El nombre de Ricardo Barreda quedó inevitablemente ligado a uno de los crímenes familiares más estremecedores de la historia policial argentina. Sin embargo, mucho ocurrió desde aquel 15 de noviembre de 1992 hasta su muerte, a los 84 años, en un geriátrico de José C. Paz. Fueron décadas atravesadas por la cárcel, una nueva relación sentimental, problemas de salud, internaciones y, finalmente, una profunda soledad que marcó sus últimos días.
Su historia vuelve a cobrar actualidad este 28 de agosto con el estreno en Prime Video de Barreda, la película dirigida por Daniela Goggi y protagonizada por Luis Machín, Carla Peterson y Mercedes Morán. La producción, a diferencia de muchas reconstrucciones anteriores, busca desplazar el centro de atención del asesino y recuperar la identidad de las cuatro mujeres asesinadas en 1992.
Machín interpreta al odontólogo, mientras que Peterson encarna a Gladys y Morán a Elena. Maite Lanata y Margarita Páez interpretan a sus hijas. Marcelo Subiotto, Paola Barrientos y Alberto Ajaka completan el elenco de la producción de About Entertainment, Infinity Hill y Amazon MGM Studios.

El estreno también vuelve inevitable una pregunta sobre el hombre que pasó décadas preso por aquellos asesinatos: ¿qué fue de Ricardo Barreda después de la cárcel y cómo terminó sus días?
De la condena a sus años en la cárcel
Barreda fue condenado a reclusión perpetua por triple homicidio calificado por el vínculo y homicidio simple, después de asesinar a escopetazos a su esposa, su suegra y sus dos hijas.
Durante el juicio oral, realizado dos años después del crimen, aseguró sentirse "muy abrumado". Con el paso del tiempo también habló sobre lo ocurrido y sostuvo que cargaba con culpa.
“Dicen que no me arrepiento de lo que hice. Eso es mentira. No hay día que no sienta culpa”, llegó a afirmar. En aquella declaración también se refirió a Adriana, su hija menor: “Lo peor es que a Adriana, mi hija menor, no la quise matar. Estaba como loco, giré, disparé y después me di cuenta que era ella”. Y agregó: “Lo siento por mi hija más chica, que fue a la que menos le di y de quien más recibí”.
Gran parte de su condena transcurrió en la Unidad 9 de La Plata. Allí mantuvo buena conducta y comenzó a estudiar Derecho, una decisión que le permitió concurrir a la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad Nacional de La Plata para realizar parciales y finales. Fue también durante esa etapa cuando apareció otra persona que tendría un papel importante en sus años posteriores.

Berta “Pochi” André, la mujer que conoció mientras estaba preso
En prisión conoció a Berta “Pochi” André, quien concurría al penal para visitar a un familiar. Con el tiempo establecieron un vínculo sentimental, se pusieron de novios y finalmente se casaron.
En 2008, después de obtener el beneficio del arresto domiciliario, Barreda abandonó la cárcel y se instaló con ella en un departamento del barrio porteño de Belgrano. La situación, sin embargo, no duró.
Tras ser visto en reiteradas oportunidades caminando por la calle, le revocaron el arresto domiciliario y tuvo que regresar a prisión. La relación con Pochi continuó durante un tiempo, hasta que ella lo denunció por maltratos verbales.

André murió en 2015 como consecuencia de un deterioro neuronal. Para entonces, la vida de Barreda estaba a punto de atravesar otro cambio profundo.
La libertad y el comienzo de una vida sin rumbo
A fines de 2015, Barreda recibió la libertad condicional. Pero afuera de la cárcel lo esperaba una realidad muy distinta a la que había dejado décadas antes.
Su segunda esposa había muerto y no tenía una vivienda propia ni una red cercana de amistades que pudiera recibirlo. Durante un período permaneció en una finca que le prestaron en la zona norte del Gran Buenos Aires.
A mediados de 2016 obtuvo la libertad plena y su pena quedó extinguida. Pero recuperar formalmente la libertad no significó recuperar una vida estable. Por el contrario, comenzó una etapa marcada por los problemas personales y de salud.
Después de pasar por diferentes centros médicos, llegó utilizando un nombre falso al Hospital General Pacheco. Allí recibió tratamiento por un grave cuadro de salud mental y permaneció internado durante más de un año.

Posteriormente fue trasladado al Hospital Eva Perón de San Martín, donde permaneció hasta marzo de 2020. Para entonces, aquel odontólogo que había protagonizado uno de los casos policiales más resonantes del país llevaba años prácticamente apartado de cualquier vida social.
Cómo fueron los últimos días de Ricardo Barreda
La última etapa de su vida transcurrió en un geriátrico de José C. Paz. Allí se profundizó el aislamiento que había caracterizado sus años anteriores. Barreda presentaba síntomas compatibles con la enfermedad de Alzheimer, aunque no había recibido un diagnóstico de esa enfermedad.
En aquel lugar pasó sus últimos días prácticamente solo. Según la información conocida entonces, la única persona que fue a visitarlo fue Pablo Marti, su biógrafo. También fue con él con quien mantuvo una de sus últimas comunicaciones.
En su último llamado telefónico, Barreda le aseguró a Marti que se encontraba bien y le agradeció por todo lo que había hecho por él. Fue una de las últimas noticias que se tuvieron del odontólogo antes de su muerte.
Barreda finalmente murió a los 84 años en el geriátrico de José C. Paz. De acuerdo con lo informado entonces por fuentes policiales, el fallecimiento se produjo por causas naturales. Pero incluso después de morir hubo un último deseo que quedó sin concretarse.
El último deseo de Barreda que nunca se cumplió
Antes de morir, Barreda había manifestado qué quería que sucediera con sus restos: deseaba ser cremado y que sus cenizas fueran esparcidas en la cancha de Estudiantes de La Plata. No ocurrió.
Un empleado de PAMI terminó firmando la documentación correspondiente y sus restos fueron trasladados al cementerio de José C. Paz. El final fue coherente con la extrema soledad que había atravesado durante la última etapa de su vida: nadie asistió a su entierro.

Fotos: Archivo Grupo Atlántida

