Arnaldo André y Marta González, como hace más de 50 años: la amistad que sigue intacta entre chicanas y recuerdos – GENTE Online
 

Arnaldo André y Marta González, como hace más de 50 años: la amistad que sigue intacta entre chicanas y recuerdos

En una entrevista íntima con GENTE, los protagonistas de Tango para tres repasan los inicios compartidos en televisión, la fama de antes y de ahora, los secretos de las escenas románticas y el presente teatral que los vuelve a reunir.
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Marta González y Arnaldo André son dos nombres instalados en la memoria colectiva argentina y de la región. Haciendo una suma de todas las ficciones de ambas carreras, fácilmente superan las 100. Ella, actriz desde chica, protagonista de novelas, películas y obras de teatro durante más de seis décadas. Él, nacido en Paraguay y convertido en uno de los grandes galanes de la pantalla chica, dueño de una carrera que atravesó países, ficciones inolvidables y generaciones de espectadores. 

Hoy, más de 50 años después de aquellos primeros cruces laborales -y el inicio de una amistad por la que hoy volvieron a elegirse para trabajar-, vuelven a encontrarse en Tango para tres, una comedia dramática que los reúne con Romina Fernándes y que se convirtió también en una excusa perfecta para mirar hacia atrás, reírse del paso del tiempo y confirmar que entre ellos hay algo que ningún guion puede fabricar: confianza.

Arnaldo André y Marta González venían de hacer Intimidad indecente en 2014 y no dudaron un segundo en sumarse ahora a Tango para tres.

Arnaldo con 82 y Marta con 81, se sientan uno frente al otro en el estudio de Revista GENTE para una charla que, aunque tiene preguntas escritas, ellos rápidamente hacen fluir la conversación de otra forma, con la confianza de un vínculo de más de cinco décadas. 

No necesitan explicarse todo, no se cuidan de las interrupciones, se chicanean, se contradicen, se hacen preguntas y se provocan con una naturalidad que solo tiene sentido en el marco de una amistad. Mientras Marta se hace la desentendida o finge ofenderse ante un comentario, Arnaldo le responde con oficio de galán, una interacción en la que cualquier frase puede terminar en carcajada.

¿Cuánto hace que nos conocemos? Siglo pasado seguro”, inicia Marta, con una respuesta que rápidamente los traslada a la pantalla chica, más precisamente a Frente a la facultad, una tira diaria de 1971 que cuenta las vicisitudes de un grupo de alumnos y profesores universitarios, en la que esta dupla compartió elenco con Irma Roy, Pablo Alarcón y Leonor Benedetto, entre otros.

La recordada postal de Armando y Marta de la novela Frente a la facultad, del año 1971.

Allí no sólo compartieron elenco sino que fue uno de los primeros proyectos en los que se instalaron como pareja mediática -que nunca fue más allá de la ficción-, algo por lo que los paparazzis de diferentes épocas los persiguieron en pos de sacarle algún textual, alguna declaración al respecto. “Era bastante más famosa que vos en ese entonces. Ahora se invirtieron los roles”, lanza Marta, entre risas, recordando el inicio de su amistad.

La dupla se animó a recrear la escena que quedó inmortalizada en la foto de hace 55 años y contar cómo fue esa época.

En esa frase está condensado algo del espíritu de la charla. Marta y Arnaldo hablan de la fama sin solemnidad. Los dos saben lo que significa haber sido reconocidos masivamente en una Argentina donde la televisión tenía otro peso, otro ritmo y otra intimidad con el público. Los actores entraban a las casas cada noche, se volvían parte de la mesa familiar, despertaban amores, celos, admiración y discusiones de vereda.

Al hablar de la recordada telenovela -y observar la postal en blanco y negro que recrearon minutos más tarde en los estudios de GENTE-, Arnaldo aprovecha para llenar de dulces elogios a Marta: “Hice esta novela con una hermosa actriz. Ese momento fue muy bello porque ella era dulce, romántica, y a mí, que no me cuesta nada, le puse mi gesto de galán romántico”.

Más allá de lo laboral, para Marta esa producción tiene un recuerdo más que especial: “Yo estaba embarazada de mi segundo hijo y me acuerdo que yo tenía los dolores de entuerto y venía Arnaldo por el pasillo del Hospital Italiano y sentía los gritos míos de dolor y se quería ir”, detalla entre risas la escena.

-Marta: ¿Qué diferencia hay entre ser famoso en los 80 y ser famoso hoy?

-Arnaldo: Quiero ser honesto y que no se interprete mal lo que voy a decir: ninguna.  Porque gracias al público que me ha seguido durante tantas novelas, nosotros podemos salir de gira y es el que va a vernos hoy. El cariño que recibo de parte del público en la calle me hace entender que no hay ninguna diferencia.

Ese público, el mismo que en su momento siguió las historias por televisión, es hoy el que compra entradas, espera a la salida del teatro, se emociona cuando los ve juntos y celebra la posibilidad de reencontrarse con dos figuras que forman parte de una memoria colectiva. Arnaldo lo confirma con una imagen cotidiana: todavía camina por la calle y muchas personas lo saludan con una palabra en guaraní que quedó pegada para siempre a su historia actoral.

Muchos me dicen ‘rojaijú’, por aquella novela que hice con Marilina Ross, Piel naranja, donde mi personaje era paraguayo y le decía a ella esa palabra que significa ‘te quiero, te amo’”, recuerda.

Arnaldo André y Marta González pasaron por los estudios de GENTE y charlaron a dos cámaras sobre la amistad que los une hace más de 50 años.

No es apenas una cita televisiva. Es una contraseña generacional. Para quienes lo vieron en aquellos años, Arnaldo no fue solo un actor: fue un modo de entender el galán de telenovela, el romanticismo de época, la intensidad del melodrama. Y para él, esas devoluciones siguen siendo una prueba concreta de que el vínculo con el público no se terminó con el último capítulo.

En tiempos donde la ficción televisiva argentina ya no ocupa el lugar central que tuvo durante décadas, el teatro aparece para muchos actores como un refugio y, a la vez, como una posibilidad de encuentro directo con la gente. Con Tango para tres, esa experiencia se renueva cada fin de semana para Arnaldo y Marta.

La obra, escrita y dirigida por Hernán Krasutzky y producida por Damián Sequeira, presenta a Hipólito y Minerva, un escritor y una cantante que atraviesan bloqueos creativos y vitales. La aparición de una joven periodista -interpretada por Romina Fernández- modifica ese equilibrio y enciende un triángulo amoroso atravesado por la comedia, la nostalgia y las preguntas sobre el deseo en la madurez. En escena, Marta interpreta a una mujer que vuelve a enfrentarse con las ganas, con la posibilidad de elegir y con la energía que aparece cuando parecía que ya no quedaba resto.

Ese punto toca de cerca su propia historia. Marta viene de enfrentar un largo tratamiento oncológico, con un cuarto diagnóstico de cáncer en más de dos décadas. En ese sentido, pararse sobre las tablas es una forma de hacer frente a esos problemas de la realidad para sumergirse en una ficción que le da vida.

Entre chistes y chicanas, la dupla charló sobre las técnicas para besar en la ficción -a partir de la pregunta de Marta al gran galán-. Ante eso, Arnaldo remarca: “Mi técnica es la misma”, pero allí surgió un debate en torno a una de las producciones actuales que causaron revuelo en redes: la serie vertical de Wanda Nara, Triangulo amoroso. “Estuve viendo el beso de Wanda Nara con Maxi López”, dice el actor, siendo enseguida interrumpido por Marta: “Eso te iba a decir, ¡eso es inteligencia artificial!”.

Entre risas y provocaciones mutuas, Arnaldo y Marta hablaron de su pasado y su presente atravesado de lleno por la actuación.

“Hicieron tanto quilombo sobre si era inteligencia artificial o no… era un beso de telenovela”, continúa Arnaldo y pasa a revelar los hilos detrás de una producción que conoce de memoria: “Además la cámara la metieron muy cerca y no había lengua ahí. Era como los besos que yo hacía antes. O sea, era toda la actitud… esta confesión no la debí de hacer. ¿Qué van a decir mis admiradoras, que les he mentido durante tanto tiempo? El beso es todo un truco. Uno actúa y hace con los labios, con el cuerpo, todo de modo tal que lo que se vea en cámara parezca realmente un beso”.

-Arnaldo: ¿Así como en nuestros personajes en Tango para tres, a vos te pasó alguna vez esto decir 'basta, me rindo a esto, no tengo ganas'?

-Marta: Sí, a veces no tengo ganas de ir al teatro... Pero con esta pieza me vinieron las ganas. Tengo ganas de ir al teatro. Tengo ganas de enfrentarme con vos, con Romina… La gente yo creo que se da cuenta de que nos llevamos muy bien todos.

Esa idea —la de “enfrentarse” con Arnaldo— no suena a conflicto sino a juego actoral. En escena, los dos se miden, se escuchan, se empujan, se esperan. Hay una confianza que sólo se consigue con años de oficio y con una amistad que sobrevivió a temporadas, programas, giras y cambios de época. La gente, como dice Marta, lo percibe. Percibe cuando los actores se llevan bien, cuando una réplica nace de la escucha real y no sólo de la memoria del texto.

Video: Candela Casares y Ramiro Palais.
Fotos: Ramiro Palais.
Edición de video: Rocío Bustos.



 
 

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