En la madrugada de un día que ya quedará marcado en la historia reciente de Ecuador, la Policía Nacional, en conjunto con fuerzas estadounidenses y la Agencia Antidrogas (DEA), ejecutó un operativo que terminó con la captura de 30 personas vinculadas directamente al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). El despliegue, realizado en las provincias de Guayas, Los Ríos y El Oro, no solo desarticuló una poderosa red de narcotráfico, sino que también expuso el alcance internacional del crimen organizado en el país andino.
La operación, resultado de ocho meses de investigación, fue anunciada por el ministro del Interior, John Reimberg, quien destacó la magnitud del trabajo conjunto: más de 320 agentes ecuatorianos y 50 miembros del Mando Sur de Estados Unidos participaron en los allanamientos simultáneos en ciudades clave como Guayaquil, Daule, Samborondón, Ventanas, Babahoyo, Puebloviejo, Vinces y Machala. La coordinación internacional fue clave para desmantelar una estructura que, según las autoridades, no tenía vínculos con bandas locales y respondía directamente al CJNG, una de las organizaciones criminales más peligrosas de México.
Una ruta que cruzaba continentes
La red criminal operaba como un engranaje sofisticado: acopiaba, intermediaba, distribuía y transportaba grandes cantidades de droga proveniente de Colombia. Su objetivo era claro: enviar cargamentos por vía marítima desde los puertos de Guayaquil y Machala hacia Centroamérica, Estados Unidos y Europa. El papel de Ecuador en esta trama no es casual. Rodeado por Colombia y Perú —los mayores productores mundiales de cocaína—, con una economía dolarizada y puertos estratégicos sobre el Pacífico, el país se ha convertido en los últimos años en un punto neurálgico para el tráfico internacional de estupefacientes.
Las cifras lo confirman: Ecuador es el tercer país del mundo en decomisos de droga, solo superado por Colombia y Estados Unidos. En 2021, las autoridades incautaron 200 toneladas, y en 2024 la cifra alcanzó un récord histórico de cerca de 300 toneladas. El golpe a la red vinculada al CJNG representa, según el ministro Reimberg, una afectación de 322 millones de dólares en cargamentos decomisados solo en lo que va del año.
El desafío de un país en conflicto
El operativo se inscribe en un contexto de máxima tensión para Ecuador. Desde 2024, el presidente Daniel Noboa declaró el estado de “conflicto armado interno” para enfrentar a las bandas criminales, a las que oficialmente se les denomina “terroristas”. Sin embargo, la violencia no ha dado tregua: 2025 cerró con un récord de homicidios, alcanzando cerca de 9.300 muertes violentas, según datos del Ministerio del Interior.
La expansión de organizaciones como el CJNG en territorio ecuatoriano refleja la presión que vive el país, atrapado entre la geografía, la economía y la amenaza constante del narcotráfico internacional. La operación conjunta con Estados Unidos es, para muchos, una señal de que la lucha contra el crimen organizado requiere estrategias globales y cooperación sin precedentes.
Un mensaje al crimen organizado
La caída de esta red envía un mensaje contundente: la vigilancia y la colaboración internacional están más activas que nunca. Para Ecuador, el desafío sigue siendo monumental, pero el operativo de esta semana marca un punto de inflexión en la resistencia frente a los tentáculos del narcotráfico. Mientras las autoridades celebran el golpe a la estructura del CJNG, la sociedad ecuatoriana observa con esperanza —y también con cautela— el desarrollo de una lucha que, por ahora, no tiene final a la vista.




















































