Cada vez que Argentina e Inglaterra vuelven a cruzarse en una Copa del Mundo, la memoria viaja inevitablemente al Mundial 86, pero también a Francia 1998. Aquella noche del 30 de junio en Saint-Étienne quedó grabada para siempre en la historia de la Selección por el inolvidable triunfo por penales en los octavos de final.
Ahora, con la Albiceleste de Lionel Scaloni e Inglaterra nuevamente frente a frente, esta vez por un lugar en la final del Mundial 2026, también vuelve a escena uno de los grandes héroes de aquella clasificación: Carlos Roa.
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Vestido íntegramente de negro y con una serenidad que contrastaba con la tensión del momento, "Lechuga" fue el gran protagonista de la definición desde los doce pasos al contener el penal de David Batty, una atajada que selló el pase argentino y lo convirtió en uno de los nombres más recordados de esa histórica rivalidad.

Sin embargo, su historia tomó un rumbo muy distinto al de la mayoría de las grandes figuras del fútbol.
El retiro de Carlos Roa que dejó sin palabras al mundo del fútbol
Un año después de aquella actuación consagratoria, Roa atravesaba el mejor momento de su carrera. Era el arquero titular del Mallorca, había conquistado la Supercopa de España, alcanzado la final de la Recopa de Europa y ganado el prestigioso Trofeo Zamora como el guardameta menos vencido de la liga española.

Su nivel despertó el interés del Manchester United, que buscaba reemplazar a Peter Schmeichel y estaba dispuesto a realizar una importante inversión para contratarlo.
Pero cuando parecía destinado a dar el salto definitivo a la élite europea, sorprendió a todos con una decisión inesperada: anunció su retiro del fútbol profesional a los 29 años.
La fe por encima de la fama y el dinero
Profundamente creyente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Roa decidió priorizar sus convicciones religiosas antes que su carrera deportiva.
Entre ellas se encontraba el respeto absoluto del descanso sabático, que comienza al atardecer del viernes y se extiende hasta el sábado, una práctica incompatible con buena parte del calendario futbolístico europeo.

Junto a su familia se instaló en Villa de Soto, Córdoba, convencido de dedicar ese tiempo a su vida espiritual mientras esperaba, según su interpretación religiosa, el comienzo de una nueva etapa para la humanidad.
La noticia generó un enorme impacto internacional y transformó a Roa en uno de los casos más singulares que recuerde el fútbol moderno.
La batalla más difícil llegó fuera de la cancha
Tiempo después decidió regresar al Mallorca tras renegociar ciertas condiciones de su contrato, aunque el largo período de inactividad le hizo perder la titularidad.
Más adelante continuó su carrera en el Albacete, donde logró el ascenso a la Primera División española. Pero el desafío más duro todavía estaba por llegar.

En 2004 recibió un diagnóstico de cáncer testicular avanzado, una noticia que obligó a una cirugía de urgencia y a un largo tratamiento de quimioterapia.
Tras meses de recuperación logró vencer la enfermedad y protagonizó una nueva muestra de fortaleza: volvió a jugar profesionalmente antes de retirarse definitivamente con la camiseta de Olimpo de Bahía Blanca.
Cómo es hoy la vida de Carlos Roa
Lejos de desaparecer del fútbol, Carlos Roa encontró una nueva vocación en la formación de arqueros. Desde hace años integra los cuerpos técnicos encabezados por Matías Almeyda, con quien compartió diferentes proyectos internacionales.
Actualmente, a los 56 años, vive en Atenas y trabaja como entrenador de arqueros del AEK, uno de los clubes más importantes de Grecia, donde continúa aportando su experiencia y conocimiento.

Alejado de las redes sociales, del ruido mediático y de las polémicas, el hombre que hizo estallar de alegría a millones de argentinos en Francia 1998 eligió una vida mucho más silenciosa.
Mientras Argentina e Inglaterra escriben un nuevo capítulo de su histórica rivalidad en el Mundial 2026, la figura de Carlos Roa vuelve a ocupar un lugar especial. No sólo por aquella atajada inolvidable frente a David Batty, sino también por una vida marcada por decisiones poco comunes, una fe inquebrantable y una capacidad de resiliencia que fue mucho más allá del fútbol.
Fotos: Archivo GENTE ([email protected])
Jefa de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)
Material de archivo: Gustavo Ramírez

