En medio de los días vertiginosos que impone el avance del juicio penal por la muerte de su padre, Jana Maradona atraviesa un presente de profunda introspección. Hace poco, en una íntima charla con GENTE donde abordó desde los años en que mantuvo una "identidad reservada" para protegerse hasta su ferviente militancia feminista –la misma con la que, según confesó con orgullo, logró que el mismísimo Diego Armando Maradona pensara distinto en muchos aspectos–, la joven volvió a conmover a todos.
Esta vez lo hizo a través de sus redes sociales, compartiendo una postal inédita que resume la calidez de esos seis años en los que construyó un lazo indestructible con su padre, mucho más allá del astro que todos conocemos.

Nostálgica pero agradecida por el destino que los unió, Jana eligió una foto del baúl de los recuerdos donde se ve a un Diego auténtico, relajado y en su faceta más tierna: la de papá. Con el humor que lo caracterizaba, en la imagen el astro leía el suplemento deportivo del diario de modo muy concentrado.
Sin embargo, más allá del recuerdo y ver a un Diez súper real, de entrecasa, lo que verdaderamente caló hondo en sus seguidores fue la sentida reflexión con la que acompañó la publicación.

"Debí sacar más fotos", comenzó escribiendo con un dejo de arrepentimiento, una frase con la que cualquiera que haya perdido a un ser querido se puede identificar de inmediato. Acto seguido, la joven maquilladora –esa es su profesión elegida hoy, tras cursar cuatro años de abogacía– detalló qué es lo que hoy, a la distancia física y temporal, considera verdaderamente sagrado.

"Todos los días pienso que debí sacar cien mil fotos más y también pienso que están bien las que están y que no hay nada más valioso que lo real, el contacto, las palabras, los gestos de amor", continuó en la leyenda sobreimpresa en la foto.

Para Jana, "lo más valioso" no radicaba en la magnitud de la leyenda que envolvía a su padre, sino en la simpleza de los momentos cotidianos: las charlas compartidas, las risas espontáneas, los gestos de protección que marcaron el tiempo en que recuperaron los años perdidos y los recuerdos que son solo suyos.

Identidad, resiliencia y el puente hacia un Diego más deconstruido
Esta demostración de afecto no es un hecho aislado, sino el reflejo de la sensibilidad con la que Jana siempre habitó el hecho de ser una Maradona. Como ella misma relató en su perfil más íntimo con GENTE, su camino no fue fácil. Durante mucho tiempo en la lucha por su identidad y bajo el protectora de su madre, Valeria Sabalain, estuvo lejos de las luces del espectáculo, procesando puertas adentro lo que significaba ser la hija del hombre más famoso del planeta.

Cuando finalmente se dio el esperado encuentro en aquel gimnasio en 2014, nació un vínculo humano que transformó a ambos. Jana no solo encontró las respuestas que buscaba y el pedido de perdón de su padre por el tiempo ausente, sino que se convirtió en una de las pocas personas capaces de interpelarlo.

Con paciencia y desde sus firmes convicciones feministas, logró abrir debates en la mesa familiar, plantando bandera y logrando que Diego revisara estructuras y cambiara su perspectiva sobre realidades que antes le eran ajenas. Así lo contó en charla con este medio: "En su momento hemos hablado un montón de cosas con mi papá y creo que él también entendió muchas de las luchas que yo llevaba adelante. Durante una reunión familiar, él reconoció ante todos: 'Bueno, mi hija me hizo dar cuenta de tal cosa'. Para mí escuchar eso fue un regalo. Sentís que esa semilla que había plantado dio su fruto muy rápido".
Hoy, mientras la justicia busca esclarecer las circunstancias de los últimos días del ídolo, Jana prefiere refugiarse en el amor. Aunque hoy lamente no haber gatillado más veces la cámara de su celular, el posteo deja en claro que los registros más nítidos y valiosos no necesitan de una pantalla: quedaron grabados para siempre en su memoria y en su corazón.
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