La familia de Ángel López volvió a tomar la palabra con un mensaje directo y en primera persona. Esta vez no fue a través de un escrito, sino de un video grabado en el comedor de su casa, en el que José, papá biológico del nene, y Lorena Andrade, su pareja y madre adoptiva, hablan mirando a cámara.

El registro fue publicado en las redes sociales del abogado Roberto Castillo, representante de la querella. Un detalle atraviesa la escena y le suma un peso emocional evidente: Lorena sostiene un muñeco de Spider‑Man, un objeto que —según explican— pertenecía a Ángel.
El video aparece en un momento sensible del caso, atravesado por versiones cruzadas y discusión pública sobre información técnica del expediente. Desde el arranque, José plantea el motivo de la grabación: dice que el día anterior “escuchamos y vimos en los medios” que “se filtraron” datos de estudios vinculados a su hijo y sostiene que eso “no es cierto” para ellos.
A partir de ahí, organiza su mensaje alrededor de una idea que repite una y otra vez: Ángel era un niño sano. “Mi hijo vivió cuatro años conmigo. Yo sé muy bien si él tenía una enfermedad… Mi hijo fue un niño sano que no tenía ningún problema respiratorio”, afirma, y agrega: “No tenía ninguna enfermedad. Nunca padeció de nada”.
Esa negación se combina con una acusación más amplia: José interpreta la circulación de esa información como un intento de “desviar el tema” y de “ocultar” lo que define como corrupción en el ámbito judicial local. Menciona puntualmente a la Fiscalía de Comodoro Rivadavia y habla de una “información” que estaba “corriendo en las redes”. Lejos de tomarla como un golpe para la causa, asegura que para ellos es “más positivo” porque, dice, deja a la vista “la corrupción que hay acá”.
En su relato, hay un hito temporal que presenta como detonante del escenario actual: José cuenta que el miércoles se fue a realizar una denuncia penal contra distintos actores institucionales —menciona a una psicóloga, a un juez y a una defensora— y sugiere que, “en base a esa denuncia”, aparece ahora la versión de que su hijo habría muerto por una enfermedad previa. En esa secuencia, la conclusión que propone es tajante: “Están queriendo encubrir a los asesinos”, dice, y sostiene que el objetivo sería que los imputados “queden en libertad”.
A lo largo del video, José insiste en que la muerte de Ángel no fue natural ni consecuencia de una patología preexistente, y vuelve sobre lo que, para él, es el núcleo de la causa: los golpes. “No me van a venir con cuentos… de que mi hijo falleció por muerte natural o una enfermedad”, afirma. Y en otro tramo refuerza: “Ángel no murió por una enfermedad… Ángel fue golpeado en la cabeza”. También menciona números de manera reiterada —habla de “veinte” y “veintidós” golpes— para subrayar su convicción sobre el cuadro de violencia que denuncia.
El mensaje incluye, además, referencias a lo que describen como un contexto de maltrato y abandono. José menciona prácticas de castigo (“lo bañaban con agua fría”) y condiciones que, según su testimonio, habría sufrido el nene (pasar frío, hambre y dormir en un lugar inadecuado). Son afirmaciones graves que presenta como parte de lo que quieren que se investigue y sancione, y las utiliza para sostener que “hay muchas más pruebas” de que Ángel “fue asesinado”.
Otro fragmento del video suma un dato que José expone como evidencia: asegura que la hija de una de las personas imputadas habría dicho que “le pegaban” al nene cuando ella estaba presente. Para él, esa mención refuerza la idea de que “hay más evidencia” y “más pruebas” para que “no salgan de la cárcel”. En paralelo, reclama que también den explicaciones —y eventualmente sean investigados— funcionarios a los que nombra en cámara: un juez, una defensora, una psicóloga y una asistente social.
En esa misma línea, José enfatiza que no confía en la Justicia local y que, en el presente, su confianza está depositada en el equipo legal de la querella: “Confiamos… en el único que hoy en día tenemos, Castillo… y el equipo”, expresa. También se queja de la falta de “seriedad” en la información que circula y marca un punto que considera inadmisible: que la familia y su abogado se enteren por “filtraciones” y no por canales formales.
Hacia el final, el tono se endurece y el video se vuelve un manifiesto de resistencia: José afirma que van a “ir a fondo” y repite que la carátula “no se va a cambiar”, advirtiendo que si la Fiscalía impulsara una modificación, para ellos sería un dato para “prestar atención” a lo que está pasando. Entre reclamos, enojo y expresiones cargadas de dolor, el mensaje cierra con una idea central: para la familia, la versión de una enfermedad “plantada” no corre el eje del caso. En su discurso, la pelea es doble: por la verdad judicial y por la memoria de Ángel.
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