A horas de un nuevo enfrentamiento entre Argentina e Inglaterra, esta vez por las semifinales del Mundial 2026, reaparece una de las historias más curiosas que rodearon al inolvidable triunfo de la Selección en México 1986. En aquella Copa del Mundo, Carlos Salvador Bilardo y Diego Armando Maradona compartieron una serie de rituales que acompañaron al equipo hasta la consagración.
Bilardo nunca aceptó hablar de “cábalas”. Para él eran simplemente “costumbres”, rutinas que debían respetarse sin alterar ningún detalle. Entre todas ellas, hubo una que se volvió indispensable: escuchar Gigante chiquito, la canción de Sergio Denis, durante el trayecto desde la concentración hasta el estadio.
El tema, incluido en el disco Afectos, de 1985, comenzó a sonar dentro del plantel casi por casualidad. Sin embargo, después de las primeras victorias, se instaló como parte de la preparación previa y terminó convirtiéndose en la banda sonora secreta del equipo que levantaría la Copa del Mundo.

La canción que debían escuchar completa
Años después, Bilardo reconstruyó cómo funcionaba aquella particular rutina. Los jugadores subían al micro, comenzaba la canción y nadie podía bajar hasta que terminara, aun cuando el vehículo ya hubiera llegado al estadio.
“Antes de ir a jugar los partidos teníamos que escuchar ‘Gigante chiquito’. Teníamos la costumbre de escuchar esa canción desde que comenzaba hasta que terminaba”, recordó el entrenador.
La indicación también alcanzaba al conductor del micro. Si avanzaba demasiado rápido, debía reducir la velocidad para que el tema concluyera antes de que el plantel descendiera.

“Los chicos ponían la canción y el micro iba despacito, tenía que terminar. Cuando apenas terminaba, el tipo frenaba y bajábamos del micro”, explicó Bilardo entre risas.
El ritual comenzó después de una victoria y nunca volvió a interrumpirse. “Se hizo el primer partido, ganamos y después cuando ganamos, olvidate. Ganamos, ganamos, ganamos... Y siguió hasta el último día”, relató.
El problema antes de la final del Mundial
La obsesión por mantener aquella rutina llegó a su punto máximo antes del partido decisivo. Para la final, el operativo de seguridad fue mayor y varias motos policiales escoltaron al micro argentino a toda velocidad rumbo al Estadio Azteca.
El problema era que ese ritmo no permitía escuchar la canción completa. Bilardo intervino inmediatamente y le pidió al conductor que ignorara las indicaciones de los policías.
“Los tipos picaban como locos. Y yo le dije al del micro: ‘No, no, pará, no le haga caso’”, recordó. Aunque desde la custodia insistían en que acelerara, el entrenador mantuvo su orden: “Frenaba el micro, se acababa la canción. Y bajábamos y entrábamos al estadio”.

Qué sentía Maradona al escuchar “Gigante chiquito”
La canción no era importante únicamente para el entrenador. En su libro México 86. Mi mundial, mi verdad: así ganamos la Copa, Diego Maradona reconoció el impacto emocional que tenía sobre él durante la concentración.
“Era una canción que no podía faltar”, escribió el capitán argentino. Luego reveló hasta qué punto lo movilizaba: “Me hacía llorar como un nene”.
Sergio Denis conoció tiempo después el lugar que su tema había ocupado dentro de la Selección. Durante una visita al programa de Susana Giménez, expresó su orgullo al recordar: “En el 86, la canción que escuchaban desde el hotel hasta el Estadio Azteca era ‘Gigante chiquito’ por cábala”.

Además de ese tema, el plantel también escuchaba Total Eclipse of the Heart, de Bonnie Tyler, y Eye of the Tiger, canción popularizada por la película Rocky. En algunas oportunidades, los futbolistas le pedían al chofer que disminuyera la velocidad para poder terminar de escucharlas antes de llegar.
Mirá También

