La noche del jueves 19 de febrero de 2026, la rutina del anestesiólogo Alejandro Zalazar no parecía escapar a la normalidad de cualquier trabajador de la salud porteño. Sin embargo, la mañana del viernes 20, la preocupación invadió a sus colegas de la Fundación Favaloro cuando no se presentó a su guardia médica.
Al ingresar a su departamento ubicado en Juncal al 4600, el escenario fue desolador: Zalazar fue encontrado sin vida sobre el piso, vestido con la misma ropa deportiva que había usado la noche anterior para ir al gimnasio, y con una vía intravenosa conectada a su pie derecho. A su lado se hallaron elementos que cambiarían por completo el rumbo de la causa judicial: una jeringa, una ampolla y un frasco compatibles con fentanilo y propofol, potentes depresores del sistema nervioso.
La Justicia no tardó en confirmar, gracias al análisis de trazabilidad, que los insumos encontrados en la escena del hecho pertenecían a lotes faltantes del Hospital Italiano.
El minuto a minuto: la reconstrucción en imágenes
Gracias a las cámaras de seguridad del edificio, los investigadores lograron trazar una línea de tiempo sumamente precisa de los movimientos de Zalazar durante su último día de vida. Las grabaciones aportaron piezas clave al rompecabezas de las horas previas a su fallecimiento:
- 08:05 hs: Alejandro sale de su domicilio vestido con una remera blanca, short negro, zapatillas y una riñonera cruzada en el pecho, listo para encarar su jornada laboral.

- 20:06 hs: Tras su paso por la zona del Hospital Gutiérrez, el médico regresa a su edificio manteniendo la misma indumentaria, pero llevando consigo una bolsa en la mano.

- 20:55 hs: Permanece menos de una hora en su hogar y vuelve a salir, esta vez vestido con ropa deportiva y sosteniendo su celular, en dirección al gimnasio del cual era socio.

- 22:01 hs: Se produce el último registro visual de Zalazar con vida. Ingresa al complejo saludando al personal de seguridad, vestido con su ropa de entrenamiento y sosteniendo un misterioso sobre cuya procedencia y contenido son, hasta hoy, una de las mayores incógnitas para los investigadores.

"Me agarró el bajón": el último intercambio de WhatsApp
Ya en la intimidad de su hogar, Zalazar mantuvo un último contacto telefónico con su mejor amigo y colega, F.M.T.. La idea inicial era encontrarse esa misma noche para ir a un bar y pasear al perro. Sin embargo, la charla, que fue aportada al expediente por el propio testigo, tomó un giro inesperado.

Tras aceptar el plan inicial, el anestesista dejó de responder por varios minutos. Cuando retomó el contacto a través de WhatsApp, su estado de ánimo había cambiado rotundamente: "Uh, me quedé dormidísimo", se justificó primero. Poco después, envió el que sería su último mensaje: "Perdón doc, me agarró el bajón, pero mal. Perdón, posta. Podemos (hacer) algo mañana bien temprano".
Su amigo interpretó el mensaje como un desánimo puramente emocional, relacionado con una reciente ruptura de pareja que Zalazar estaba atravesando. Aceptó postergar el plan y se tranquilizó con la promesa de verse al día siguiente. Una promesa que jamás llegó a concretarse.
El escándalo de las "Propo Fest" y el Hospital Italiano
Lo que inicialmente era investigado por el fiscal Eduardo Cubría como una averiguación de causales de muerte (la autopsia arrojó un edema pulmonar severo), rápidamente colisionó con otra causa explosiva a cargo del juez Javier Sánchez Sarmiento: el robo sistemático de fármacos hospitalarios.
La prematura muerte de Zalazar operó como el detonante que sacó a la luz la existencia de las alarmantes "Propo fest". Se trata de reuniones clandestinas donde personal médico presuntamente administraba drogas de uso exclusivo hospitalario y anestésico (como el propofol y el fentanilo) con fines puramente recreativos, induciendo a los participantes a "viajes controlados" de relajación extrema bajo una riesgosa supervisión.

A raíz del faltante detectado de manera interna y de los lotes incautados en el domicilio de Zalazar, el Hospital Italiano inició un sumario que derivó en la imputación de dos profesionales de la salud vinculados a la sustracción de los medicamentos: el anestesista Hernán Boveri y la residente Delfina "Fini" Lanusse. En los últimos días, ambos profesionales fueron inhabilitados para ejercer la medicina mientras avanza con paso firme la causa por administración fraudulenta.
Actualmente, mientras los peritos tecnológicos intentan destrabar el celular bloqueado de Zalazar para buscar nuevos nexos y responsabilidades, la Justicia aguarda los resultados toxicológicos definitivos. Estos análisis serán determinantes para confirmar las sustancias químicas presentes en su organismo y esclarecer, de una vez por todas, la hora exacta de su muerte y su fatal vínculo con el mercado negro de insumos médicos.
