«Sin la ayuda del Fondo, la salida será muy penosa para los argentinos» – GENTE Online
 

"Sin la ayuda del Fondo, la salida será muy penosa para los argentinos"

Eran casi las tres de la tarde en el salón de reuniones de la AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos) y los negociadores del Fondo Monetario Internacional y el gobierno argentino -ente ellos el titular de la
AFIP, Alberto Abad- se movían algo inquietos en sus asientos. El hambre ya no los dejaba pensar con la misma claridad que cuando empezaron la pulseada, justo antes de la hora del almuerzo. Para alivio de los famélicos estómagos, una bandeja de simples de miga aterrizó en medio de la mesa. Muchos suspiraron aliviados. Pasaron varios minutos. Todos esperaban (al límite de sus nervios) que el enviado del FMI, Anoop Singh, atrapara un sándwich. Por fin, el indio se decidió por uno de queso. Lo mordisqueó lentamente (como las gestiones Argentina-FMI) y lo abandonó en la mitad. Respiró. Tomó un sorbo de agua. Y dijo: "Señores, hemos comido mucho". Sus interlocutores lo festejaron como el mejor de los chistes. Sin embargo, Singh no se rió y disparó por enésima vez en esta semana su frase predilecta al cerrar una reunión: "Señores, se terminó la reunión. Ahora veremos si se logran los objetivos". Esta vez, a ninguno se le esbozó siquiera una semisonrisa…


EL ARSENAL INDIO.
Durante las 72 horas en que GENTE siguió a este enigmático personaje oyó varias veces el mismo tono y la misma frase, tanto de él como del vocero del FMI, el brasileño Francisco Baker: "No vinimos a hacer marketing. No nos interesa dar imagen de simpáticos o tiernos. Estamos un día en Buenos Aires, pero mañana puede tocarnos Kuala Lumpur o Moscú. Nuestra función es lograr acuerdos concretos y lógicos".

Por eso Singh instaló su cuartel general en el segundo piso del Sheraton Park Towers, con entrada prohibida incluso para los dieciséis miembros de la delegación del Fondo. ¿Su arsenal? Dos computadoras, una casi interminable resma de papel, su inseparable portafolio de cuero Samsonite, un teléfono celular pegado a la oreja derecha para hablar con la temida Anne Krugger, su jefa, la cucaracha-audífono que le hace traducción simultánea, porque no habla ni una coma de castellano, y el reloj Omega con la hora de Washington. ¿Su rutina? La misma todas las mañanas. A las siete y media con su equipo de asesores. A las 8:30 una primera reunión con algún funcionario argentino. Invariable, igual, constante…

por Alejandro Sangenis
fotos: Diego Soldini, Leandro Montini, Diego García y Leo Zavattaro

Apenas aterrizado, mister Singh fue a la Casa Rosada para comenzar su raid de entrevistas. Poco después se encontró con Remes Lenicov.

Apenas aterrizado, mister Singh fue a la Casa Rosada para comenzar su raid de entrevistas. Poco después se encontró con Remes Lenicov.

Hizo una reverencia ante Chiche Duhalde. No paró de hablar por su celular con Anne Krugger, su jefa en Washington. Con Raúl Alfonsín no hubo sutilezas, sólo saludos de ocasión. El viernes por la noche Singh se animó a ir a comer su plato favorito -curry indio- en la residencia del embajador de la India en Belgrano R.

Hizo una reverencia ante Chiche Duhalde. No paró de hablar por su celular con Anne Krugger, su jefa en Washington. Con Raúl Alfonsín no hubo sutilezas, sólo saludos de ocasión. El viernes por la noche Singh se animó a ir a comer su plato favorito -curry indio- en la residencia del embajador de la India en Belgrano R.



 
 

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