Lo que en un primer momento pareció ser apenas un incendio de grandes dimensiones en una casa precaria de Villa Lugano tomó en las últimas horas un giro escalofriante. Días después de que las llamas arrasaran una vivienda ubicada en el cruce de la avenida Lisandro de la Torre y Fernández de la Cruz, fueron encontrados restos humanos entre los escombros y la principal hipótesis es que podrían pertenecer a Domingo Anelo, un hombre que era buscado por su familia desde el 3 de junio.

El siniestro ocurrió el 3 de junio y demandó un fuerte operativo de emergencia. El fuego afectó una casilla de chapa y madera dentro de un terreno y obligó a trabajar a cuatro dotaciones de Bomberos de la Ciudad, además de personal del SAME, del Grupo Especial de Rescate y de la Policía de la Ciudad.
En esa primera intervención, las autoridades no reportaron víctimas fatales en el lugar, un dato que con el correr de los días empezó a ser puesto en duda por el entorno del hombre desaparecido.
El punto de inflexión en la causa fue la insistencia de Julián Anelo, hijo de Domingo. El joven estaba convencido de que había elementos que no cerraban alrededor del incendio y de la ausencia de su padre, que vivía en ese terreno. A partir de su propia búsqueda, reunió información, habló con vecinos y radicó una denuncia por averiguación de paradero, con la sospecha de que la desaparición y el fuego podían estar conectados.
Las dudas no eran menores. Vecinos de la zona le comentaron a Julián que no veían a Domingo desde hacía semanas y que, además, habían notado movimientos extraños alrededor de la propiedad, con personas que entraban y salían del lugar y retiraban pertenencias.
Esa reconstrucción alimentó una presunción todavía más grave: que el dueño del terreno podría haber intentado impedir el ingreso de terceros, que se hubiera producido una pelea y que el incendio hubiese servido para borrar rastros.
Con esos datos en la mano, Julián se contactó con la fiscalía que intervenía en la causa y pidió que el predio fuera inspeccionado otra vez. La segunda revisión cambió por completo el expediente.
En el nuevo procedimiento participaron perros especializados en búsqueda y fue allí cuando aparecieron restos humanos calcinados que no habían sido detectados durante el primer relevamiento posterior al incendio. El hallazgo, de inmediato, modificó la naturaleza del caso: de una averiguación de paradero pasó a una investigación con una posible muerte violenta detrás.
Hay otro dato que resulta especialmente delicado. En las actuaciones oficiales iniciales, había quedado asentado que tras el incendio no se habían encontrado cuerpos ni heridos entre los escombros. Por eso, la aparición posterior de restos humanos abrió nuevos interrogantes sobre el primer procedimiento, sobre las condiciones en que se realizó la inspección inicial y, sobre todo, sobre qué pudo haber ocurrido en el terreno antes de que el fuego consumiera la vivienda.
Por ahora, la identidad de los restos no fue confirmada de manera oficial. Lo que sí se sabe es que peritos forenses trabajarán sobre el material hallado y que se realizarán estudios de ADN para establecer si efectivamente pertenecen a Domingo Anelo. Incluso que Julián tenía previsto someterse a un análisis genético en los próximos días para avanzar con la comparación y despejar, de una vez, la principal incógnita de la causa.
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