Debajo del Jardín Flotante, donde antes resonaban las ruedas y las risas de decenas de jóvenes, hoy se escucha el eco de una exigencia: la reconstrucción del skatepark de San Antonio, demolido en mayo pasado sin previo aviso a su comunidad. El domingo, patinadores de todas las edades se reunieron en ese mismo lugar para transformar la nostalgia en acción, organizando concursos y actividades que, más allá de la destreza sobre la tabla, buscaban visibilizar una causa: la defensa de los espacios públicos para el skateboarding.
La protesta, liderada por integrantes del colectivo Espacios Sobre Ruedas y figuras como Pilar Torres, surgió como respuesta a una demolición que, según denuncian, se realizó sin consultar verdaderamente a quienes habitaban el parque día a día. “Dentro de la comunidad nadie conoce a las personas que supuestamente participaron en ese proceso”, cuestionó Torres, reflejando el sentir de muchos jóvenes que se sintieron ignorados por las autoridades de la alcaldía Álvaro Obregón.
Un espacio vital para la comunidad
El skatepark de San Antonio no era solo un lugar para practicar trucos: era un punto de encuentro, de pertenencia y de desarrollo deportivo y recreativo. Su cierre y posterior demolición, para dar paso a las obras del Jardín Flotante, dejó a la comunidad sin un espacio seguro y adecuado, y abrió una herida difícil de cerrar. La jefa de Gobierno, Clara Brugada, se comprometió públicamente a reconstruir el parque con mejores instalaciones y un diseño más amplio, pero la promesa aún no se ha materializado.
La situación se complica por cuestiones administrativas. El secretario de Obras, Raúl Basulto Luviano, explicó que la empresa California Skateparks —propuesta por los propios patinadores para diseñar la nueva pista— no cuenta actualmente con los permisos necesarios para operar en la Ciudad de México. Por ello, las gestiones para resolver el tema continúan, con la esperanza de que en octubre se destrabe el proceso y se pueda iniciar la obra.
Más allá de un parque: la defensa de los espacios públicos
La movilización del domingo no fue solo por el skatepark de San Antonio. Los patinadores también alertaron sobre la posible demolición de otro parque construido por California Skateparks en la misma alcaldía, y exigieron que cualquier nuevo proyecto incluya la participación real de la comunidad. Para ellos, la consulta previa y el respeto por quienes usan estos espacios es tan importante como el concreto y las rampas.
“Vamos a exigir que ese espacio sea restituido de la manera en la que debe de ser restituido y también pedir que si hay un nuevo skatepark construido por cualquier empresa se tome en cuenta a la comunidad”, enfatizó Pilar Torres durante la protesta.
Una comunidad que no se rinde
La manifestación pacífica, animada por el espíritu del skate y la solidaridad, fue un recordatorio de que los espacios públicos no solo son obras de infraestructura, sino escenarios de vida y convivencia. Los patinadores de Álvaro Obregón, lejos de resignarse, han decidido alzar la voz y defender su derecho a ser parte de las decisiones que afectan su entorno y su pasión.
Mientras las gestiones continúan y las promesas esperan cumplirse, la comunidad skate sigue rodando, unida por el deseo de recuperar su lugar bajo el Jardín Flotante y por la convicción de que los espacios públicos pertenecen a quienes los viven día a día.




















































