El grave caso de bullying en Catamarca: un psicólogo revela las señales de alerta que los adultos no deben ignorar y analiza qué hay detrás de la crueldad adolescente – Revista GENTE
 

El grave caso de bullying en Catamarca: un psicólogo revela las señales de alerta que los adultos no deben ignorar y analiza qué hay detrás de la crueldad adolescente

El grave caso de bullying en Catamarca-un psicólogo revela las señales de alerta que los adultos no deben ignorar y analiza qué hay detrás de la crueldad adolescente
Con el caso de Lucrecia como foco, Mel Gregorini, psicoterapeuta cognitivo-comportamental, explica en diálogo con GENTE cómo se articulan estos episodios sádicos y humillantes, qué factores pueden alimentar la violencia entre pares y qué responsabilidad tienen las familias y las escuelas para prevenirla.
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El caso de Lucrecia, una adolescente de 17 años de Catamarca, conmocionó al país tras la viralización de un video en el que una compañera del Colegio Privado Pía Didoménico relataba, entre risas, las agresiones y humillaciones que habría sufrido durante el viaje de egresados a Bariloche. Según denunciaron sus padres, el hostigamiento había comenzado meses antes, luego de la difusión no consentida de material íntimo de la joven.

La familia cuestionó la respuesta de la institución educativa y contó que la adolescente necesita acompañamiento psicológico y psiquiátrico. La repercusión del caso abrió un debate sobre la violencia digital, la crueldad grupal y la responsabilidad de las escuelas y los adultos frente a situaciones de acoso sostenido.

La mirada profesional resulta clave para comprender la complejidad de estas conductas, los mecanismos psicológicos que pueden sostenerlas y su impacto en la salud mental de las víctimas. A continuación, Mel Gregorini, psicoterapeuta cognitivo-comportamental, analiza la dinámica de hostigamiento grupal que se desplegó en el caso –descripta como una suerte de "cacería humana"–, explica qué factores pueden llevar a una persona a disfrutar del sufrimiento ajeno y por qué no es posible inferir rasgos psicopáticos a partir de un video o de una conducta aislada.

Además, comparte herramientas para detectar las señales de alerta y abordar este tipo de situaciones desde las familias y las instituciones educativas.

El caso de Catamarca que conmovió a toda la sociedad por la crueldad del bullying, que además fue expuesto en redes sociales. Finalmente, el colegio decidió expulsar a la joven que se vanaglorió públicamente de los hostigamientos a Lucrecia.

Qué define realmente al bullying y en qué momento deja de ser “una broma”

Para Gregorini, la diferencia entre un chiste de mal gusto y el bullying no es una cuestión de intensidad sino de tiempo y dirección: “El bullying se sostiene a través del tiempo y consiste en un hostigamiento constante hacia una persona determinada, transformándose en violencia psicológica y emocional”, explica. Y agrega: “Deja de ser un chiste para convertirse en un tipo de violencia específica hacia un individuo con características particulares".

Las formas son variadas pero reconocibles: "Descalificaciones reiteradas como burlas sobre el aspecto físico, cuestionamientos a la capacidad intelectual o cognitiva o incluso el uso de términos clínicos como arma de humillación –'bipolar', 'esquizofrénico'– que son especialmente frecuentes en la actualidad". Cuando esta dinámica escala al plano grupal, el mecanismo cambia de naturaleza: “Ahí se produce la identificación de las masas y la disolución del ‘yo’. En ese punto, la manada se convierte de repente en una cacería humana sobre una víctima que se encuentra en inferioridad de condiciones y con todos sus derechos vulnerados".

En esos casos, advierte Gregorini, la responsabilidad es del grupo pero debe individualizarse: “Posteriormente se debe individualizar a cada componente que haya celebrado esta ‘ceremonia de cacería’ para impartir justicia de manera individual y colectiva a quienes sean indicados como culpables del hecho".

"Es deber social como individuos que vivimos en sociedad implicarse y parar el hostigamiento, tanto verbal, físico, emocional como psicológico", plantea el terapeuta Mel Gregorini.

El rol de la tecnología: "El problema no es la IA, es la empatía"

Frente a la tendencia creciente a señalar a la tecnología como causa principal de la violencia entre adolescentes, Gregorini matiza: el problema no es la herramienta sino quien la usa y cómo. Lo explica así: “Hoy en día se está observando a nivel mundial la tendencia al desuso del celular en los colegios debido a las violencias que emergen a través de estos dispositivos. El problema central en los adolescentes no es la inteligencia artificial en sí misma –la cual es una herramienta que viene a ayudar y será de gran utilidad–, sino su mala utilización".

El factor determinante, según el especialista, es la falta de empatía –una característica propia del desarrollo adolescente que, sin embargo, puede tener consecuencias graves cuando no se trabaja. “La capacidad empática del cerebro para ponerse en el lugar del otro es una herramienta fundamental, pero en los adolescentes todavía está en crecimiento y formación; por momentos se ve con dificultad, no registra tanto como en los adultos o falla, provocando graves consecuencias", sostiene.

De ahí que Gregorini insista en la necesidad de profundizar en "una educación sexual integrativa mucho más seria y sostenida, que incluya la dimensión del vínculo, el respeto y la empatía como contenidos centrales y no periféricos".

Cuando el hostigamiento genera placer: qué hay detrás de quien disfruta del sufrimiento ajeno

Uno de los aspectos más inquietantes del caso de Lucrecia fue la actitud de la compañera que relató las agresiones entre risas. Gregorini explica el mecanismo psicológico con precisión clínica y sin dramatismo innecesario.

Sobre el impacto psicológico en la víctima, Gregorini subraya: "Se produce el fenómeno del quemado o burnout: la mente se quema literalmente y deja de responder de manera normal, apareciendo sintomatología depresiva, ansiosa y somatizaciones.

“Cuando el hostigamiento se asocia con el goce, el sufrimiento ajeno y la euforia, se trata de una cuestión sádica. Esto puede transformarse posteriormente en un trastorno de personalidad grave, como el trastorno límite de la personalidad, o en la formación de una estructura de personalidad de tipo perversa, donde el agresor disfruta de la humillación de la otra persona, poniéndola en el lugar de víctima y gozando con su sufrimiento psicológico", señala el psicólogo.

La lógica interna de ese agresor, tal como la describe el psicoterapeuta, opera desde un lugar de poder distorsionado: “No me importa lo que te pase, a mí lo que me gusta es ver qué te pasa porque me hace sentir bien y me da placer. Verte vulnerable me hace ver bien porque tengo poder y soy el dueño del circo que te maneja como un objeto".

Sin embargo, Gregorini es categórico en un punto que resulta fundamental para leer el caso sin reduccionismos: no es posible diagnosticar psicopatía a partir de un video o una conducta aislada. “En la psicología, esto se estudia como un ‘psicópata en ciernes’ o en crecimiento. Si el joven alcanza la mayoría de edad manteniendo estas conductas, el diagnóstico clínico correspondiente es un trastorno de personalidad de tipo psicopático”, aclara. Pero llegar a esa conclusión requiere evaluación profesional, tiempo y contexto –no una captura de pantalla viral.

Las señales que las familias no deben minimizar

¿Cómo saber si una adolescente está siendo víctima de acoso sostenido? Gregorini identifica una señal de alerta central que los adultos suelen subestimar: el aislamiento.

“La familia debe tener muy en cuenta el normal funcionamiento que corresponde a la edad de la joven y bajo ningún punto de vista minimizar los cambios. Las conductas de los jóvenes siempre deben ser proactivas hacia la independencia, la socialización, la participación en un club, las salidas o el ir a bailar", indica.

Cuando ese impulso natural hacia el afuera se interrumpe y la adolescente empieza a recluirse en su habitación o a encerrarse en su propio mundo, es el momento de intervenir. "No mañana. No cuando mejore sola: ahora", destaca Gregorini.

"Los cambios en la conducta siempre tienen que ser proactivos de independencia, no de reclutarse hacia el interior de una habitación o encerrarse en su propio mundo", señala el experto al referirse a las señales que se deben atender en niños y adolescentes.

El daño que deja el acoso sostenido: cuerpo y mente en alerta

El impacto de un hostigamiento sostenido no es solo emocional: se instala también en el cuerpo. “El daño de un acoso sostenido provoca un quiebre literal en la mente de la víctima, manifestándose también a través del fenómeno del ‘quemado’ o burnout, donde la mente se quema literalmente y deja de responder de manera normal”, describe Gregorini. Ese quiebre desencadena sintomatología depresiva y ansiosa, y se expresa físicamente a través de somatizaciones: dolores de cabeza, problemas digestivos, alteraciones en la alimentación.

Ante ese panorama, el psicoterapeuta es contundente respecto de lo que no se le puede pedir a una víctima: “La víctima no tiene ninguna responsabilidad por lo sucedido, ya que ha sido objeto del mal accionar, la conducta patológica o la enfermedad mental de un tercero. Por lo tanto, no tiene por qué aceptar el maltrato, ni se le puede pedir ‘que sea fuerte’.” Lo que corresponde, en cambio, es acompañamiento real: tratamiento, mensajes de apoyo, abrazos, salidas y un sostenimiento afectivo genuino.

Cómo deben actuar las escuelas

La respuesta institucional ante un caso de bullying tiene sus propias reglas, y una de las más importantes es evitar lo que Gregorini define como revictimización: tratar a la víctima como si fuera responsable de su propio padecimiento, sugerir que fue elegida por tener un trastorno previo o minimizar lo ocurrido.

“La escuela debe intervenir de inmediato en cuanto detecta episodios de hostigamiento o el uso de lenguaje violento entre compañeros para evitar un daño psíquico e intrapsíquico”, señala el especialista. Esa intervención implica activar protocolos de cuidado psicológico intensivo y psicoeducación –individual, grupal e institucional–, y los gabinetes de orientación escolar tienen la obligación de detectar, evaluar, exigir tratamiento y, de ser necesario, realizar la denuncia pertinente

Al analizar el testimonio público contra la víctima de Catamarca, el psicólogo asegura: "Estamos hablando casi de la formación de una estructura de personalidad de tipo perversa, en donde disfruta la humillación de la otra persona y goza con su sufrimiento psicológico".

“Proteger es alojar, escuchar, ayudar y cobijar institucionalmente”, resume Gregorini.

En cuanto a los padres del agresor, el psicoterapeuta no deja margen para la evasión de responsabilidad: “Al ser responsables de un menor, deben plantearse qué tipo de educación le brindaron a esa persona, asumir la responsabilidad que les cabe y adoptar medidas correctivas urgentes para corregirlo lo más posible y frenar la vulneración de los derechos ajenos".

–¿Es posible la reparación y el arrepentimiento genuino en estos escenarios?

–Las disculpas rutinarias no suelen ser suficientes ni logran un arrepentimiento genuino, a menos que se traduzcan en acciones muy concretas, específicas y demostradas a lo largo del tiempo y de los actos; de lo contrario, se trata de una mera simulación. El arrepentimiento social suele funcionar cuando el agresor expone públicamente su arrepentimiento en redes sociales (a través de videos donde piden perdón) o brinda charlas testimoniales en colegios e instituciones, reconociendo su equivocación como un aspecto a mejorar de manera consensuada. Para que exista un proceso de curación real, se requiere que el agresor tome conciencia de su error y pida una disculpa genuina.

–Y por último, ¿cómo es el proceso de sanación de la víctima de bullying?

–La víctima debe transitar su propio proceso atravesando etapas de duelo, sanación y comprensión del daño infligido para empezar a salir de esa situación caótica y perturbadora. Este camino se consolida desde la aceptación de ambas partes –el que se equivocó y el que fue lastimado– y el perdón recíproco. Finalmente, cabe destacar que detener el hostigamiento (ya sea verbal, físico, emocional o psicológico) es un deber social y ciudadano de todos los que son testigos, quienes tienen la obligación de ajustarse a las normas y frenar la violencia en comunidad.


 
 

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