Aunque la primera impresión al verlo no te hace pensar en La Mona Jiménez, sin dudas que su sonrisa es idéntica a la de su padre, así como su pasión por la música. Pero a diferencia del rey del cuarteto que sigue convocando miles y miles de fans desde arriba el escenario, el presente de Carli Jiménez se encuentra en otro lugar, entre telones, en el rol de productor y empresario.

Es que Carli -otra forma de diferenciarse de Juan Carlos, La Mona- no luce como el estereotipo del cuartetero que el imaginario colectivo podría imaginar. Con el pelo rapado desde hace una década —una decisión estética que tomó más allá de no haber heredado los rulos de su padre— y una mirada analítica, Carli representa la evolución de una marca que es sinónimo de identidad argentina: el Universo Jiménez.
A sus 44 años, describe cómo su verdadera vocación comenzó a gestarse lejos de los escenarios y del ruido mediático de Córdoba: "A los 20 años, mientras estudiaba administración de empresas tuve mi primera experiencia como productor en San Telmo", recuerda esos primeros pasos en Buenos Aires. Para él, la capital fue un terreno fértil donde la marca de ser "el hijo de" no funcionó como un ancla, sino que le permitió desenvolverse de manera orgánica y demostrar su capacidad técnica ante un público que lo valoró por sus propios méritos y ganas de trabajar.
Sin embargo, el destino —y la magnitud de la leyenda de su padre, Carlos "La Mona" Jiménez— lo llevó de regreso a Córdoba a los 26 años. Allí, el torbellino del cuarteto lo absorbió: "La dinámica del trabajo te lleva puesto. Son todos los días una actividad, un show, una grabación... si no hubiera sido por la pandemia, nos hubiera costado mucho más hacer este cambio".
El salto al vacío: dejar el micrófono para ir tras el escenario
Esa pausa obligada por el COVID-19 no fue un freno para Carli y su carrera como músico, sino un impulso a las ideas que tenía dando vueltas en su cabeza hace tiempo. Fue el momento en que decidió bajar del escenario y retomar su rol de estratega.

—¿Cómo fue para vos ese cambio de pasar de estar en el escenario como artista a ser parte de la producción?
—Liberador desde lo emocional. Estar arriba de un escenario tiene connotaciones que hicieron que yo haya estado desgastado durante un período largo de mi vida. La exposición, el estar constantemente en el ojo de las críticas, el estar todo el tiempo a prueba... Sumale el hecho de las comparaciones con mi viejo. Cuando volví a la producción, para mí fueron como unas vacaciones. Hoy siento que subir a un escenario fue hace mil años, no tengo ganas de volver.
Esa liberación le permitió mirar el negocio desde otra escala. Hoy, Carli no solo maneja la agenda de su padre y otros artistas de renombre, sino que lidera una productora que gestiona el Estadio Único de La Plata por los próximos 10 años, es parte de un mega proyecto para la construcción de una arena en Córdoba -con capacidad de 14.000 personas- y un domo para otros 4.000 en el campus de la Universidad Siglo XXI; y hasta lleva adelante un canal de streaming.
En ese sentido, aunque trata estar pendiente de acompañar a su padre, remarca la necesidad de delegar para poder atender otras áreas de su actividad: "Es muy demandante la carrera artística de un cantante como mi viejo. Entonces hay gente que está puesta en ese rol y resuelve. Yo me entero cuando hay algo que se hizo muy bien o no tan bien y la ligo", dice entre risas.

Dando cuenta de las responsabilidades que carga, Carli remarca que el crecimiento en esta industria no es una elección, sino una "obligación" para no ser devorado por la evolución del mercado. Esta mirada se complementa con una "visión federal", diferenciándose de colegas que operan exclusivamente desde Buenos Aires y desconociendo las dinámicas de las provincias.
La familia como eje y el legado de sus hijos
En su casa de Mendiolaza, en las afueras de la ciudad de Córdoba, la familia funciona como el núcleo de todo lo que emprende, siendo ese tejido invisible que sostiene tanto el negocio como el afecto. Si bien heredó la ética de trabajo incansable de una dinastía que marcó a fuego la cultura popular, él decidió aplicarla con un giro moderno y profesional.

Esa misma mística hoy se respira en el día a día de su productora, donde sus hijos, Eren y Juan Ignacio, ya ocupan roles estratégicos que reflejan la diversidad del clan Jiménez: "Los dos estudian y trabajan en la productora. Uno trabajan en la parte técnica y todo lo que tiene que ver con colgarse del escenario con el casco, hacer montaje de estructuras. Y el otro es está en el área de legales. Estudia derecho y está en la parte de asistencia legal", describe con un orgullo visible, de quien no solo puede transmitirle su pasión a los hijos sino también generarle espacios para que den sus primeros pasos profesionales.
—¿Te reflejás mucho en ellos al verlos trabajar?
—Mucho. Son muy parecidos a mí, para bien y para mal. A veces los veo y digo: "Espero que con esta personalidad no cometan las mismas equivocaciones que yo cometí a su edad". Pero sé que es inevitable, la vida se trata de experimentar y hacer su propio camino.
De Córdoba al mundo: la visión de la "Economía Naranja"
Más allá de la mística, el presente de Carli Jiménez es el de un empresario que habla de impacto económico, tributación y desarrollo urbano. Su visión es federal y ambiciosa. Para él, un estadio no es sólo un lugar donde se venden entradas, sino un motor que dinamiza ciudades.

"Hoy los estadios cumplen el rol que cumplían los shoppings en los 90. Antes, a mi viejo lo mandaban a hacer bailes al kilómetro 40, cerca de los cementerios, porque la nocturnidad se veía como algo molesto. Hoy, los arenas más importantes del mundo están en lugares céntricos porque levantan el valor del metro cuadrado, atraen hoteles, restaurantes y estacionamientos", explica con la claridad de quien ha estudiado el mercado a fondo.
Esta visión lo ha llevado a trabajar con consultoras y universidades para medir el impacto real de eventos masivos, como el próximo show de BTS que planean para el Estadio Único de La Plata. "Un solo evento de tres o cuatro noches puede generar en hotelería y gastronomía lo mismo que un enero completo de turismo. Es la economía naranja 360", afirma.
—¿Sentís que hay un acompañamiento desde lo estatal para este crecimiento?
—Depende. Nosotros tenemos una visión federal porque trabajamos en muchas provincias. En Córdoba, por ejemplo, hay una ley que exime de ingresos brutos a los espectáculos artísticos. Eso permitió que Carlos Paz compitiera con Mar del Plata y que artistas internacionales como Ricky Martin o Shakira lleguen a Córdoba. Es una mirada inteligente: dejas de percibir un impuesto pero dinamizas toda la economía de la provincia.
Para Carli, la industria no permite el estancamiento. "El desafío es crecer y no morir en el intento. Si te quedás con lo que tenés, en un año desaparecés porque te lleva puesto la competencia", sentencia. Su plan incluye expandir su etiquetera a todos los festivales del interior y consolidar una red de estadios que haga rentable la operación logística.

Pero a pesar de su rol corporativo, asegura que no ha perdido la sensibilidad artística: "Uno es empresario, pero tiene que saber cómo convive el arte en un producto que tenés que salir a vender. Tenés que darte cuenta cuando un artista es honesto, porque si no, no funciona".
Más allá del peso de ser un "hijo de" y las diferencias con su padre que hacen a Carli quien es hoy, si comparte con el rey del cuarteto algo clave para su presente y mucho más profundo: la pasión por llevar adelante un espectáculo que convoque y conmueva a audiencias.


