y vigilancia, la marcha reafirmó que, a casi seis décadas de la tragedia, la exigencia de justicia sigue viva en el corazón de la ciudad y de quienes no están dispuestos a olvidar.




















































