Alfonso Cuarón, uno de los cineastas mexicanos más reconocidos a nivel mundial, vivió un momento tan simbólico como emotivo: tras décadas de distancia, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) le abrió nuevamente las puertas para rendirle homenaje con la Medalla de la Filmoteca, en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia. Aquella institución que lo vio partir abruptamente en los años 80, hoy lo celebra como uno de sus hijos más ilustres.
El auditorio del Centro Universitario Cultural de Morelia fue testigo de un reencuentro cargado de historia y sentido del humor. “Me acabo de sentar en una (butaca) de madera y traigo las nalgas mojadas”, bromeó Cuarón al tomar la palabra, arrancando risas y aplausos de un público que no solo reconocía su genio, sino también su capacidad para reírse de sí mismo y de las vueltas que da la vida.
Un pasado marcado por la expulsión y la perseverancia
La relación de Cuarón con la UNAM no ha sido sencilla. A mediados de los años 80, fue expulsado del entonces Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC, hoy ENAC) por haber participado en el cortometraje Vengeance Is Mine, realizado íntegramente en inglés, una decisión que las autoridades de la época no supieron comprender. El propio director reconoce que fue “corrido, con razón”, y recuerda que tampoco terminó la carrera en la Facultad de Filosofía, pues la vida lo llevó a trabajar y a ser padre joven.
“Debo decir que sí, que soy cuequero y de la Facultad de Filosofía, no terminé ninguna de las dos, una (fui) corrido, con razón, y la otra porque por la vida tuve que dedicarme a trabajar, dejar la carrera, fui padre muy joven, entonces me tuve que dedicar a chambear”, confesó ante los asistentes. Pese a todo, Cuarón nunca renegó de su origen universitario y, por el contrario, se mostró orgulloso de la formación y el espíritu que la UNAM le brindó.
Un reconocimiento con historia y significado
La Medalla de la Filmoteca de la UNAM no es un galardón cualquiera. Desde 1987, esta distinción se otorga a quienes han hecho contribuciones notables al cine, y su elaboración es, en sí misma, un homenaje a la memoria fílmica: está hecha con residuos de plata recuperados del revelado de películas. Así, Cuarón recibió “un cachito de cintas” emblemáticas, como Canoa y su propia Y tu mamá también, el filme que lo trajo de regreso a México tras una década de trabajo en el extranjero.
Durante la ceremonia, el director no solo recibió el reconocimiento, sino que también encabezó la tradicional porra del Goya universitario, fundiéndose con el espíritu estudiantil y el cariño de la comunidad cinematográfica. A su lado estuvieron su hijo Jonás, también cineasta, su hermano Carlos y su sobrino Mateo, en una celebración familiar y profesional.
La memoria, el cine y el futuro
En su discurso, Cuarón evocó uno de los episodios más tristes de la historia cultural mexicana: el incendio de la Cineteca Nacional en 1982, que acabó con innumerables registros fílmicos. Recordó cómo, siendo estudiante y viviendo cerca del metro Tasqueña, presenció desde la distancia el humo del siniestro, sin imaginar la magnitud de la tragedia. “La Filmoteca desde su creación en 1960, que ha tenido el acervo más grande de Latinoamérica, por mucho tiempo ocupó el vacío”, destacó, subrayando la importancia de preservar la memoria audiovisual.
Para Cuarón, el mayor desafío del cine contemporáneo no es solo la revolución digital o las nuevas formas de exhibición, sino la supervivencia misma de las obras del pasado. “Todas las películas, sin importar el tiempo, tienen una fecha de caducidad en términos de resolución, por lo que necesitan trabajos de conservación”, advirtió. Su llamado fue claro: proteger el legado de cineastas como Alcoriza, Buñuel o Gavaldón es una tarea urgente para las próximas generaciones.
Un reencuentro que trasciende
Al recibir la Medalla de la Filmoteca, Cuarón confesó que era el primer reconocimiento que la UNAM le otorgaba, un gesto que simboliza no solo la reconciliación entre el artista y su alma mater, sino también el reconocimiento de una trayectoria que ha dejado huella en México y el mundo. Entre aplausos, porras y memorias compartidas, Alfonso Cuarón selló un capítulo de su vida donde el arte, la perseverancia y el orgullo universitario se entrelazan para siempre.

















































