Frida Mazza, 20 años, santafesina, hija de Mónica Ferreira y Raúl Mazza, carga con el apellido más reconocido de la moda argentina –donde Valeria Mazza (54), su hermana mayor, descolla desde su época de supermodelo, cuando resonó mundialmente la comparación estética con Claudia Schiffer– y hasta ahora eligió manejarlo más que con discreción, con estrategia.
La diferencia de edad entre Frida y Valeria es de 34 años. Mientras la top model argentina arrancó su carrera a los 14, fue descubierta por Roberto Giordano y a los 17 ya estaba instalada en Buenos Aires estudiando Terapia Ocupacional y modelando, Frida creció en un mundo donde el apellido Mazza ya era un mito.
Esa distancia generacional se convirtió en algo más parecido a una ventaja: Frida observó desde adentro cómo funciona la industria antes de entrar a ella.

El vínculo que más sorprende: Frida y Taína
La relación más comentada en redes no es la de Frida con Valeria, sino la de Frida con Taína Gravier, la hija menor de la modelo y Alejandro Gravier, nacida en 2008. Entre las dos existe una diferencia de apenas dos o tres años, lo que las convirtió en algo más cercano a amigas que a tía y sobrina.
Aparecen juntas en eventos de moda, en vacaciones familiares y en redes sociales con una complicidad que los seguidores del clan Mazza-Gravier comenzaron a señalar rápidamente. El parecido físico entre ambas –rasgos similares, mismo porte, idéntica mirada candorosa, igual gusto por la estética minimalista– no pasó desapercibido: varios usuarios en redes las confundieron en fotos grupales.

El estilo que la define
Apareció primero en el entorno de eventos de familia, en galas benéficas a las que Valeria la llevó como se lleva a alguien a quien se quiere mostrar el mundo desde adentro. El mundo de la moda la registró: su estilo elegante y minimalista, su presencia sin estridencia, llamaron la atención de expertos del sector antes de que ella tuviera siquiera un perfil público consolidado.

Hoy maneja una comunidad de más de cinco mil seguidores en Instagram, cifra modesta si se la compara con la visibilidad de los Mazza-Gravier, y significativa si se considera que no buscó la exposición sino que esta la fue encontrando a ella.

Sus primeros trabajos de modelaje los hizo para emprendimientos de moda pero lejos de las grandes pasarelas, en un movimiento que parece deliberado: construir base antes de apostar al techo.

El apellido como punto de partida, no de llegada
Valeria Mazza no solo es la primera supermodelo latinoamericana –portada de Sports Illustrated en 1996, coconductora del Festival de Sanremo ese mismo año, cara de Versace, Armani, protagonista de la serie documental de Paramount+–, sino también alguien que aprendió a transformar su carrera en un legado familiar.
Dos de sus hijos, Balthazar y Taína, ya tienen presencia en el mundo de la moda. Frida, sin ser parte de la rama Gravier, es parte de ese ecosistema desde otro lugar: el de la hermana menor que creció mirando todo eso de cerca y ahora empieza a decidir qué hacer con lo que aprendió.

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