El arrollador éxito de la nueva serie sobre la vida de Moria Casán no solo conquistó los rankings de streaming, sino que desató una verdadera fiebre nacional por repasar el inagotable archivo mediático de la diva. Y si hay un capítulo que parece guionado por la pluma más delirante de la televisión, es su recordado paso por la Justicia paraguaya.
La historia es conocida: a fines de julio de 2012, Moria viajó al Centro de Convenciones de la Conmebol en Luque para encabezar un Fashion Show. Esa noche lució una gargantilla y aros prestados por el joyero Armando Benítez, valuados en 80.000 dólares. Al día siguiente, cuando estaba a punto de tomar su vuelo de regreso en el aeropuerto Silvio Pettirossi, fue detenida porque las alhajas nunca aparecieron. Y mientras la noticia paralizaba a los portales de espectáculos de toda Latinoamérica, en Buenos Aires, su hija Sofía Gala recibía el impacto de la peor manera posible.

Para entender el detrás de escena de aquel escándalo, hay que viajar a octubre de 2012. Ese año, invitada al living de La Pelu -el exitoso magazine liderado por Flor de la V-, una jovencísima Sofía Gala decidió romper el hermetismo y contar, con un nivel de honestidad brutal y muchísimo humor negro, los minutos de terror que vivió al enterarse de que su madre había sido arrestada en un país vecino.
El llamado del terror y el fantasma de "Midnight Express"
La anécdota, relatada con la frescura inconfundible de Sofía, arranca en la tranquilidad de su hogar. "Me llama el novio de mi mamá, Bruno, que siempre está muy acelerado a cualquier hora del día", comenzó recordando la actriz. "Yo estaba mirando la tele con mi marido, súper relajada. De repente me dice: 'Escuchame, te voy a decir algo pero no seas boluda... a tu mamá la detuvieron en Paraguay'".
El gran problema, según relató la hija de la diva, es que la pareja de su madre estaba tan alterado que omitió el pequeño detalle del collar desaparecido. "No me decía por qué. Entonces yo lo primero que pensé, dije: 'Drogas'", confesó Sofía ante las carcajadas de todo el estudio. Conocedora de la libertad de su madre, su cabeza voló hacia los peores escenarios: "Obvio, dije 'se fumó un porro, algo...'. Presa en el extranjero... ¡Ay no, Midnight Express, boluda! Yo me imaginaba yéndola a ver a mi vieja y pasándole cosas a escondidas".
La angustia inicial fue paralizante. Y ante la falta de información clara por parte del entorno que acompañaba a la capocómica, Sofía estuvo a punto de armar las valijas. "En un primer momento me preocupé de verdad y dije 'Chau, me voy a buscarla'. Fue bastante dramático porque él no me explicaba el motivo".
Un spa en la comisaría y el inconfundible ADN Casán
Desesperada, Sofía hizo lo que cualquier hija haría: ignorar las advertencias de los intermediarios y marcar el número de su madre. La respuesta que encontró del otro lado de la línea resume a la perfección por qué Moria Casán es un mito viviente del espectáculo argentino.
"La llamé igual, por supuesto. Me atendió y me tranquilizó enseguida", relató la actriz, todavía incrédula por la reacción de La One frente a las rejas. "Viste que a ella nunca le pasa nada... ¡Ella estaba en un spa! Me dijo: 'Todo bien, estoy acá, dormí mejor que en el hotel'".

Para Sofía, esa actitud descontracturada no era una pose mediática para blindar su imagen pública, sino la esencia pura de su madre. "La gente piensa que lo hace para la cámara, pero ella es así. Es una relajada que a veces molesta", sentenció con una mezcla de resignación y profunda admiración. Una vez comprobado que Moria estaba "feliz en la comisaría", Sofía desactivó el operativo rescate: "Tenía una paja... menos mal que no fui. Me tranquilicé y después ya nada".
Lo que en ese momento parecía una simple noche de demora, terminaría convirtiéndose en una causa judicial que recién se cerró en 2018. Incluso, las palabras de Sofía sobre la tranquilidad de su madre en prisión resultaron ser una profecía perfecta: cuando Moria volvió voluntariamente a Paraguay en 2015 para saldar sus cuentas y terminó pasando nueve días en la cárcel de mujeres del Buen Pastor, no solo no derramó una lágrima, sino que fue recibida con aplausos, organizó sesiones de belleza con las internas y vivió la experiencia penal, según sus propias palabras, "como si fuera un reality".


