Conciertos de rock, vinilos y charlas profundas: así es la íntima relación de Natalia Oreiro con su hijo de 14 años – GENTE Online
 

Conciertos de rock, vinilos y charlas profundas: así es la íntima relación de Natalia Oreiro con su hijo de 14 años

Natalia Oreiro
"Trato de que sea una persona crítica, incluso de lo que pensamos sus padres", confiesa la actriz al hablar de la crianza de su hijo, Merlín Atahualpa.
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Consagrada como una de las actrices más completas y queridas a nivel internacional, Natalia Oreiro (49) atraviesa un gran presente profesional con el reciente estreno de Nada entre los dos, la película romántica que coprotagoniza junto a Gael García Bernal y que ya se encuentra en las carteleras de los cines. Sin embargo, cuando las luces de los sets se apagan y los trajes de colores regresan al vestidor, la artista uruguaya se sumerge en el rol más desafiante y gratificante de su vida: el de ser mamá.

En una charla íntima con GENTE, Natalia habló en profundidad de su hijo, Merlín Atahualpa, el adolescente de 14 años que de solo mencionarlo le provoca una sonrisa.

Aunque no suele mostrar la cara de "Ata" en sus redes sociales, en el último día de la madre compartió esta foto junto a "su vida entera".

Criar desde el ejemplo, y desde el corazón

Lejos de las estructuras rígidas o los discursos armados, la actriz aborda la crianza desde la coherencia diaria. "Creo que uno enseña más con lo que hace que con lo que dice. Yo puedo hablarle a mi hijo mucho sobre un tema, pero si luego él ve que yo hago todo lo contrario en mi día a día...", reflexiona con sensatez.

–¿Qué le inculcás?

–Para mí lo más importante es su inteligencia emocional, pero también trato de que sea una persona crítica, incluso de lo que pensamos sus padres. Y eso es algo que charlamos muy a menudo sobre cualquier cuestión. Yo le digo: "Este tema es importante, vamos a hablarlo". Entonces le comento lo que pienso, que a veces no coincide con lo que piensa su papá. Sin embargo, lo que trato de mostrarle es que podemos terminar poniéndonos de acuerdo en un mismo punto. Pero siempre le decimos: "Esto es lo que nosotros creemos, no lo que vos tenés que creer. Vos tenés que escuchar a tus amigos, a tus maestros, a las personas que querés, a los que no querés, y con toda esa información hacerte una idea personal". Porque si no nos convertimos en repetidores de algo que a alguien se le ocurrió que era así.

A sus 49 años, la actriz asume la crianza de Merlín Atahualpa desde la conversación profunda, la empatía y la escucha activa.

–¿Y lo ves frenar a analizar las situaciones?

–Sí, sí. Es muy inteligente emocionalmente hablando, y también es una persona muy mediadora.

–¿Lo heredó de vos?

–Puede ser, o lo trajo, ¿no? Porque cuando me preguntan a quién se parece, yo digo a él. Porque realmente tiene su personalidad. Yo soy así ahora, pero de chica no, cuando tenía la edad de él... (se empieza a reír con esa frescura que paraliza cualquier ficción) ¡olvidate!, no sé si era así. Pero bueno, son distintos momentos. Nosotros hablamos mucho, estamos mucho con él. Elegimos acompañarlo en sus gustos y le proponemos cosas que quizás no conoce pero creemos que le pueden hacer bien.

–¿Esos gustos llevan a que en tu casa se escuchen cosas que nunca en la vida hubiesen escuchado?

–Eh... bueno, no, escuchamos bastantes cosas parecidas. Él escucha bastante música en vinilo desde muy chiquito, somos bastante analógicos en ese sentido. El otro día fue con su padre (N. de la R.: Ricardo Jorge Mollo, 68, cofundador, vocalista y guitarrista de Divididos) a ver a Robert Plant, y el mes pasado fuimos los tres a ver a AC/DC. Así que compartimos muchos gustos musicales. Quizás yo escucho cosas que por ahí él no, pero siempre le digo que uno tiene que estar abierto a los gustos, porque en la música no hay nada que esté mal. Te puede gustar o no, pero si a otra persona le gusta, es respetable. Yo creo que uno tiene que encontrar el disfrute en todo.

Un recuerdo artístico del verano del 2012, cuando transitaba las últimas semanas de su deseado embarazo.

–Ya pasaron 14 años desde que tuviste a Merlín Atahualpa en tus brazos por primera vez. ¿Te gustaría tratar de detener un poco el tiempo?

–Sí, pero no como un deseo de aferrarme a algo para que eso no suceda, que a veces pasa cuando tenés un hijo que crece tan rápido. A mí me pasa que lo veo crecer tan bien, tan feliz y que está siendo más independiente y teniendo sus elecciones, que me parece bien que sea así. Lo que sí me interesaría es poder detener mi propia vorágine mental, porque a veces uno está con demasiado estímulo mental y... y es al pedo (se muerde el labio mientras sacude la cabeza). Porque no es el estímulo que hace mella, ¿no? Es esa cosa de querer estar más afuera que adentro. Pero bueno, es un mal actual.

–Lo bueno es que podés interpretar que eso no te gusta como para poder ver cómo cambiarlo.

–Sí, eso es lo bueno. Lo malo es que cuando sabés de algo que no te gusta y no lo cambiaste, te frustra.

"Creo que uno enseña más con lo que hace que con lo que dice", asegura la artista uruguaya sobre el espejo diario en el que busca reflejarse para criar a su hijo adolescente.

–¿Sos de frustrarte?

–¿Quién no?, pero también es necesario. Porque es parte de la vida y porque si no te frustrás, no tenés resiliencia. Uno tiene que aprender. Y la única forma, a veces, es frustrándote, equivocándote y volviéndolo a intentar. Y así. Porque la vida es eso.

–Siempre hay que volverlo a intentar.

–Siempre hay que darle la vuelta. ¡Siempre! (Exclama con una sonrisa revelándonos otra de las tantas enseñanzas que día a día le transmite a su único heredero)

Fotos: Gentileza @nico_asta y @AgenciaFS
Agradecemos a Silvana Waisberg



 
 

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