En noviembre de 1966, Maserati presentó en el Salón del Automóvil de Turín un auto que resumía bastante bien lo que Italia entendía entonces por un Gran Turismo: motor potente, líneas espectaculares y la posibilidad de viajar muy rápido sin renunciar al confort. Se llamaba Ghibli y llevaba la firma de un joven Giorgetto Giugiaro, que por entonces trabajaba para la carrocería Ghia y todavía tenía buena parte de su enorme carrera por delante.

Sesenta años después, el modelo vuelve a ser noticia gracias a un Ghibli SS Coupé de 1970 que acaba de recibir la certificación oficial de Maserati Classiche. El ejemplar pertenece a la familia Maserati y sirve como excusa perfecta para recordar uno de los autos más fascinantes de la historia de la marca italiana.
El Ghibli original llamaba la atención incluso antes de poner en marcha su V8. Tenía un capot larguísimo, una carrocería extremadamente baja, faros escamoteables y una parte trasera fastback que le daba una silueta difícil de confundir. No era un deportivo pequeño: medía casi 4,70 metros y ofrecía una configuración 2+2, con dos plazas principales y otras dos mucho más pequeñas atrás.
Su misión era distinta a la de un auto de carrera. El Ghibli había sido creado para recorrer grandes distancias a mucha velocidad, una filosofía que durante aquellos años definía a los mejores Gran Turismo europeos.
Las primeras versiones utilizaban un V8 de 4,7 litros con unos 330 CV, una cifra ya considerable para finales de los años 60. Pero Maserati decidió llevar la fórmula todavía más lejos. Así apareció el Ghibli SS.

El motor creció hasta los 4,9 litros, la potencia llegó a 335 CV y una caja manual ZF de cinco velocidades enviaba toda la fuerza a las ruedas traseras. La velocidad máxima superaba los 280 km/h.
Hoy puede parecer simplemente otro número dentro del universo de los superdeportivos modernos. A comienzos de los años 70 era una cifra extraordinaria, conseguida sin controles electrónicos, sin ayudas de estabilidad y con una relación mucho más directa entre el conductor y el auto.
También fue un modelo exclusivo. Maserati fabricó apenas 425 unidades del Ghibli SS Coupé, una producción reducida que hoy lo convierte en una pieza especialmente buscada por los coleccionistas.
Su diseño también consiguió algo que pocos autos logran: impresionar incluso a quienes fabricaban automóviles.

Uno de sus propietarios más conocidos fue Henry Ford II, nieto de Henry Ford y entonces máximo responsable de la compañía estadounidense. La historia cuenta que hizo colocar su Ghibli dentro del centro de desarrollo de Ford en Detroit para que los diseñadores de la empresa pudieran observarlo de cerca.
El nombre provenía de un viento cálido del norte de África, una tradición que Maserati continuaría con otros modelos bautizados como Bora, Khamsin o Grecale. Y quizá haya algo apropiado en esa elección.
Porque el Ghibli original fue concebido para moverse rápido, pero también para dejar una impresión después de pasar. Sesenta años más tarde, ya no necesita hacerlo a 280 km/h. Le alcanza con estar quieto.






















































