El error que muchas personas cometen al guardar el queso en la heladera y hace que dure menos – GENTE Online
 

El error que muchas personas cometen al guardar el queso en la heladera y hace que dure menos

Guardar el queso en la heladera parece una tarea sencilla, pero hay un detalle que puede afectar su conservación, favorecer que se reseque, pierda sabor o desarrolle moho antes de tiempo.
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El queso necesita frío para conservarse, pero eso no significa que cualquier forma de guardarlo dentro de la heladera sea adecuada.

Uno de los errores más frecuentes consiste en dejarlo durante varios días dentro del envoltorio plástico con el que fue comprado, especialmente cuando se trata de quesos que se cortan en piezas.

El plástico puede acumular humedad alrededor del alimento y generar un ambiente poco favorable para su conservación.

La forma de envolver el queso debería adaptarse al tipo de queso y al tiempo que se pretende conservar.

En el caso de los quesos duros o semiduros, una alternativa práctica es envolverlos primero en papel para alimentos o papel manteca y luego colocarlos dentro de un recipiente con tapa.

De esta manera se evita que el queso quede completamente expuesto al aire frío y seco de la heladera, que puede hacer que pierda humedad y termine endureciéndose.

Los quesos blandos, por su parte, requieren mayor cuidado porque contienen más humedad.

En estos casos, conviene mantenerlos bien protegidos y revisar periódicamente que no se haya acumulado líquido dentro del recipiente.

El objetivo es proteger el queso sin encerrarlo en un ambiente excesivamente húmedo.

Otro error habitual es colocarlo en cualquier sector de la heladera.

La puerta puede parecer un lugar práctico porque permite tenerlo a mano, pero allí la temperatura suele sufrir mayores variaciones cada vez que se abre y se cierra.

Para una mejor conservación, suele ser preferible ubicarlo en una zona interior de la heladera donde la temperatura sea más estable.

También es importante mantenerlo separado de alimentos con olores muy fuertes.

El queso puede absorber aromas con facilidad, por lo que guardarlo junto a cebolla, pescado u otros productos de olor intenso puede modificar su sabor.

Un recipiente bien cerrado ayuda a evitar tanto la contaminación de olores como el contacto innecesario con otros alimentos.

¿Y qué ocurre si aparece una pequeña mancha de moho?

La respuesta depende del tipo de queso.

En quesos duros o semiduros, cuando se trata de una pequeña zona aislada, puede ser posible retirar una porción amplia alrededor y por debajo de la zona afectada, evitando que el cuchillo toque directamente el moho y luego vuelva a entrar en contacto con el resto del alimento.

En quesos blandos, frescos o cremosos, en cambio, el moho puede extenderse por zonas que no son visibles. En esos casos, ante la aparición de moho no deseado, lo más seguro es descartarlos.

No todos los quesos reaccionan de la misma manera ante la aparición de moho.

También conviene evitar comprar más cantidad de la que se va a consumir en un período razonable.

Aunque una buena conservación puede prolongar su vida útil, el queso continúa perdiendo calidad con el paso del tiempo.

En definitiva, guardar correctamente el queso no consiste simplemente en meterlo en la heladera. Evitar dejarlo expuesto, protegerlo con un envoltorio adecuado, mantenerlo en una zona de temperatura estable y separarlo de alimentos con olores fuertes puede ayudar a conservar mejor su textura y sabor durante más tiempo.



 
 

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