La comunidad educativa de Mar del Plata quedó sacudida por un episodio que mezcló intimidación, conflicto institucional y exposición pública: apareció un pasacalle con amenazas frente al Instituto Albert Einstein (IAE), un colegio privado de esa ciudad, dirigido de manera explícita a dos integrantes del equipo directivo.

El mensaje, firmado como “El Intocable”, estaba dedicado a “Pablo y Ana” y decía: “Cuando se abusa de la autoridad se pierde. Quisieron meter mano y yo metí el brazo”, una frase que encendió la alarma entre docentes, directivos y familias. El pasacalle fue colgado en la esquina de Catamarca y Quintana, justo en el acceso al establecimiento.
Lo que transformó el hecho en un caso todavía más delicado fue el contexto que lo rodea. El conflicto se originó después de que el colegio decidiera no renovar la matrícula de un alumno por mala conducta.
Ese estudiante, que cursaría sexto año, logró volver a la institución luego de presentar un recurso judicial. Fue ante la Justicia Civil: hubo una cautelar inicial, una apelación de la escuela, un fallo de Cámara favorable al colegio y, más tarde, una resolución de la Justicia de Familia que terminó ordenando que el joven pudiera completar el secundario en el IAE.

El pasacalle no quedó como un gesto aislado. Poco después de aparecer frente al colegio, la imagen comenzó a circular en una cuenta de Instagram vinculada a alumnos que egresarán en 2026, donde al mensaje original se le sumó una frase todavía más provocadora: “Hablamos con los dueños del circo, no con los monos”.
Esa viralización amplificó la tensión dentro de la institución y convirtió un hecho localizado en una escena pública, de alta exposición, que además dejó a los docentes enfrentados no sólo al contenido de la amenaza sino también a su reproducción en redes sociales.
En ese punto, el episodio dejó de ser apenas un conflicto entre una familia y una escuela para abrir una discusión mayor sobre los límites del hostigamiento y la forma en que ciertas agresiones se naturalizan entre adolescentes.
La dura carta abierta del colegio frente a las amenazas
La respuesta institucional llegó a través de una carta abierta firmada por docentes, equipo directivo, representantes legales y el Equipo de Orientación Escolar del nivel secundario. En ese texto, publicado por la institución en redes, los educadores evitaron concentrarse sólo en el pasacalle y eligieron enmarcar lo ocurrido dentro de un fenómeno más amplio.

“Nos preocupa el momento en que la crueldad deja de escandalizar y se transforma en una pedagogía que enseña la desensibilización. Nos preocupa el momento en que la humillación se convierte en entretenimiento. Nos preocupa el momento en que la discriminación se disfraza de opinión”, expresaron.
También remarcaron que no podían “hacer como si nada estuviera sucediendo” porque los hechos recientes los habían obligado a frenar, reunirse y pensar qué clase de convivencia escolar se estaba construyendo.
En otro tramo del pronunciamiento, los profesores describieron un clima interno que consideraron preocupante. Hablaron de “burlas y menosprecio entre compañeros”, “miradas y voces que juzgan lo distinto”, “indiferencia ante el dolor del otro”, “mensajes de odio con total naturalidad”, “cantos insultantes” y “mensajes intimidatorios en la puerta de la escuela con agresiones y provocaciones explícitas a miembros del cuerpo docente y directivo”.
Para la comunidad educativa, el problema de fondo no es solamente el pasacalle amenazante sino la posibilidad de que ese tipo de acciones sean leídas como parte de una lógica de humillación y desafío que se vuelve cada vez más visible en algunas escuelas. Por eso, en la carta también advirtieron sobre el “individualismo extremo” y sobre el momento en que la violencia empieza a aparecer como una respuesta posible frente a lo que incomoda o no gusta.
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