La tierra tembló y, en cuestión de segundos, la vida en Tonosí y otras localidades del sur de Panamá cambió para siempre. Un potente terremoto de magnitud 7.7, con epicentro a pocos kilómetros de esta pequeña comunidad costera, sacudió el país el viernes al mediodía y dejó tras de sí una estela de escombros, miedo y, a pesar de todo, una sorprendente resiliencia.
En Tonosí, donde el sismo se sintió con más fuerza, las calles se llenaron de vecinos que, aún atónitos, describían escenas de casas derrumbadas, techos caídos y paredes agrietadas. "Hay miedo en Tonosí", confesó José Domingo González, uno de los residentes, mientras relataba cómo el hotel local quedó volcado y varias personas resultaron atrapadas bajo los escombros. Los bomberos lograron rescatarlas rápidamente; solo sufrieron golpes y raspones, pero el susto permanece.
El temor a las réplicas y noches a la intemperie
El sismo, registrado a las 12:56 hora local y sentido durante casi un minuto incluso en la capital, provocó más de un centenar de réplicas, algunas superiores a magnitud 6. Esta sucesión de temblores ha mantenido a la población en vilo. "Cada cinco minutos se estremece la tierra", contó González, reflejando el temor que llevó a muchos a pasar la noche fuera de sus casas, lejos de paredes y tendidos eléctricos, buscando seguridad ante lo desconocido.
Yakshuri Castillo, de 28 años, compartió que prefirió dormir junto a su familia a la intemperie, como tantos otros vecinos de Chitré y Tonosí, por miedo a nuevas réplicas. "Entré en shock" al momento del sismo, reconoció. La incertidumbre y la ansiedad se mezclan con la necesidad urgente de limpiar, reconstruir y proteger lo poco que quedó en pie.
Daños materiales y solidaridad en acción
Las provincias de Herrera, Los Santos, Coclé y Veraguas figuran entre las más afectadas. En Chitré, capital de Herrera, decenas de viviendas y comercios sufrieron daños: techos caídos, paredes resquebrajadas, vehículos afectados y cortes prolongados de electricidad. Las imágenes de vecinos recogiendo escombros y ayudándose mutuamente se repiten en cada esquina.
En Tonosí, el ministro de Salud, Fernando Boyd, explicó que la localidad quedó "desconectada completamente por vía terrestre" debido a los daños en las carreteras, lo que dificultó la llegada de asistencia. A pesar de la magnitud del desastre, las autoridades reportan hasta el momento solo una treintena de heridos leves, aunque algunas personas sufrieron fracturas y golpes. No se han registrado víctimas fatales, un dato que trae cierto alivio en medio de la devastación.
El desafío de reconstruir y la ayuda que llega
El presidente José Raúl Mulino recorrió las zonas más afectadas y reconoció: "El desastre que estamos enfrentando es grande". El gobierno se movilizó para enviar carpas, agua y recursos a los damnificados, mientras la ayuda internacional comienza a llegar. La solidaridad se hace sentir tanto en las calles como desde el exterior, con la promesa de asistencia adicional en las próximas horas.
En la capital panameña, donde los sismos son poco frecuentes, el terremoto se vivió con pánico, especialmente en los rascacielos que se balancearon durante casi un minuto. Sin embargo, el mayor impacto se concentró en las comunidades rurales, donde la reconstrucción será un proceso largo y desafiante.
Un país marcado, pero no vencido
Mientras las autoridades continúan evaluando el alcance de los daños y los equipos de emergencia trabajan sin descanso, la población de Tonosí y de las provincias afectadas enfrenta el reto de reconstruir no solo sus hogares, sino también la confianza en que la tierra volverá a estar en calma. El miedo a las réplicas sigue presente, pero también la determinación de salir adelante, unidos por la experiencia compartida y la esperanza de un futuro más seguro.



















































