Claudia Tacoronte llegó a Morelos el 14 de agosto, proveniente de la Universidad de Granada, con la ilusión de vivir un intercambio académico en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Lo primero que preguntó a sus compañeras fue si era verdad lo que se decía de México: ¿es realmente peligroso? Esa inquietud, repetida en varias conversaciones, quedó grabada en quienes la conocieron. Nadie imaginó que, apenas semanas después, su nombre se convertiría en bandera de una lucha por justicia y seguridad estudiantil.
La noticia de su feminicidio, ocurrido la noche de un sábado en Cuautla, estremeció a la comunidad universitaria y a la sociedad en general. Claudia, una joven sociable y querida, fue apuñalada presuntamente al oponerse a un asalto, según los primeros reportes. Su muerte no solo truncó sus sueños, sino que reavivó el dolor y la indignación de quienes, una vez más, se enfrentan a la violencia que enluta a familias y apaga futuros.
Un duelo que se transforma en exigencia
En el Instituto de Ciencias de la Educación, donde Claudia cursaba su intercambio, sus compañeras la recordaron con palabras llenas de afecto y rabia. "Ninguna familia debería despedir a una hija, ninguna amistad debería perder a una compañera y ningún estudiante debería haber truncado sus sueños por la violencia", expresó una alumna entre lágrimas durante el acto de despedida. El dolor se convirtió en motor de movilización.
La indignación se materializó en una multitudinaria marcha estudiantil que partió desde Chamilpa y llegó hasta el corazón de Cuernavaca. Las y los manifestantes, acompañados por agrupaciones como “El Bloque Negro”, avanzaron entre consignas, pintas y banderas de México y España, símbolo de una hermandad forjada en la tragedia. Nada detuvo su paso: ni las vallas metálicas que rodeaban el zócalo, ni la presencia policial. Su mensaje fue claro: justicia para Claudia y medidas efectivas para garantizar la seguridad de la comunidad estudiantil.
Un contexto de violencia que no es aislado
El feminicidio de Claudia no es un hecho aislado. Desde abril de 2025, cinco alumnas han sido víctimas de crímenes en Morelos, según relatan estudiantes de la UAEM. La región de Cuautla, donde ocurrió el asesinato, es considerada una de las zonas con mayores índices de delitos de alto impacto en el país. A pesar de la implementación del Plan Cuautla, un operativo federal con más de mil elementos de seguridad, y del Plan Integral de Seguridad Universitaria, los hechos demuestran que las medidas han sido insuficientes.
La Casa de la Cultura, donde Claudia fue atacada, no forma parte de la UAEM, pero las alumnas insisten en que la universidad debe garantizar la seguridad de todos sus estudiantes, incluidos los de intercambio. Los organizadores de la 42ª Fiesta Nacional de la Planta Medicinal, evento en el que participaba Claudia, habían solicitado refuerzos de seguridad a las autoridades municipales, sin obtener respuesta.
Reclamos a las autoridades y a la universidad
Durante el mitin en la explanada Emiliano Zapata Salazar, los universitarios no solo exigieron el esclarecimiento del asesinato y la captura del responsable, sino que también criticaron a la UAEM por promover programas de intercambio internacional sin garantizar condiciones mínimas de seguridad. Pidieron apoyo económico y legal para la familia de Claudia y repudiaron la indiferencia institucional ante la violencia de género.
El caso de Claudia Tacoronte se ha convertido en un llamado urgente a repensar las políticas de seguridad y protección para estudiantes, especialmente mujeres, en contextos donde la violencia parece normalizarse. Su historia, marcada por la búsqueda de experiencias y la pregunta sobre el peligro en México, hoy interpela a toda una sociedad sobre el derecho a vivir y estudiar sin miedo.




















































