El pueblo bonaerense de 300 habitantes que atrae turistas por sus parrillas, pastelitos y calles tranquilas – Revista GENTE
 

El pueblo bonaerense de 300 habitantes que atrae turistas por sus parrillas, pastelitos y calles tranquilas

Con una antigua estación ferroviaria, una capilla centenaria y almacenes donde todavía se consiguen productos caseros, este rincón rural invita a pasar el día sin apuros. Su gastronomía tradicional y sus calles arboladas lo convierten en una alternativa para una escapada cerca de la Capital.
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Hay escapadas que no necesitan grandes atractivos ni itinerarios cargados de actividades. A veces, alcanza con una parrilla encendida, una mesa de campo y unas pocas calles para caminar después de almorzar. Esa es la propuesta de un pequeño pueblo bonaerense que conserva el ritmo tranquilo de la vida rural.

Se trata de Zapiola, una localidad del partido de Lobos que tiene alrededor de 300 habitantes y se encuentra a 97 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires.

Su cercanía con CABA permite organizar una visita de un día, especialmente durante los fines de semana, cuando llegan turistas atraídos por los asados, los productos regionales y la posibilidad de conocer un lugar donde buena parte de la historia sigue a la vista.

Pero hay un detalle que lo distingue de otros destinos gastronómicos: Zapiola no tiene grandes corredores comerciales ni decenas de restaurantes. Su atractivo está en los pequeños establecimientos y en un casco urbano que todavía puede recorrerse a pie.

A menos de 100 kilómetros de CABA, esta localidad del partido de Lobos invita a disfrutar de una escapada entre tradición y naturaleza.

Un almuerzo de campo que vale el viaje

La comida ocupa un lugar central en la experiencia de visitar Zapiola. Los almacenes rurales ofrecen productos tradicionales como salamines, quesos, panes caseros y dulces, ideales para llevar o compartir durante una jornada al aire libre.

A esa oferta se suman preparaciones típicas de los fines de semana, entre ellas empanadas fritas, pastelitos y tortas fritas, que pueden encontrarse en pequeños comercios y puestos familiares.

Uno de los establecimientos gastronómicos más conocidos es El Rancho de Zapiola, donde la propuesta incluye carnes a la parrilla, pastas y platos tradicionales.

El asado de campo, servido en un ambiente sencillo, es uno de los motivos por los que muchos visitantes eligen este destino para una escapada corta.

A diferencia de los polos gastronómicos más concurridos, acá el paseo no depende de una larga lista de locales. La experiencia combina la comida con el entorno rural, las construcciones antiguas y la tranquilidad de sus calles.

La estación de tren que guarda más de 150 años de historia

Mucho antes de convertirse en un destino para escapadas, Zapiola encontró en el ferrocarril uno de los motores de su crecimiento.

En 1871 se habilitó el ramal ferroviario entre Marcos Paz y Empalme Lobos, un acontecimiento que marcó el desarrollo de la localidad.

La estación conserva su valor histórico y forma parte del recorrido del ramal Merlo-Lobos de la línea Sarmiento. En su edificio también funciona una biblioteca pública.

El pueblo llevó originalmente el nombre de General Zapiola, en homenaje a José Matías Deogracias Zapiola, militar que participó en las luchas por la Independencia argentina.

A pocas cuadras de la estación aparece otro de sus edificios emblemáticos: la Capilla Inmaculada Concepción, inaugurada el 25 de marzo de 1903.

Su fachada sencilla, con detalles de inspiración renacentista, forma parte del patrimonio arquitectónico local. Es considerada la construcción religiosa más antigua del partido de Lobos.

Una plaza para tomar mate y disfrutar del silencio

Después del almuerzo, uno de los planes más simples es acercarse a la Plaza Democracia Argentina, el principal espacio de encuentro del pueblo.

Rodeada de árboles, ofrece un entorno para descansar, compartir unos mates o improvisar un picnic con productos comprados en los almacenes.

Una particularidad es que la plaza cuenta con un cerco que evita el ingreso de animales, una característica vinculada con el cuidado del espacio público.

Desde allí se pueden recorrer las calles cercanas, conocer la capilla y acercarse a la estación ferroviaria sin necesidad de utilizar el auto.

Para llegar desde CABA, el trayecto es de aproximadamente 97 kilómetros. Una de las alternativas es tomar la autopista Ezeiza-Cañuelas, continuar por la Ruta Nacional 205 y luego acceder a la zona por la Ruta Provincial 48.

El viaje puede demandar poco más de una hora, según el tránsito y el punto de partida.


 
 

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