En el corazón de Paseo de la Reforma, bajo el sol de octubre y rodeados de pancartas que claman por dignidad y justicia, médicos, enfermeras y trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) iniciaron una protesta que busca marcar un antes y un después en la historia laboral del sector salud en México. La cita más importante será el 14 de octubre: una marcha nacional respaldada por empleados del Metro, Pemex, ISSSTE y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), una alianza poco común que revela la magnitud del descontento y la fuerza de la solidaridad entre gremios.
La escena se repite en al menos 18 estados del país. En hospitales y clínicas, desde La Paz hasta Monterrey, el reclamo es el mismo: mejores condiciones laborales, abasto de insumos y medicamentos, y un aumento salarial digno. El reciente incremento del 6.8% acordado por el Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS) para el periodo 2026-2027 fue recibido con rechazo y desencadenó la movilización. Los trabajadores exigen un aumento del 10% y la destitución de Rafael Olivos Hernández, secretario general del SNTSS, a quien acusan de no representar los intereses de la base.
Un movimiento que trasciende al IMSS
La protesta de este sábado no fue un hecho aislado. A la asamblea y plantón en las oficinas centrales del IMSS en la Ciudad de México se sumaron voces de otros sectores: trabajadores del Metro, de Pemex, del ISSSTE, estudiantes y representantes del Movimiento del Sombrero. La consigna es clara: "Si tocan a uno, tocan a todos". América Guadalupe Barragán Ochoa, enfermera de Jalisco, lo resumió en un discurso encendido: “Somos los que siempre hemos sostenido un sistema, un gobierno corrupto que nos ha humillado”.
Las demandas no se limitan al salario. El desabasto de material médico y medicamentos, la falta de personal y la presión creciente sobre quienes están en la primera línea han llevado a muchos a un límite. “No te vayas a enfermar, porque no hay material”, se lee en algunas pancartas. El reclamo es también por los pacientes, por los derechohabientes que esperan atención de calidad y por quienes, durante la pandemia, fueron llamados héroes y hoy sienten que su labor es ignorada.
La tensión sindical y el llamado a la renovación
Uno de los puntos neurálgicos del conflicto es la relación con el sindicato. Los manifestantes exigen la salida de Rafael Olivos Hernández y acusan a la dirigencia sindical de pactar a espaldas de la base. Pedro Hernández, dirigente de la Sección 9 de la CNTE, instó a los trabajadores a tomar decisiones propias y no dejarse engañar por consultas o mesas de diálogo que consideran insuficientes. La desconfianza hacia la representación sindical tradicional se refleja en la organización autónoma de las protestas y en la amenaza de huelgas de hambre si hay represalias contra quienes participan en el movimiento.
El respaldo de otros sindicatos añade peso al reclamo. Daniel Silva Morales, trabajador de Pemex, fue contundente: “No están solos. No solamente es el Sindicato Petrolero que ha abierto los ojos. Están mis compañeros del metro, mis compañeros de la Cámara de Diputados y otros sindicatos más que también han abierto los ojos”.
Impacto nacional y el futuro de la protesta
Las manifestaciones han tenido eco en todo el país, con bloqueos y cierres viales en ciudades como Oaxaca, Guanajuato, Puebla, Nuevo León, Chiapas y muchas más. En la Ciudad de México, el movimiento ha afectado múltiples alcaldías y hospitales emblemáticos como el Centro Médico Nacional La Raza y el Siglo XXI. Sin embargo, los trabajadores insisten en que su protesta no busca perjudicar a los pacientes ni interrumpir los servicios esenciales, sino visibilizar una crisis que, de no atenderse, impactará a millones de mexicanos.
Mientras tanto, la presidenta Claudia Sheinbaum inició una gira de supervisión del sistema IMSS-Bienestar, visitando hospitales y clínicas en Hidalgo, en un intento de mostrar avances en infraestructura y abasto. Sin embargo, voces como la de Alberto Moctezuma, trabajador del ISSSTE, advierten que sin presupuesto suficiente, cualquier intento de universalizar la atención podría traducirse en mayor precarización para el personal y los pacientes.
La asamblea de trabajadores del IMSS continúa en pie de lucha. El 14 de octubre será una fecha clave: la marcha nacional promete reunir a miles en la capital y en todo el país, en una muestra de unidad y resistencia. Para muchos, es la oportunidad de transformar la indignación en cambios reales y de recordar que detrás de cada bata blanca hay una historia de esfuerzo, cansancio y esperanza.

















































