La semana pasada, el universo gastronómico de Buenos Aires vibró con la llegada de las nuevas estrellas Michelin, y uno de los grandes protagonistas fue Han. Este exclusivo refugio ubicado en la calle Vera 966 logró alzarse con su primera estrella gracias a una propuesta que no busca replicar la cocina tradicional de Corea, sino elevarla utilizando productos nacionales.
Apenas unos días después del torbellino emocional que significa entrar a la guía más prestigiosa del mundo, su chef y propietario, Pablo Park, charla con GENTE. Lejos de la estridencia, Pablo confiesa que está procesando la noticia con mucha calma y todavía intentando asimilar el impacto. La gran noticia lo tomó por sorpresa en su casa, lejos de cualquier evento de gala: "Me llamó Diego, de prensa. Yo no estaba ni al tanto y de la nada me llegó su llamado. ¡Fue lindo la verdad!", cuenta entre risas.

Las primeras a las que se los contó fueron su esposa, Guadalupe, y sus dos hijas, Aria de 12 años y Lena de 9, "que se pusieron re orgullosas". Al mencionarlas, el chef regala un divertido ida y vuelta que pinta de cuerpo entero la intimidad familiar. Ante la inevitable pregunta de si el nombre de sus hijas era un homenaje a las protagonistas de Game of Thrones, él se apresura a aclarar el malentendido: "No, no. Aria es por la ópera... y Lena porque queríamos un nombre de cuatro letras". Ellas son su motor diario, y Pablo no duda en reconocer el enorme trabajo de su esposa para sostener el equilibrio del hogar mientras él se pasa horas inmerso en la exigencia de la alta cocina.
De los aromas invasivos a la máxima excelencia
La historia de Pablo Park es la de un reencuentro profundo con sus raíces. Nacido en La Plata en el seno de una familia de inmigrantes coreanos, no siempre se sintió cómodo con la herencia culinaria que lo rodeaba. De hecho, confiesa que durante su infancia la comida de su casa representaba un pequeño complejo. "Cuando era chico era medio vergonzoso, porque la cocina coreana tiene sabores muy fuertes o tiene productos que tienen mucho olor, entonces me daba cosa", recuerda sobre esos años en los que temía llevar sus viandas al colegio por miedo a las miradas "raras" de los demás.

Irónicamente, la vida se encargó de demostrarle que ese exacto abanico de aromas, los fermentos y el clásico kimchi de su abuela, serían la llave para tocar el cielo con las manos en el mundo de la gastronomía. Pero el camino no fue lineal. Antes de calzarse el delantal, Pablo estudió Arquitectura en la UBA y cursó hasta el segundo año, momento en el que decidió dejar los tableros para meterse de lleno entre los fuegos.
Esa formación arquitectónica, sin embargo, jamás lo abandonó. Su visión de la alta gastronomía se gestó a fuego lento bajo un concepto muy poderoso: el "Han". En la cultura de su familia, esta palabra no es un detalle estético, sino la definición profunda de la memoria transformada en fuerza y de la resiliencia convertida en identidad. Toda esa tenacidad fue necesaria para sortear los cinco años de trabajo, la pandemia, la falta de gas y las interminables trabas burocráticas que debió superar hasta lograr la gran apertura en 2024.
La experiencia Han: un búnker irrepetible
Cruzar la puerta de Han es adentrarse en un mundo aparte. El ingreso, diseñado como si fuera un refugio cerrado, da paso a un túnel metálico que desemboca en un salón de techos altos, iluminación tenue y un imponente jardín vertical. El gran protagonista visual es un gigantesco hanbok -la vestimenta tradicional coreana- que cuelga de la pared y envuelve la escena.

En Han no hay mesas separadas. Todo sucede alrededor de una gran barra en forma de "U" donde dieciocho comensales disfrutan de la cocina completamente a la vista, generando una interacción íntima con el equipo de cocineros.

Y el menú no es estático, sino que evoluciona en forma de "capítulos" narrativos que fusionan ingredientes locales con técnicas ancestrales.
Quienes logran conseguir una preciada reserva pueden elegir entre dos experiencias: el Chef's Selection (una entrada más ligera al universo de Park por $180.000) o el Chef's Counter, un recorrido profundo y expresivo (por $230.000).

El gran protagonista que deslumbró a los inspectores de la Guía Michelin -según ellos mismos cuentan en su página web- es su icónico Mandu ceremonial, "un ravioli coreano de buen tamaño relleno de lengua de vaca al jang-jorim, acompañado de kimchi blanco con batata morada y caldo de frutas". Además, asegunra que esta "es una experiencia que no hay que dejar escapar".
Ante semejante éxito, la pregunta sobre una posible expansión de la marca resulta inevitable. Sin embargo, Pablo es tajante y demuestra el inmenso respeto que le tiene a su proyecto: "No abriría otro Han... no replicaría Han como tal". Aunque asegura que mantendrá su línea cultural en nuevos desafíos gastronómicos y hoteleros, el chef tiene claro que este restaurante es un ecosistema único que perdería su magia si se intentara franquiciar. Su obra maestra es una sola, y hoy brilla con luz propia en el firmamento Michelin.
Agradecemos a Diez Comunicación
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