Nació sin un músculo pectoral, estuvo en coma de chico y se convirtió en estrella mundial de la danza: "Ver a Maximiliano Guerra me inspiró a ser un guerrero toda mi vida" – GENTE Online
 

Nació sin un músculo pectoral, estuvo en coma de chico y se convirtió en estrella mundial de la danza: "Ver a Maximiliano Guerra me inspiró a ser un guerrero toda mi vida"

Pensó en retirarse a los 40 años en pandemia, pero una nueva generación le cambió la cabeza. A las puertas de su gran función del 1 de septiembre con Ánima Animal, el reconocido bailarín de ballet cuenta a GENTE su resiliente historia de lucha.
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El regreso de un guerrero de la danza. Tras consagrarse en los escenarios más exigentes del mundo y brillar en el American Ballet, Herman Cornejo regresa a la Argentina para reencontrarse con el público que lo vio nacer. En la antesala de su esperada función del 1 de septiembre, el prestigioso bailarín presenta Ánima Animal, una obra de profunda identidad que fusiona el talento del Grupo Cadabra con la mítica leyenda guaraní del Urutaú, rescatando un proyecto histórico que el legendario Vaslav Nijinsky planeaba estrenar en el país en 1917.

En una extensa charla con GENTE, repasa sus comienzos marcados por la superación de severas dificultades de salud en su infancia, la inspiración decisiva de figuras como Maximiliano Guerra y Julio Bocca, y los desafíos de una carrera internacional brillante que hoy se resignifica al nutrirse de las nuevas generaciones de bailarines.

"Esto es volver a casa, es estar con mi público, con mi gente... la que me vio nacer".

"Estoy muy contento de volver a casa. Siempre digo que puedo estar afuera 30 años, pero volver a Buenos Aires es casa, es el público que me vio nacer, el público que me vio irme. Así que poder presentarlo en Buenos Aires es un honor, es un lujo, y era la meta de poder traer esta obra que se estrenó en San Juan en el Bicentenario. La hicimos en Nueva York, en Miami, y aquí en Buenos Aires es donde se iba a estrenar hace 110 años. Entonces, poder traerla acá con el Grupo Cadabra y con todo un equipo argentino, es muy importante", destaca.

"Son ocho bailarines, conmigo somos nueve. Después está Anabela Tuliano, que es la coreógrafa, dos compositores, Noel Descalzo, que fue todo una casualidad porque cuando yo empecé a escribir esta obra simplemente me imaginaba un movimiento y buscando online vi a este grupo bailar arriba de unos cubos y no sabía que eran argentinos, no sabía que era Anabela Tuliano. Entonces para mí es como que tenía que ser que el grupo sea argentino", agrega.

-Es una propuesta también tiene un mensaje. ¿Nos podés explicar de qué se trata?

-Primero que nada te puedo decir que es una celebración para Vaslav Nijinsky, que él había aceptado hacer esta obra en 1917 con esta temática guaraní. La leyenda del Urutaú habla de esta transformación, de esta segunda oportunidad que uno tiene en la vida. Cuando empezamos a coreografiar la obra, yo quería ir un poquito más lejos y poder realmente traer a escena la esencia del guaraní y lo que significa para ellos nuestro planeta, el poder de la palabra de ellos y reflejar un poco todo este conocimiento de las estrellas, las crisis inevitables que tiene el ser humano de siempre querer ir más allá. Tiene este final en el cual, cuando el hombre comete un error, tiene esta segunda oportunidad de transformarse en su alma animal, y para mí el animal es el que realmente entiende a nuestro planeta. Por eso es esa segunda oportunidad para realmente conocer a nuestro planeta y quererlo.

Anima animal
"Anima animal".

-Estar buscando el éxito, sobreestimularse, autoexigirse. Son conceptos fuertes. Yendo a tu vida, ¿cómo lo viviste con tu carrera desde ese chico que empezó a fantasear con esto a los 8 años y la consagración que tenés?

-Siempre es como una búsqueda, y es una búsqueda natural. Cuando empecé en el Instituto del Teatro Colón, en esa época era, y creo que todavía es, casi inevitable pensar de que uno se tiene que ir al exterior. Era muy difícil entrar al Teatro Colón por las reglas gubernamentales de que los bailarines no se pueden retirar hasta los 65 años. Entonces hay como una lista muy larga de espera para entrar. Era inevitable tener que irse y, a Dios gracias, a través de Julio Bocca, me inspiró y me dio esta pasión de querer estar en el American Ballet, y fui persiguiendo mi sueño con mi hermana, que también para mí... Un lujo poder haber hecho una carrera difícil, pero me imagino como todas las carreras, cuando uno la quiere hacer bien es difícil. Pero poder estar con alguien de tu familia y compartir en el escenario, compartir el día a día.

-¿Cómo fue ese click de tener que asumir que tu vida iba a continuar en el exterior?

-Bien. Creo que para mí mi casa es mi arte, es mi danza. Entonces, donde esté esa oportunidad de hacerlo, da igual dónde sea.

Segundo, porque esta obra es patrimonio nacional; en 1917 hubiera sido el primer ballet para Argentina, que nunca se hizo. Poder traerlo y recordar a Vaslav Nijinsky significa muchísimo para la danza en Argentina. Gracias a él se inspiró la ciudad para crear la compañía del Teatro Colón y la escuela. Tenemos la escuela Vaganova gracias a él, entonces es como traer una joyita que se desenterró de la historia, y también porque cuenta esta historia del Urutaú, que es una leyenda guaraní y que en el fondo, creo que todos somos un poco con sangre guaraní
"Esta obra es patrimonio nacional: en 1917 hubiera sido el primer ballet para Argentina, que nunca se hizo. Poder traerlo y recordar a Vaslav Nijinsky significa muchísimo para la danza en Argentina. Gracias a él se inspiró la ciudad para crear la compañía del Teatro Colón y la escuela. Tenemos la escuela Vaganova gracias a él, entonces es como traer una joyita que se desenterró de la historia", y también porque cuenta esta historia del Urutaú, que es una leyenda guaraní y que en el fondo, creo que todos somos un poco con sangre guaraní".

-¿Qué notás que pudo haber cambiado, en el ámbito de la danza, a medida que pasó el tiempo y de visita en visita al país?

-Me cuesta mucho hablar de eso porque siento que cada vez que vengo es como que me siento como un turista, porque vengo, bailo y me voy. Lo que sí sé es que en Argentina tenemos los mejores talentos. Los que se quedan son increíbles y los que se van no solamente encuentran lugares en compañías increíbles, sino que encuentran el puesto más alto en compañías buenas. Entonces, tenemos muchísimo talento. A mí lo que me gustaría es que Buenos Aires pudiera de alguna forma retener más este talento que se va.

-¿Es una deuda pendiente fomentar y retener el talento?

-Sí. Pero a mi punto de vista, creo que Argentina es una cultura muy consciente en la danza, es muy culta. Creo que ese trabajo lo lograron Julio y Maxi cuando empezaron a tirar muros que dividían a la danza de mucho público, y ese trabajo tuvo fruto. Creo que hoy en día podés hablar de la danza y de ser bailarín muy abiertamente y que es respetable.

-Vos empezaste a adentrarte en el mundo de la danza al verlo a Maxi, ¿no?

-Sí... ¡más o menos! Yo empecé porque vi a mi hermana, y el maestro Wasil Tupin me vio por detrás del vidrio muy entusiasmado y me dijo: "¿No te gustaría empezar danza?". Yo era muy tímido, ni le contesté, me quedé paradito y me dijo: "Bueno, yo voy a dejar este caramelo sobre el escritorio. Si vos lo agarrás, mañana venís a clase". Entonces, yo agarré el caramelito, así que tuve que venir a clase al día siguiente. Pero sí es verdad de que mi mamá después me llevó al teatro a ver a Maximiliano Guerra en Espartaco, y fue un flechazo.

La majestuosidad de "Anima animal".
La majestuosidad de "Anima animal".

-¿Cómo definis a ese flechazo?

-Es como que me vi ahí. Eso fue ver un guerrero en escena, que de pronto la danza se dibujó de otra forma. Para mí bailar era ser un guerrero. Yo tengo una historia bastante fuerte de niño. Cuando pude salir del coma en el que estuve, tuve mucha dificultad de poder volver a ser un niño normal y poder respirar bien. Nací sin un pectoral, me falta todo un músculo en un pecho. Entonces, para mí fue muy difícil recuperarme y sobre todo también cuando entré al Instituto del Teatro Colón, donde me decían que iba a ser bajito, que no tenía el músculo del pectoral y que no podría ser tal vez un buen partener. Entonces, ver a ese guerrero en escena es lo que me dio esa llamita con la que dije: "Yo quiero hacer eso y voy a ser un guerrero toda mi vida".

-¿Qué te llega a vos de la gente, de los bailarines jóvenes, de las nuevas generaciones?

-Mucho respeto, la verdad que me llega mucho respeto. Para mí, la generación de hoy en día la respeto muchísimo porque yo aprendo de ellos ahora. Aprendo de ellos y todas estas cosas que están cambiando me hacen ver un futuro mejor. Realmente mis últimos años de carrera, desde los 40 que yo pensé que me iba a retirar, porque en mi cabeza el 40 ya era un límite y los cumplí durante la pandemia. Yo pensé que ya no volvía al escenario. Al final, fue justo cuando empecé a escribir en ese stop que tuve de la danza, y para mí escribir Anima fue como escribir mi último ballet.

-Pasaron seis años y seguis activo, ¿cómo se sigue?

-No sé si físicamente me quiero retirar. A lo mejor, tal vez haya un cambio en mi carrera a nivel internacional de estar en compañías full-time, que son 9 horas de ensayo diarias. Pero físicamente me siento muy bien y estos últimos 5 años los viví mucho más profundos, pensando que a los 45 se termina, a los 41 se terminaba, y no, a los 42 y a los 43. Pero también le doy gracias un poco a esta generación que abrió esas puertas. Yo le doy gracias a mis parteners, especialmente a mis últimas tres, que de alguna forma me extendieron mi carrera porque sigo con ganas de querer hacer un "Lago de los cisnes" y un "Don Quijote", después de haberlo hecho mil veces.

Hermán Cornejo.
Hermán Cornejo.

-¿Por qué le pones ese peso a la nueva generación?

-Porque esta nueva generación cuestiona mucho todo y realmente eso a mí me abrió la cabeza y digo: "Es verdad, ¿por qué se hace así? Se hizo así siempre. ¿Por qué no se puede hacer de esta forma?". Estos últimos 5 años los he disfrutado desde otro lado también, y me encanta cómo esta nueva generación cuestiona las cosas, quiere hacer las cosas diferentes, y a mí me abrió otra puerta en mi danza.

-En esta especie de cuenta regresiva de la que me hablás, en la que va pasando el tiempo pero vos seguís, ¿te afecta sentir el final de una carrera siendo tan joven?

-Sí. Tengo una ilusión muy grande de poder ser director artístico. Este último año fui el coach de los bailarines del American Ballet, y poder volcar lo que yo aprendí es tan lindo. Este año, todos los bailarines a los que les hice el coaching fueron promovidos a solistas, fueron promovidos a principales, y creo que de alguna forma le da más profundidad a lo que hice. Todo lo que yo pasé, porque no fue todo color de rosa, siento que tiene una parte linda de poder entender al bailarín que está en escena, porque yo lo pasé, y poder darles la oportunidad de que ellos sean su propia versión, pero teniendo a alguien adelante que los entiende.

-¿Cómo es el vínculo con Julio Bocca?

-Divino. Para mí va a ser siempre esa persona que me dio el trampolín más grande que fue el ballet argentino y, obviamente, poder participar de la competición de Moscú. Digamos que fue ese referente y, bueno, obviamente vendrá el espectáculo de Anima y, sí, Julio, cuando alguien te da esa oportunidad, ya está.

-Al nivel en el que estás vos y en el que está Julio, ¿Cómo son las charlas y qué tipo de devoluciones te da?

-El año pasado él vino al American Ballet, y fue mi coach en algunos ballets. Es una seguridad muy grande que alguien de ese calibre te esté mirando porque la corrección que te dé es clavada. Hay mucha confianza y para mí es un honor tenerlo a Julio adelante. Creo que es lo mismo que están sintiendo los niños hoy en día cuando yo les doy las correcciones. Hemos pasado por tanto, tenemos tanta experiencia, que a veces lo que decimos tiene mucho valor, y yo con Julio siento eso. Cada corrección que él me pueda dar es un más para mi carrera, y no solamente para la danza, sino para tu vida personal también.

Cornejo junto a los bailarines del Grupo Cadabra, dirigidos por la coreógrafa Anabela Tuliano: "Para mí tenía que ser que el grupo fuera argentino".

-¿Con qué soñás? Me hablabas recién de ser un formador, pero ¿con qué fantaseás además de eso? -Creo que mi carrera se desarrolló mucho creando obras. Mi sueño es eso, seguir creando. Obviamente yo soy fanático de "El Lago de los cisnes" y de "Don Quijote", y me encanta que se haga todos los años, pero también soy fanático de crear cosas nuevas y no quedarnos en el pasado.

-Hablando de la infancia, ¿qué recordás de tus primeros contactos e intentos con la danza?

-Lo recuerdo como si fuera un juego. Creo que en eso tiene mucho mérito un gran amigo, Dalmiro Astesiano, que bailaba en el Teatro Colón. Con él hicimos el instituto desde chiquitos y fue ese compañero que me hizo ver la danza como un juego, me hacía divertir. Entonces, para mí entrar al instituto no era tomar clases, era ir a jugar con él. Fue un lindo juego y tuvimos un grupo muy bonito. Marianela Núñez era parte de ese grupo. Creo que era tan talentoso ese grupo que entre todos nos empujamos a ser mejores, y para nosotros era un juego.

-¿Y el apoyo de la familia?

-En mi caso tuve el apoyo completo de mi familia. Para mí fue clave también el hecho de que ellos me apoyaran y sentir que era algo seguro lo que yo estaba haciendo. Como te decía de mi hermana, poder viajar con ella, lo mejor: siempre fue mi guía. La verdad que el esfuerzo de los padres es clave para el comienzo.

Fotos: gentileza prensa

Agradecemos a Carolina D'Andrea y Raquel Flotta



 
 

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