La marcha por agua limpia en Guadalajara: familias, jóvenes y abuelos unidos ante la crisis – Revista GENTE
 

La marcha por agua limpia en Guadalajara: familias, jóvenes y abuelos unidos ante la crisis

Miles de personas de todas las generaciones y sectores sociales tomaron las calles para exigir soluciones urgentes a la contaminación del agua en la Zona Metropolitana, en una jornada que terminó en tensión frente a Casa Jalisco.
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El domingo, Guadalajara vivió una de sus jornadas más intensas y emotivas de los últimos años: una multitudinaria marcha en demanda de agua limpia, que reunió a familias enteras, jóvenes, abuelos, trabajadores y activistas en un mismo grito de indignación y esperanza. Desde la Glorieta de La Minerva, el corazón de la ciudad, hasta Casa Jalisco, la residencia oficial del gobernador, la consigna fue clara y contundente: “Queremos agua limpia”.

La crisis del agua contaminada, que desde febrero afecta a miles de hogares en la Zona Metropolitana, logró lo que pocas veces se ve en una ciudad tan diversa: unir a personas de todas las edades, profesiones y orígenes. El reclamo, que comenzó como una preocupación doméstica por el color y olor del agua que sale de las tuberías, se transformó en una causa colectiva que desbordó las calles y la paciencia de los tapatíos.

Un río de voces y carteles

La marcha arrancó temprano. Desde las 11 de la mañana, contingentes de niños, ancianos, mujeres y hombres, estudiantes, comerciantes, artistas y hasta animalistas —preocupados también por la salud de sus mascotas— se sumaron a la movilización. Carteles pintados a mano, mantas improvisadas y tambores acompañaron el recorrido de casi dos kilómetros hasta Casa Jalisco.

El ambiente era festivo, pero también cargado de enojo y frustración. Las consignas se repetían una y otra vez: “¡Queremos agua limpia, no violencia!”, “¡Fuera Lemus!”, en referencia al gobernador Pablo Lemus Navarro. El reclamo no era solo por la salud, sino por el derecho básico a un servicio digno y seguro.

La tensión frente a Casa Jalisco

La manifestación, que avanzó de manera pacífica durante la mayor parte del trayecto, cambió de tono al llegar a las inmediaciones de Casa Jalisco. Allí, la presencia de decenas de policías antimotines, equipados con escudos y cascos, marcó el inicio de los momentos más tensos de la jornada. Algunos manifestantes derribaron vallas de seguridad y, en respuesta, los uniformados formaron una barrera humana y lanzaron gas lacrimógeno y chorros de agua para dispersar a la multitud.

Entre los gritos de “¡Represión, represión!” y el humo del gas, muchas personas —incluidos adolescentes, mujeres y familias— se protegieron como pudieron, cubriéndose nariz y ojos con sus prendas. La confusión y el miedo se apoderaron por instantes del lugar, y algunos manifestantes optaron por regresar a la Glorieta de La Minerva para resguardarse. Se reportaron detenciones, aunque hasta el cierre de la jornada no se conocía el número exacto ni la identidad de los arrestados.

Meses de crisis y una exigencia que no se apaga

La protesta es el reflejo de una crisis que lleva meses afectando a la ciudad. Desde principios de año, el agua que llega a muchas viviendas presenta tonalidades amarillas o marrones y, en ocasiones, malos olores. Las autoridades estatales han atribuido el problema al deterioro de la infraestructura hídrica y a descargas irregulares en el canal que alimenta la presa Las Pintas.

Como respuesta, el gobierno estatal anunció la suspensión durante seis meses del suministro proveniente de esa presa, lo que implicará una reducción en el volumen de agua disponible y la necesidad de abastecimiento mediante pipas en algunas colonias. El propio gobernador Lemus reconoció la gravedad del problema y aseguró que ya se observan mejoras en ciertas zonas, además de garantizar el derecho de la ciudadanía a manifestarse.

Un reclamo que trasciende generaciones

La marcha de este domingo dejó imágenes difíciles de olvidar: abuelos tomados de la mano de sus nietos, jóvenes con pancartas, familias enteras cubriéndose del gas, y una ciudad que, pese a la adversidad, se niega a resignarse. La diversidad de voces y rostros en la protesta es el reflejo de una Guadalajara que exige respuestas y soluciones reales, no solo promesas.

En medio de la tensión, una certeza quedó flotando en el aire: el acceso al agua limpia es un derecho irrenunciable, y la sociedad tapatía está dispuesta a defenderlo, cueste lo que cueste.


 
 

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