La escena política mexicana se mueve con intensidad mientras Morena, el partido que encabeza el proyecto de la Cuarta Transformación, se enfrenta a un doble desafío: consolidar alianzas electorales con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT), y, al mismo tiempo, contener las fracturas internas que han surgido tras la reciente designación de coordinadores estatales y municipales.
En el Consejo Nacional celebrado este sábado en el World Trade Center de la Ciudad de México, Morena puso sobre la mesa la necesidad de afinar su política de coaliciones y de definir reglas claras para la selección de candidaturas. El objetivo es claro: llegar a 2027 con una estructura sólida y unida, capaz de responder a las expectativas de sus militantes y de la ciudadanía.
Encuestas y transparencia: la apuesta para evitar rupturas
Uno de los puntos centrales en la estrategia de Morena es el mecanismo para definir a quienes encabezarán las candidaturas en las 16 alcaldías de la Ciudad de México y otras posiciones clave. Paulo Emilio García, dirigente del partido en la capital, fue enfático: “Las candidaturas no se gestionan en el partido, se gestionan en las calles, con la confianza de la gente”. Así, todos los aspirantes, incluidos quienes buscan la reelección, deberán someterse al proceso de encuestas, descartando acuerdos previos o repartos entre aliados.
El procedimiento contempla dos etapas: primero, una encuesta de reconocimiento para identificar a los perfiles con mayor presencia entre la población; después, una medición de atributos como honestidad y cercanía con el movimiento. Esta fórmula busca dotar de legitimidad y transparencia a la selección, aunque no ha estado exenta de cuestionamientos internos y de sus partidos aliados.
Alianzas en construcción y heridas por sanar
El proceso de alianzas no ha sido sencillo. Las recientes designaciones de coordinadores estatales y municipales dejaron a varios aspirantes inconformes, tanto dentro de Morena como en el PT y el PVEM. Casos como el de Andrea Chávez en Chihuahua y Célida López en Sonora, quienes obtuvieron coordinaciones municipales tras quedar en segundo lugar en las encuestas estatales, ilustran los esfuerzos del partido por mantener a figuras relevantes dentro de su estructura y evitar posibles rupturas.
Sin embargo, en entidades como Zacatecas y Nuevo León, las diferencias persisten. Liderazgos del PT han manifestado sentirse “maltratados” por el proceso, mientras que en Nuevo León, figuras como Tatiana Clouthier han cuestionado abiertamente las designaciones. La dirigencia nacional de Morena ha respondido instalando mesas de análisis y diálogo con sus aliados, buscando rutas para recomponer la unidad.
Querétaro: un modelo de alianza estratégica
En medio de este panorama, Querétaro se ha convertido en un ejemplo de colaboración política. Este viernes, las dirigencias de Morena y el PVEM formalizaron una alianza estratégica rumbo a 2027, con la presencia de Santiago Nieto, coordinador estatal de la Defensa de la Transformación, y Ricardo Astudillo, líder local del Verde. El acuerdo incluye una agenda de trabajo conjunta y el compromiso de competir unidos, ya sea en coalición o candidatura común, según determinen las dirigencias.
La experiencia reciente en 2024, cuando la falta de alianza costó la victoria en algunos distritos, ha sido una lección para ambas fuerzas. El PVEM aportó un porcentaje de votos clave en las últimas elecciones federales en Querétaro, y ahora, sumando fuerzas, buscan afianzar el “segundo piso” de la Cuarta Transformación en la entidad.
El reto de la cohesión interna
La tarea de Morena no se agota en la negociación de alianzas ni en la definición de reglas. El verdadero desafío será traducir estos acuerdos en una cohesión real entre sus cuadros y aliados. Expertos advierten que la confianza en las encuestas y la transparencia en los procesos internos serán determinantes para evitar que el reparto de cargos derive en nuevas fracturas.
En palabras de los propios dirigentes, la prioridad es privilegiar el proyecto político por encima de las aspiraciones individuales. La apertura de procesos para coordinaciones municipales y legislativas ofrece una oportunidad para recomponer relaciones y sumar a los distintos grupos del movimiento, pero el camino hacia la unidad plena aún requiere diálogo, flexibilidad y, sobre todo, confianza en las reglas del juego.
Con la vista puesta en 2027, Morena avanza en la construcción de alianzas y en el fortalecimiento de sus estructuras territoriales. El desenlace de este proceso será clave no solo para el partido, sino para el futuro del mapa político mexicano.




















































