En el corazón de Monterrey, la Feria Internacional del Libro (FIL) abrió sus puertas con una declaración que resonó entre los asistentes: “La política pasa, la cultura queda”. Así lo afirmó el historiador Enrique Krauze, quien inauguró la edición 34 de este encuentro literario, poniendo el acento en la importancia de la libertad intelectual y la resistencia ante la cultura de la cancelación.
Durante nueve días, más de 700 autoras y autores de distintas latitudes se reunirán en este espacio, que se ha consolidado como uno de los foros culturales más relevantes de México. En un contexto global donde la libertad de pensamiento y expresión se ve constantemente desafiada, la FIL Monterrey se presenta como un refugio para el saber, la discusión abierta y la diversidad de voces.
Un discurso para el tiempo presente
En representación de El Colegio Nacional, invitado de honor de esta edición, Krauze celebró el lema de la institución: “La libertad por el saber”. Su discurso, pronunciado ante autoridades del Tecnológico de Monterrey, el gobernador Samuel García y figuras literarias internacionales como Alberto Manguel, subrayó la necesidad de defender la libertad intelectual no solo frente a regímenes autoritarios, sino también ante tendencias contemporáneas que buscan cancelar a quienes piensan diferente.
“Por fortuna, ese ánimo inquisitorial no es, y seguramente nunca será, el talante de la Feria Internacional del Libro de Monterrey”, expresó Krauze, diferenciando a la FIL de otras instancias donde la cancelación ha sustituido al diálogo. Con esta postura, el historiador defendió la discusión fundamentada y la apertura como ejes centrales del quehacer cultural.
El libro como raíz de la cultura
Para Krauze, la cultura es el tronco y la raíz que permanece, mientras que la política es “el viento veleidoso que mueve las ramas de los árboles”. El libro, ese “amigo silencioso”, continúa siendo el instrumento esencial para transmitir conocimiento y reflejar la complejidad humana a lo largo de los siglos. En su intervención, celebró también el papel de los escritores regiomontanos Gabriel Zaid y Alfonso Reyes, cuyo legado sigue influyendo en la vida intelectual de Monterrey y del mundo hispano.
El escritor Alberto Manguel, otro de los invitados especiales, aportó una dosis de humor y reflexión al señalar: “Si el libro ha muerto, me alegro de ver tanta gente en su funeral, en cuerpo y alma presentes”. Manguel advirtió sobre la amenaza que representan las nuevas tecnologías para la creación artística y la importancia de la literatura en la formación de ciudadanos capaces de comprender y dialogar.
Una feria que persiste y se reinventa
La presidenta de la FIL Monterrey, Carmen Junco, recordó que este encuentro es fruto de la perseverancia y la convicción de que el contacto con los libros vale la pena, incluso frente a los desafíos y transformaciones de los últimos años. La feria, que se extiende hasta el 18 de octubre, ha sabido adaptarse y crecer, manteniendo viva la pasión por la lectura y el intercambio cultural.
En la inauguración, El Colegio Nacional recibió un reconocimiento especial, simbolizando el valor de las instituciones que apuestan por el conocimiento y la libertad. El gobernador Samuel García, por su parte, invitó a repensar el uso de la tecnología en la educación, proponiendo que sea una aliada para fomentar la lectura entre los estudiantes.
Un espacio para el diálogo y la diversidad
La FIL Monterrey se reafirma así como un espacio donde la cultura y el saber prevalecen sobre las controversias pasajeras. El llamado de Enrique Krauze a resistir la cultura de la cancelación y a honrar el legado de figuras como Alfonso Reyes y Gabriel Zaid encuentra eco en una feria que, edición tras edición, apuesta por el diálogo, la pluralidad y la libertad de pensamiento. En tiempos de incertidumbre, el libro sigue siendo el refugio y la raíz de una sociedad que busca comprenderse y crecer.



















































